Cultura

Las 10 mujeres más infieles de la literatura

Si bien la literatura está llena de mujeres virtuosas que protagonizan la ficción, no es menos cierto que en buena parte de los bestsellers siempre aparecen unos cuantos personajes  femeninos, que han alcanzado la inmortalidad por el hecho de ser infieles.

Este tema, que puede ser escabroso, fue tomado por el periodista italiano Lorenzo Barbarossa, quien escribe crítica literaria para la revista italiana Panorama, que publica semanalmente la editorial Mondadori.

Barbarossa se toma el trabajo de elaborar el “Top Ten” de “las mujeres más infieles de la historia de literatura”, o en su defecto, “los 10 maridos más cornudos en los libros”.

Advierte el crítico, que la historia de la literatura está llena de mujeres infieles. Que si bien la lista sería muy larga, él escogió las que considera más famosas.

En estricto orden, Barbarossa explica la infidelidad de cada personaje.

 

Anna Karenina de León Tolstoi

Todo es culpa del encuentro en la estación de trenes entre Ana Karenina, mujer casada, y el bello Vronskij, que le presta atenciones más bien insistentes. Con el tiempo, Ana se caerá por la fascinación del tentador, en detrimento de un marido muy distraído por el trabajo como funcionario del gobierno. Pero el adulterio con el ferroviario traerá buena suerte a la protagonista de este imperdible superclásico de la narrativa occidental.

 

Madame Bovary de Gustave Flaubert

Una celebre infiel es la protagonista de otra novela cardinal de la literatura europea del Siglo XIX. Emma se casa con el ingenuo e insípido Charles Bovary. El cual, a cambio de la devoción, recibe de su mujer mentiras y una notable secuela de infidelidad con otros hombres.  Él, el cornudo, se dará cuenta verdaderamente muy tarde.

 

Kitty, de El velo pintado de William Somerset Maugham

Es la historia de una pareja británica de la alta sociedad, transferida por trabajo a las colonias orientales. Ella, de aspecto agradable, traiciona con un bello hombre, a la vez casado. Kitty confiesa todo a su marido, convencida que el amante se divorciará como ella y que la seguirá en la fuga. Pero se equivoca. Y esto es el inicio de una de los mejores novelas de la narrativa inglesa del Siglo XX.

 

Ginevra, de la novela de la Mesa Redonda 

El adulterio mítico, narrado en tantos libros, de la saga medieval del ciclo bretón y luego retomado en decenas de obras literarias desde el Siglo XII (Chrétien de Troyes) hasta las novelas de hoy en día. Ginevra es la procaz esposa del Rey Arturo, al cual le monta los cachos con Lancelot, el caballero más valiente de la Mesa Redonda.

 

Francesca de Rimini (Dante, Infierno, canto V) 

La adúltera más notable de la literatura italiana es Francesca da Rimini, retratada por el Dante Alighieri en el quinto canto del Infierno, ese que todos recordamos, por suerte, porque nos lo hacen leer en la escuela. Francesca es la amante de Paolo, que vienen sorprendidos en flagrancia por el marido de ella, no solo porque es hermano de él, y por lo tanto los asesina: terminarán en el círculo de las degradaciones, unidos para siempre.

 

Margarita (El Maestro y Margarita, de Mikhail Bulgakov)

Margarita, esposa infeliz, traiciona a su marido insignificante con el Maestro. Y para más, sale de su casa completamente desnuda, vuela sobre los techos de la ciudad, se abandona a la locura de una fiesta satánica de cual es reina, junto a gatos parlantes, diablos y diablas.

 

Elena (Homero, Ilíada) 

La adúltera por antonomasia. Pero en la Ilíada de Homero, Elena es una mujer triste, víctima de su propia belleza excesiva y del hechizo de la idea del amor que Afrodita le ha sobrepuesto. No ha sido Elena quien quiso traicionas a su marido Menealo con Paride, que la desprecia. En el canto VI, Elena trata a Paride de cobarde, y eventualmente parece preferirla el cuñado Héctor.

 

Hester ( La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne)

Aunque en este caso, la mujer infiel no tiene un final feliz: aquí la encontramos positivamente en el patíbulo, condenada a muerte por adulterio en la América puritana de la época. La letra del título es la A de adúltera: Hester debe llevarla cosida sobre el vestido, de manera de avergonzarse de frente a la comunidad, cada vez que saca la nariz fuera de la casa. Pero el libro de Hawthorne es en realidad una denuncia contra la respetabilidad de sus contemporáneos. Es una novela exitosa desde la primera edición, hoy en día referencia de la narrativa estadounidense junto con Moby Dick del amigo colega Melville.

 

Doña Florípides Guimarães (Doña Flor y sus dos maridos, de Jorge Amado)

La literatura de la traición sabe también ser alegre, sin abandonar la calidad de la escritura: la Doña Flor de Amado cornifica al segundo marido con el marido precedente. Y este último, Vadiño, no obstante un amante fogoso: resulta incluso muerto. Las relaciones extra conyugales, en la narrativa de Amado, son de todos modos frecuentes: de Teresa Batista, esplendida mulata casada con un rico latifundista pero por él encontrada con un joven, hasta Gabriela Garofano y Canela, encontrada en la cama con el mejor amigo del marido.

 

Connie Chatterley (en El amante de Lady Chatterley de D.H Lawrence)

La mujer más infiel del Siglo XX literario pudiera ser Lady Chatterley: después de una juventud sobretodo libertina, se casa con el aristocrático Clifford Chatterley, que será incluso rico y noble, pero que tempranamente se revelará poco inclinado a satisfacer los deberes conyugales. Por lo tanto la Lady lo considera un cretino,  y lo cornifica repetidamente con un guardia estatal, con quien entrelaza una relación basada sobretodo en la atracción física.

 

En todo caso, Lorenzo Barbarossa advierte de “no regalar a sus esposas estos libros”, pues “pueden inspirarse en las protagonistas”.

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2 comentarios

  1. ¡ No importa , aunque ´´mal paguen´´ !. A nuestra edad, entre mas maduras, mas confiables. Y sino, da igual. Siempre serán nuestras compañeras indispensables, y sin ellas, la vida pierde mucho de su sentido…

  2. Está claro que Elena es la esposa, Menealo su marido, pero no se define bien con quién, entre Paride y Héctor, es que Elena lo menea. En el caso de Gabriela Garofano y Canela, encontrada en la cama con el mejor amigo del marido, se sobreentiende que el mejor amigo es el propietario del CLAVO del título del libro.

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