El Editorial

¿Nuevo orden mundial?

La idea de un nuevo orden mundial, y como corolario un gobierno mundial, ha sido un tema recurrente desde que se tenga memoria.

Pero no vamos a remontarnos a los ideales del imperio Romano, que fue un primer y extenso esbozo de un gobierno mundial que no terminó de fraguarse por la crisis ética y moral de su dirigencia. Quizás el ejemplo que debemos tener en mente, porque aún existe, es el de los llamados Illuminati, la sociedad secreta fundada en 1776 con el fin de promover la ilustración, y a los que se le atribuye ser los promotores de la revolución francesa, cuyo fin era acabar con las monarquías, con el poder terrenal de la iglesia e imponer el gobierno de la razón.

Las tesis esbozadas en los catorce puntos del Presidente Woodrow Wilson en 1918 son otro ejemplo global importante porque fueron las que dieron lugar a la creación de la Sociedad de las Naciones. También cabe destacar la importancia que tuvieron los llamados Protocolos de Sion en los años 1920 y 1930, y que sirvieron de base para que el nazismo procediera al exterminio de los judíos.

En el tiempo son muchas las ideas que se transformaron en <movimientos conspirativos> a nivel mundial, entre los cuales cabe destacar el comunismo sovietico y el fascismo alemán. Y después de culminada la II Guerra Mundial, los Acuerdos de Bretton Woods, que dieron dieron lugar a varias de las organizaciones planetarias que hoy conocemos.

Después de la caída del muro de Berlín han proliferado diversas versiones de este nuevo orden, la idea de la conspiración Judio-Marxista, the profound revolution de Mary Davidson, el llamado grupo Bilderberger, La Pax Americana, la Comisión Trilateral, Davos, el régimen comunista chino, la revolución molecular disipada del comunismo, Antifa, Soros, etc.

Para muchos este cambio se ha acelerado con el proceso de globalización al que le achacan todos los males particulares de cada nación, y curiosamente las críticas provienen con igual intensidad de la izquierda radical y de la extrema derecha nacionalista.

Creemos que estas conspiraciones, que seguro existen, deben ser tomadas – cum grano salis- ya que muchas de ellas se anulan entre sí. Pero lo que sí es obvio es que cada día se hace más necesario un nivel de gobernanza mundial para enfrentar las presentes y futuras crisis planetarias, ya sean económicas, climáticas, epidemiológicas, sanitarias, de agua, de contaminación, o cualquiera que afecte a la humanidad en su conjunto.

El orden existente, surgido de la paz de Westphalia en 1648, en el que se basa el concepto actual de soberanía de los estados, debe ser revisado y atenuado para el buen funcionamiento de nuestro planeta que cada día está más interconectado.

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