Salud y Bienestar

Ocúpate de vivir, que de la enfermedad ya se ocupará el médico

Hombres y mujeres, jóvenes y viejos. El cáncer no entiende de edades ni de clases sociales, tampoco respeta fronteras ni momentos vitales. La mayoría de los pacientes comparte el temor a las recaídas como una de sus principales preocupaciones, aunque insisten en que no conviene hacer de este miedo un compañero de viaje constante. Varios afectados, en distintos momentos de la enfermedad, comparten con ELMUNDO.es sus sensaciones en el Día Mundial del Cáncer que se conmemora en todo el mundo el 4 de febrero.

Xavier Corberó, el escultor que diseñó las medallas de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, es un viejo veterano en estas lides. Le detectaron un cáncer de pulmón en el año 1979, casi por casualidad. Se encontraba en Dallas (EEUU) con su hija preparando una exposición y fue ella quien insistió en que visitase a un médico por un dolor persistente en la rodilla. Una radiografía, un hallazgo sospechoso y una larga cirugía para extirparle el pulmón derecho le salvaron la vida.

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Cuando escuchó la palabra cáncer sabía que «las estadísticas pintaban mal», así que sufrió lo que él mismo describe como «un ataque de cuernos raro». Pasado el choque inicial (una emoción que comparten todos los que viven este trance), decidió coger el toro por los mismos y afrontar la enfermedad de cara. Es consciente de la suerte que tuvo gracias a un diagnóstico tan rápido, pero ha logrado no obsesionarse con la enfermedad durante todo este tiempo.

«El temor a la recaída es un miedo natural permanente en el paciente», reconoce por su parte Nieves Perea, de la Asociación Saray de mujeres con cáncer de mama de Pamplona. Sin embargo, insiste, «no se debe vivir con miedo porque genera ansiedad». «Al principio estás muy pendiente y cualquier pequeña cosa te da miedo», relata por su parte el escultor. Después, pensó, «ocúpate de vivir, que el médico ya se ocupará de la enfermedad». Al cabo de cinco años de la operación, sólo sus dificultades para respirar le recordaban de vez en cuando el trance. Hoy, bromea, a sus 74 años, no está mucho peor que los amigos de su edad.

Pros y contras

En la balanza de los aspectos positivos que han ido a mejor en los últimos años, Montse Domenech, presidenta del Grupo Ágata en Barcelona (integrado en la Federación de Mujeres con Cáncer de Mama, FECMA), sitúa las campañas de detección precoz para tumores como el de mama, la creación de unidades específicas en los hospitales y una información cada vez mejor a los pacientes. En los ‘debe’, insiste en que se refuerce el seguimiento a los afectados en los centros de Atención Primaria, que se mejore el apoyo psicológico y que las comunidades autónomas «pongan más de su parte para obligar a las empresas a ser más flexibles con las personas que han superado un cáncer».

En el caso de Mari Carmen Prieto, una abogada sevillana, el cáncer aparece por triplicado en su historial médico: Primero fue en el tiroides, después en la mama y ahora mismo recibe de nuevo tratamiento por un sarcoma que ha dado la cara en el pulmón. Ella sabe bien lo que es convivir con la enfermedad desde el año 1995 y los cambios sociales que se han producido alrededor de este mal en todo este tiempo.

«Atrás quedó el secretismo de pasado, el ‘que no se enteren'», explica unos días antes de recibir un nuevo ciclo de ‘quimio’ en el Hospital de El Tomillar (en Sevilla), para cuyos profesionales no tiene más que palabras de agradecimiento. Como coincide con ella Toñy Gimón, presidenta de FECMA y uno de los rostros más reivindicativos del cáncer de mama en España, el hecho de que algunos rostros famosos hayan hecho pública su enfermedad ha sido de gran ayuda; aunque con cautelas. «Ha beneficiado porque se rompe con el miedo. No queremos ser invisibles, pero el cáncer no es glamuroso y no queremos que se frivolice con esta enfermedad».

Gimón también reconoce que, en general, los seguimientos y las consultas periódicas no terminan. Pero lo importante, como insiste Mari Carmen, es llevarlo con optimismo y participar activamente de las decisiones de tratamiento. Ella, que ha participado ya en algún ensayo clínico («para que experimenten conmigo») y tiene en Internet a un fiel aliado al que acude con frecuencia, insiste en que, pese a todo, es «una privilegiada» porque ha podido disfrutar de avances médicos «casi por meses». Así que mientras se coloca coqueta la peluca se atreve a aconsejar a otros pacientes que no magnifiquen lo negativo, «lo fundamental es la actitud».

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