Salud y Bienestar

Capítulo V – Modelos Gráficos de la Relación de Pareja y Familia

En todos los aspectos de la relación
de pareja, está permitido todo lo
que sea libremente consentido,
y convenido, siempre que
1. ninguno de los dos sea dañado y
2.que se respeten, aunque sólo sea en lo
exterior, las formas aceptadas psociedad.

En este capítulo presentaremos, verbal y gráficamente diferentes formas de la relación de pareja y familia.

El lenguaje escrito y los modelos gráficos, son dos formas de información, generalmente complementarios. Cada una de ellas tiene su propia aplicación.

El lenguaje presenta una gran riqueza de matices, que jamás podría representarse con las austeras líneas de un gráfico. Y las graficas ofrecen esquemas precisos, exactos, que brindan, en pocos rasgos, aunque reduccionistas, una visión global del tema.

Decía Alfred Korzybsky que “El mapa no es el territorio.” El lenguaje se presta más a representar el territorio que el gráfico. El gráfico equivale al mapa.

En la gráfica nuestros signos serán los siguientes

El signo + puede tener una o más de las acepciones de mando, autoridad, agresividad o poder.

El signo – puede tener una o más de las acepciones de sumisión, obediencia, resignación, entrega.

El tamaño comparativo de los signos representa su valor cuantitativo.

La letra A representa el amor de pareja.

Posteriormente A (línea 8) puede significar también Armonía y Asertividad

La letra A representará siempre un valor positivo.

La letra B es la inicial de bebé, es decir, los hijos.

Las letras AB, reunidas, representan la familia.

La recta vertical que limita las dos columnas Hombre y Mujer, representa el punto de equilibrio en la relación de poder entre los sexos.

Se muestran nueve formas, cada una con su número y su descripción propia.

Modelo Gráfico de la Relación de Pareja

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1. Es la relación de pareja tradicionalmente aceptada. Rige desde la biología, ha sido extremada en la etapa humana de la civilización ha sido sacralizada por los monoteísmos y legalizada por los códigos legales. Actualmente se encuentra en franca revisión y cuanto más moral y culto es el ambiente, menos se acepta. Es posible que, dado su fundamento biológico, jamás quede totalmente abolida. La mujer dispone, para compensar esta relación de dominio, su función biológica especifica de maternidad, su relación de embarazo, parto, amamantamiento y crianza de los niños.

Aún se podría admitir que esta relación global autoridad -obediencia, sea, más que una división de poder, un ordenamiento operativo donde cada uno de los miembros de la pareja aplique sus capacidades más notables.

2. Inversión de la fórmula anterior. La mujer manda y el hombre obedece. Se ve normalmente en los matrimonios de ancianos, donde la mujer es más sana, más fuerte y más joven que el hombre. El centro de la vida es doméstico. Los hijos se han ido y los intrereses de la pareja principales son la salud, la comida, la ropa, la casa y los nietos. En este mundo reina la mujer mientras que su marido, más viejo más débil y más enfermo se dedica a las pequeñas reparaciones dentro de la casa y a hacer ciertas compras. Mujeres de buena memoria aprovechan esta nueva distribución del poder para vengarse de las humillaciones de que pudieran haber padecido durante la juventud; las infidelidades y los abusos de poder del marido.

Esta etapa llega a su cumbre cuando el marido se muere, restándole a su esposa una década de viudez durante la cual puede amarse a sí misma con toda plenitud y quizá repita, sea en palabras o conductas un sereno

“Al fin sola.”

En un pequeño número de casos se da desde el comienzo la relación Mujer +, Hombre -. Son estructuras psicológicas complementarias que pueden funcionar siempre que haya mutuo, que puede ser explícito o tácito.

3. Extremización de la relación biológica agresión sumisión. El hombre se torna más dominante y la mujer más sumisa. Ella no tiene mayor actividad fuera de la casa. Se refugia en la relación con su madre, hermanas y otras mujeres de la familia en un lamentario permanente. Acepta las infidelidades de su esposo con la fórmula

“Yo soy la catedral y las demás son las capillitas”.

“Mi casa es la casa grande y las demás son las casas chicas.”

En lenguaje folklórico hemos denominado a esta relación machista-hembrista, donde la mujer complementa con su sumisión el rol agresivo del varón.

4. La fórmula anterior se puede atemperar en la presente, en la que se establece una división de roles a través de una importante autonomía. Gracias a ella, cada uno de los dos puede desarrollar su propia personalidad y vocaciones. El exceso de este modelo transforma la relación de pareja en una sociedad cooperativa, donde se llenan de común acuerdo las necesidades materiales. Pueden llegar a haber pocos lazos íntimos y un día se separan sin entender como pudieron haber vivido tanto tiempo juntos. Se podría definir este fin como un divorcio natural.

Y dada que la variedad de los rasgos humanos es tan grande, es posible que muchos individuos, naturalmente poco afectivos, o intensamente ocupados en sus vocaciones individuales puedan realizar, gracias a esta extrema división de roles, un estilo de vida que a ambos les resulte gratificante.

En la literatura clásica francesa de los siglos XVIII y XIX, donde lo importante eran la posición social, los intereses económicos y las tradiciones familiares, cada uno de los dos miembros de la pareja tenía su correspondiente amante, mientras la figuración social de la familia continuaba vigente en su plena dignidad.

5. La fórmula se basa en la número 1, con la cual tiene grandes parecidos. Pero se introduce en ella un factor sutil de equilibrio. Para suavizar los extremos del mando y la obediencia, se agregan conductas sutiles, que no se perciben a simple vista, pero son adivinables a través de la lógica o por una larga experiencia. Para disminuir las distancias entre hombre y la mujer, esta comienza manipulando discretamente y a veces el varón que no suele ser tan fuerte como aparece, también manipula pero en contra suya. En esta fórmula se concilian las fuerzas de la biología, de l a civilización y de los extremismos monoteístas, con los del amor, el diálogo y las estrategias sutiles. Para encontrar un ejemplo, exagerado pero significativo, de este acuerdo, recomendamos nuevamente “El Varón Domado” de Ester Vilar.

6. A veces las fórmulas 1 y 3 se trastornan en su equilibrio. Sea por las experiencias de la vida (ingreso de la mujer a la Universidad) o por la aparición de un nuevo amor en la vida de uno de ellos, o por demasiado abuso de poder por parte del marido, la mujer se rebela. Aparecen los problemas y los conflictos. Son, con mucho, los casos más frecuentes en los cuales se recurre al consejo de pareja.

Suele ser la mujer la que toma la iniciativa. Muchas veces consulta por un cuadro neurótico de tipo ansioso o depresivo. La consulta puede ser desencadenada por una gota de agua. Problemas sexuales, aparición notoria de alguna querida, ingestión de alcohol, una bofetada a destiempo, o cualquier otra circunstancia que quiebre el curso normal de la existencia.

Otras veces, cuando la mujer no aguanta más, toma a sus hijos y se va a la casa de su madre, es el varón el que viene a la consulta. Está desesperado, aparece con una lucidez desmesurada para todos los errores cometidos, promete y jura enmendarse y someterse a todos los tratamientos que el médico le proponga. Cuando es un alcohólico esto es siempre falso. Cuando no lo es, una recuperación es posible, siempre que el médico y la esposa sepan aprovechar su debilidad circunstancial, no hagan concesiones demasiado pronto y se inicie una concientización profunda de la vida de la pareja.

Para el médico son casos de manejo difícil, porque el varón pone toda su fuerza – a veces su violencia – en lograr que la situación vuelva a su forma anterior. Y dirige todos sus recursos manipulativos, los que antes empleaba frente a su mujer, hacia la persona del médico.

7. Esta línea representa una situación idílica, pero de poca duración. Lo denominaríamos gráfico de la luna de miel. La relación mando obediencia ( + -) queda reducida al mínimo. Lo que más une a los cónyuges es la relación de amor. Todo se vive en una perfecta armonía. Dura días, semanas, meses, a veces años. Corresponde a una de las definiciones del amor platónico. . Esta es una fórmula para la etapa de la vida estable de pareja, pasado lo que Stendahl designara como “amor-pasión.

8. En una relación de pareja armoniosa, feliz y estable, los signos del poder (+ -) disminuyen en intensidad, y la relación de amor, o de armonía, o de asertividad y diálogo se encuentran en el centro de todo. Es lo que ocurre en las familias, sin duda numerosas, que jamás tendrán porque consultar a los consejeros, que no tienen historias, que han presentado en el curso de su vida algún conflicto que sirve, por contraste, para destacar su felicidad.

Eran mucho más frecuentes algunas generaciones atrás, cuando la familia, la Iglesia y el Estado ofrecían un marcho de consolidación de la relación, aunque a veces se tornaran opresivos.

9. Finalmente, presentaremos la fórmula que podría considerarse ideal.

El núcleo de todo es la relación de amor A con la participación de los hijos B. Están rodeados por una corona de roles de mando y obediencia, menos significativos que las relaciones de afecto. Cada uno de los miembros de la pareja, y posteriormente los hijos, tendrán su propia fórmula de poder sobre sí mismos, que incluirán sus mandos y obediencias internos.

Estos son los gráficos que nos parecen útiles para considerar la relación la pareja todo a lo largo de la vida del ser humano, a partir de la adolescencia. Cada uno de los gráficos cubre sólo una etapa. Por eso, si queremos presentarlas en el tiempo, como la forma peculiar de la relación en cada individuo y en cada pareja, tenemos que ordenarlas en secuencias.

El gráfico de la relación de pareja en el tiempo.

Secuencia I. Ideal Contiene los gráficos 1,( 2 ó 4), 5 y 7 y finalmente 9.

La fórmula 1 es la universal, consagrada por la biología, la civilización, las Iglesias y el Estado y la propia individualidad y la asertividad personal. La biología siempre será la base, aunque las demás instancias de la evolución del ser humano tiendan a modificarlas.

Como dijera Aguñin, en la historia de la humanidad, el hombre
se ha sometido a la naturaleza
la ha modificado
la ha violado
la ha re-creado.

Hace un par de décadas se hizo una estadística científica para estudiar los distintos roles en la relación de pareja, a pártir de la pubertad y la adolescencia. . Se observó que tenían más éxito las muchachas dulces, amables, aparentemente sumisas, tiernas y quizá un poco pasivas.

Esta era la norma en las escuelas mixtas, a las que concurrían ambos sexos.

Después se estudiaron los rasgos psicológicos de aquellas que se educaban en colegios exclusivos para niñas.

Se comprobó que, antes de la pubertad niñas y varones eran bastante iguales en sus rasgos y su competitividad. Pero que, llegada a estas, las niñas se “romantizaban y entontecían” lo cual les brindada mayores posibilidades de éxito en sus relaciones amorosas.

La fórmula 1, puede ser sustituirá por la fórmula 2 pues siempre existirá una minoría de varones débiles y mujeres fuertes que, sobre la base de sus propios rasgos y acuerdos mutuos puedan constituir una pareja armoniosa.

Y también puede sustituirse y comenzar la secuencia por la 4, a través de una división de roles expresamente establecida, en aquellas parejas en las cuales lo racional predomina sobre lo emocional. Debe suceder así en los matrimonios de universitarios, en los cuales ambos ejercen su profesión contribuyendo a la formación de un hogar interesante, activo, y frecuentemente gozando de todas las formas de confort, aunque con poco calor afectivo. Son los hijos los que terminan quejándose de esta situaciónñ «en casa no nos faltaba nada más que el amor y la atención de nuestros padres.»

La fórmula 6 traduce la excelencia del comienzo de la relación de pareja. Es la etapa luna de miel.

Y cuando el amor se desgasta, y deja de ser el centro de la vida, la A de amor tiene que ser complementada con la A de armonía y la A de asertividad

La secuencia negativa o del conflicto en la relación de pareja comienza también por las etapas 1 ó 2, en la misma proporción numérica de ambos. Presentamos en este libro un solo caso de comienzo por la fórmula 2. Todos los demás se basan en la fórmula 1.

Pero, en lugar de equilibrarse a través de la división de roles (4), o la aparición de roles sutiles amortiguadores (5), o la influencia del Amor o la Asertividad (8), los roles de poder se extreman. La próxima etapa es entonces la 3, hasta que el más débil, en la mayoría de los casos la mujer, se rebela, y se produce la ruptura de la pareja o la mediación del consejero.

La función de éste es la etapa (8) potenciando el Amor, desarrollando la Armonía y la Asertividad, y disminuyendo las relaciones de mando y obediencia al mínimo necesario para la operatividad de la pareja.

En estos casos a la etapa (9) o la relación integrada de familia no se llega, porque el conflicto impide que los hijos colaboren en la relación deseable, y se ignoran como seres humanos, tanto que a veces también se problematizan y se malversan lo que podrían ser sus aportes útiles a la conservación de la familia y la felicidad de todos. . Los hijos son también, en estos casos, víctimas del conflicto. Son los hijos de padres divorciados, que llevan su triste aporte de problemas psicológico a las parejas que les toque formar.

El libro Círculo de Familia, de André Maurois es un ejemplo literario de esta situación.

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