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Érase una vez un barco puede ser vista en los cines nacionales

Érase una vez barco, es un homenaje a Venezuela. Es verdad que la película de Alfredo J. Anzola, rinde tributo a ese extraño, singular, asombroso conjunto de los: Carpinteros de Ribera; pero a través de ellos aparecen, surgen los habitantes de este país, con todas sus cualidades, esfuerzo, tradiciones, costumbres. La cinta tiene escenarios marítimos, especialmente la Isla de Margarita, pero sus protagonistas, gente común, igual se encuentran en el Llano que en el Páramo que en las profundidades selváticas. Quizás el mayor mérito de Anzola es este: “Érase una vez un barco” sea ése, retrata todo lo bueno del venezolano, en torno a algo tan aparentemente simple como la construcción de una embarcación.

Aparente; ya que confeccionarla, desde saca los árboles en el bosque hasta su botadura al mar, es todo un evento. Y eso lo hacen estos hombres sin mayores conocimientos académicos, sin planos, sin computadoras. Amparados en la sabiduría adquirida durante siglos; deslizada de padres a hijos, de adultos a niños. Incluso de recién llegados que, embebidos, trastornados por lo que ven, se asientan, convierten sus vidas en: “Carpinteros de Ribera”. Confeccionan esas barcas que, encima, son bellas. Con unas proas elegantes, estilizadas, que recuerdan las de los Vikingos, Fenicios. Por si faltara, en la cinta de Anzola conocemos una serie de herramientas extrañas, propias de ese trabajo. En el que también participó Emilio Lovera. Como una especie de asesor, en una actuación particular, única. Que se le agradece, de todo corazón.

Tuve la suerte de ver: Érase una vez un barco, en El Hatillo y con mi hija Claudia que siempre, con su presencia, le da algo extra a estas salidas. Digo la fortuna ya que la producción de Anzola hay que degustarla. Como ese cognac añoso que se masajea en la copa calentada en la palma de la mano. Se celebraba el III Hatillarte y pudimos apreciar la exposición de Zapata, performances, diversos grupos musicales. Y pensaba, si la alcaldesa Mirian Do Nascimento, realizaba todo eso, debiera gestionar que los alumnos de bachillerato, de los colegios de su comunidad, fueran, en una especie de visita guiada, a ver “Érase una vez un barco”. Aprenderían de Venezuela, sus hábitos, riquezas, más que de cualquier otra manera. Ojalá lo haga. Mientras, vaya a ver Érase una vez un barco.

 

 

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