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Donald Trump, la radiografía del magnate que dirigirá EE.UU.

¿De dónde viene Donald Trump? La pregunta es legítima a la hora de hacer un perfil del ganador de las elecciones presidenciales de EE.UU, ya que se trata de alguien que no posee una trayectoria política por la cual ser reconocido.

Quizás las primeras imágenes -por lo reciente- que vengan a nuestra memoria, lo ubiquen “despidiendo” gente en el programa «The Apprentice» («El aprendiz»), el popular reality show que lo lanzó al estrellato televisivo y donde personas competían por un cargo de alto nivel dentro de la organización Trump.

O quizás vengan a la mente titulares de prensa en donde se mencionaba su nombre vinculándolo a importantes transacciones empresariales -sobre todo de bienes raíces- que solían involucrar muchos ceros y en donde nunca faltaba el dorado y la opulencia.

También es posible que lo hayamos visto junto a cualquiera de las hermosas mujeres que han sido sus esposas o cualquiera de las reinas de bellezas de los concursos que eran parte de su portafolio.

…o quizás un poco de cada una de las opciones anteriores. Lo único seguro es que Donald Trump será un personaje que dará mucho que hablar de aquí en adelante.

Conozcamos un poco más al que es hoy el nuevo presidente electo de los Estados Unidos.

Sus orígenes

Donald John Trump nació el 14 de junio de 1946 en Queens, Nueva York. Su madre, Mary MacLeod, nació en Escocia y a los 18 años se mudó a Estados Unidos. Su padre, Fred Trump, fue un hijo de inmigrantes alemanes, dedicado al negocio inmobiliario.

Su padre es descrito a menudo como un trabajador incansable, alguien espabilado y hasta oportunista. Su madre era una extrovertida ama de casa que se entretenía haciendo labores de caridad.

Donald, el cuarto de los cinco hijos de la pareja, heredó de su padre el hambre por los negocios y de su madre la soltura social y afán de protagonismo. Fue el que más conectó con su papá y el que acabó siguiendo sus pasos.

El joven Trump y sus hermanos estudiaban en escuelas privadas y tenían acceso a lujos, aunque la familia no era ostentosa ni refinada en sus gustos. En la escuela, Donald fue un niño problemático y desafiante. Incluso una vez le pegó a una profesora porque consideró que ella no sabía de música. En casa, su conducta no era mejor: continuamente desafiaba a su padre.

A los 13 años, y quizás temiendo que la cosa empeorara con la adolescencia, el padre de Trump lo inscribió en una academia militar. Al parecer acertó pues ahí, en medio de la cultura de disciplina y firmeza, el joven transformó la rebeldía en “competencia”.

El adolescente Trump “quería ser el primero en todo” y creía que “era el mejor”, contó uno de sus mentores en la academia a The New Yor Times. El mismo magnate ha dicho que fue allí en donde entendió que “la vida se basa en la supervivencia” y empezó su obsesión por la fama.

En 1968, el futuro magnate se graduó en Ciencias Económicas en la Escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, y se convirtió en el favorito para suceder a su padre al frente de la empresa familiar, dedicada a edificios de alquiler de clase media en los barrios neoyorquinos de Brooklyn, Queens y Staten Island.

El imperio Trump

Trump asumió finalmente las riendas de la compañía 1971 y se mudó a la glamurosa Manhattan a la caza de una fama que llegó a base de proyectos pomposos, autobombo, verdades a medias y una relación borrascosa con la prensa.

El osado empresario empezó, pues, a cimentar su fama con deslumbrantes obras en Manhattan, como la Torre Trump, un lujoso rascacielos de 58 pisos con una cascada interior en plena Quinta Avenida desde el que, por cierto, lanzó su campaña presidencial.

En su libro “El arte de la negociación» -un bestseller imprescindible para entender al personaje-, Trump es presentado como un «maestro del trato» que piensa «a lo grande».

«Juego con las fantasías de la gente», escribe el magnate, quien aboga -como se puede comprobar tanto en los negocios como en la política- por la «hipérbole» como «una forma inocente de exageración y una forma muy efectiva de promoción».

El magnate ha levantado un imperio que incluye hoteles, campos de golf y casinos, un negocio este último que ha incurrido en cuatro bancarrotas pese al «éxito» del que alardea Trump.

Según la revista Forbes, el empresario posee una fortuna de 4.500 millones de dólares, pero Trump insiste en que la cifra asciende a 10.000 millones de dólares.

La familia

Trump ha pasado por el altar en tres ocasiones: la primera vez con la modelo checa Ivana Zilnickova, la segunda con la actriz americana Marla Maples, y la tercera con la modelo Melania Knauss. Su vida sentimental ha sido muy mediática, tal como se puede leer en esta nota ampliada: Tres matrimonios y dos divorcios: Estas son las mujeres de Donald Trump

Tiene tres hijos con su primera esposa, Ivana Trump: Donald Jr. de 38 años, Ivanka de 34 y Eric de 32.

Otra hija, Tiffany, de 22 años, es producto del segundo matrimonio con Marla Maples. Finalmente está Barron, de 10, a quien tuvo con su actual esposa, Melania.

Trump tiene ocho nietos: cinco de su hijo Donald Jr. (Kai Madison, Donald John III, Tristán Milos, Spencer Frederick y Chloe Sophia) y tres de su hija Ivanka (Arabella Rose, Joseph Frederick y Theodore James).

El aprendiz de la política

Trump puede presumir de casi todo, menos de una cosa: experiencia previa en un cargo político. De hecho, en varias ocasiones desestimó esa labor.

«Yo no soy un político. Los políticos hablan y no actúan. Yo soy lo contrario», subrayó Trump hace casi un año, tras postularse el 16 de junio de 2015 a la Casa Blanca con un controvertido discurso en el que llamó «violadores» a los inmigrantes mexicanos.

El pasado abril, el impulsivo multimillonario reconoció que solo ha «sido un político durante un tiempo muy corto«, y está en proceso de «aprendizaje».

«Lo que realmente he sido es un empresario exitoso durante mucho tiempo», matizó Trump, conocido por su autoestima sin límites.

Tanto es así, que en 1995 publicó en The New York Times un artículo titulado, sin empacho alguno, «Lo que mi ego quiere, mi ego lo consigue», filosofía que ha impulsado su meteórico e inesperado ascenso a la nominación presidencial del Partido Republicano.

Durante la campaña electoral, Trump afrontó un desafío «a lo grande», como a él gusta: equilibrar su ego con un mensaje que convenciera al electorado para darle las llaves de la Casa Blanca.

Al final, el magnate ha superado con éxito la prueba, porque el votante, a diferencia de su personaje en «El aprendiz», le ha respaldado en las urnas con un clamoroso «¡Estás contratado!».

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