El Editorial

Un país en quiebra moral

Basta leer cualquier página de sucesos, tanto en periódicos nacionales como regionales, y se observará  que los crímenes cometidos son cada día más violentos y muchas veces por motivos baladíes.

Nunca antes, en nuestro país, habíamos visto tan tanta saña, tanto odio y tan poco respeto por la condición humana. Esta situación que nos ubica entre las naciones más peligrosas del planeta debe tener una causa profunda que va más allá de la retórica oficial.

No resulta comprensible cómo un régimen,que predica el llamado socialismo del siglo XXI , tenga en su haber una espiral creciente de asesinatos a todo lo largo de nuestra geografía y un nivel de impunidad alarmante.

Las medidas adoptadas hasta ahora han sido no solo ineficientes, sino contraproductivas. El hacinamiento en las cárceles es la norma, la reincidencia criminal es lo común.

En cualquier país serio los responsables de manejar la política de seguridad del Estado y del sistema penitenciario habrían sido destituidos por incompetentes, pero aquí permanecen incólumnes por el solo hecho de ser figuras de la nomenclatura revolucionaria

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Un comentario

  1. Hay que admitir que vamos caminando al despeñadero y que este año en particular ha estado plagado de muchos problemas. Nadie esta satisfecho con nada ni con nadie, y si se le pregunta a alguien ¿ Qué has hecho por cambiar la presente situación ?, la respuesta invariablemente es la misma: NADA. Es como si una inercia se estuviese apoderando del país y de sus habitantes ante la imposibilidad real de cambiar el curso de los acontecimientos. Y es que no se trata de escudarse en cualquier excusa baladí, es que hay un sentimiento de impotencia generalizada que es realmente preocupante y que afecta tanto al gobierno como al no – gobierno. El gobierno, porque es incapaz de gobernar ; y el ciudadano, porque ve que no cambia nada como no sea a peor.

    Todo se reduce a mantener posiciones irreductibles donde cada quien se refugia en su trinchera e intenta sobrevivir de la mejor manera posible. Y las pocas voces que se levantan o no hacen el ruido necesario o simplemente nadie quiere escucharlas. Lo cierto es que no hay esa cohesión necesaria como para hacer efectivo cualquier buen deseo de cambio. Mientras tanto, las bases morales de la sociedad continúan saltando hechas añicos. Es como si viésemos un gigantesco edificio desmoronandose en cámara lenta donde a sabiendas, nada puede impedir su destrucción. Así esta Venezuela en estos momentos.

    Las organizaciones criminales y el delito van ganando la pelea, pues las prisiones no redimen sino que son universidades en donde se forman los futuros criminales de la mas alta peligrosidad. Ahí se trafica, se planifican actos de sicariato, se compran y venden armas ; en fin, un inframundo con vida propia, leyes no escritas pero que se cumplen a rajatabla y lo mas grave, es que son fiel espejo de una sociedad muy enferma que ya no quiere o no puede afrontar el problema. Y es que el mismo Estado fomenta ese estado de cosas y no hace nada por evitarlo. Y es que suministrándoles coloridos uniformes o simulando obras de teatro no se cambia la realidad. Es un mero disfraz que encubre las mas aviesas intenciones. En el fondo son instituciones que destruyen al individuo y lo transforman en bestias comprometidas con el crimen. Salen, para perfeccionar el arte de matar o robar dentro de la mayor impunidad.

    No hay tal revolución liberadora sino esclavizadora, ya que somete a los ciudadanos a un temor constante y a un miedo permanente al salir de sus casas a sabiendas de que quizá no regrese con vida como no sea en el interín de una Morgue. Tampoco el hogar es ya un sitio seguro ni vale el argumento de la privacidad, pues muchos crimenes se ejecutan dentro de las paredes de las casas. Y es que muchas veces los presuntos enfrentamientos entre policías y ladrones son simulaciones para quitar del medio a alguien que no cumplió con un negocio o simplemente, por tratarse de un encargo. Casi todos los policías asesinados son muy jovenes y casi siempre porque son blancos fáciles para quitarles su arma de reglamento, algo que tiene un gran valor pues son instrumentos de trabajo para el ladrón y el policía. Es por ello que eso de los ´´cuadrantes´´ no cuadra por ningún lado, salvo por la ingenuidad de algunos ciudadanos.

    La mejor prueba del desinterés real del Estado por el problema es el crecimiento exponencial del crimen y la atrocidad de los mismos. Y es que para morirse, un disparo o dos son mas que suficientes ; pero no, a las víctimas se las ejecuta con decenas de disparos hechos a mansalva y, no conformes con eso, ahora descuartizan los cuerpos como si se tratase de ganado en el matadero. Todo hecho con una sangre fría pero con un profesionalismo impecable. Casi que sin odio alguno, pues todo se ejecuta como quien domina un arte u oficio.

    Estamos ante una sociedad muy enferma que hace rato perdió el rumbo. Casi que es el triunfo de los anti valores sobre las creencias y sanas costumbres de un pasado infinitamente mejor que el presente. Y lo mas grave y preocupante, que ahora cuando se le pregunta a una persona sobre que puede o quiere hacer, responde invariablemente : ¡ NADA !.

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