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Jesús Carneiro, la fotografía y el fantasma

(%=Image(8687101,»L»)%) Los mecanismos que llevan a una persona a decidirse por la pintura, la escritura o la fotografía nunca son nítidos del todo. Por ejemplo, en mi caso personal decidí esto de la escritura gracias a un señor cuya especialidad era la física y que ofreció una charla en mi liceo cuando estaba a punto de concluir el bachillerato. Este físico habló de todo eso que lo indujo a convertirse en científico. Contó que escribía libros con títulos extravagantes, libros que leían tanto sus otros colegas como la gente ordinaria. Escribía para desechar toda esa jerga científica, para darle un sentido humano a ese mundo extraordinario de números y formulas. Eso para mí fue una revelación, pero entonces yo no me di cuenta en el momento. Con el tiempo me descubrí escribiendo y los títulos de algunos de mis libros tratan de ser inusuales.

El fotógrafo Guayanés Jesús Carneiro, cuenta que a su abuelo lo apodaban socarronamente el fantasma. Tenía fama de mujeriego. Era una amenaza para las mujeres casadas y vivía visitando hogares ajenos de la localidad donde residía. Lo extraño era que se las ingeniaba para no ser visto por los vecinos, ni por los maridos celosos, los cuales hacían de todo para atraparlo y darle su merecido. Jesús narra que un día su abuelo salía de la casa de su amante del momento cuando el marido por fin pudo verlo. El marido, como andaba armado con una escopeta, por fin vio la oportunidad de lavar su honor lleno de cuernos. Cuando ya lo tuvo a tiro, y con una distancia perfecta, accionó el gatillo. El estruendo resonó en la noche, no obstante el fantasma no estaba por ningún lado. A la mañana siguiente el pobre marido buscó al fantasma, estaba seguro que por los menos estaba herido. Lo revisó de pies a cabeza, pero el fantasma no presentaba ni un rasguño.

Atrapar las formas, los objetos, los cuerpos y el paisaje es un poco quitarle su condición efímera, sus características etéreas. Quizá la historia de su abuelo decidió a Jesús Carneiro por la fotografía. Para él la fotografía cumple el rol de documento y el de una estética estrechamente ligada al individuo.

El trabajo fotográfico inicial de Carneiro, fotos en blanco y negro de mediana formato, trataban de presentar el mundo desde una óptica normal. Un paisaje, un desnudo eran captados sin subrayados estéticos ni estridencias plásticas. Naturalidad y sobriedad era el sello de un trabajo fotográfico que todavía buscaba su tono, su estilo.

(%=Image(3981244,»R»)%) En su trabajo posterior la fotografía busca presentar lo social, cultural y político desde lo sencillo. Esta vez el color se hace presente, con sus contrastes y su fuerza. Su serie de fotos sobre el carnaval del callao, trabajo fotográfico realizado en diferentes años a partir de los 90, explora el lado descarnado, luminoso y festivo de una fiesta tradicional realizada cada año en el pueblo minero de El Callao, en el Estado Bolívar.

La fiesta mezcla e integra a los personajes más disimiles. La máscara en vez de ocultar la identidad se convierte en un objeto artístico, en un elemento que deja al descubierto la pasión por el arte. Lo estético constituye la columna vertebral de este carnaval. No posee esa pomposidad ni esa fastuosidad del carnaval brasileño, pero centra su atractivo en iconos ancestrales como las Madamas, con sus turbantes rebosantes de colores y sus trajes de una elegancia majestuosa, los Medio Pinto y las máscaras de diablos que adquieren dimensiones monumentales. Carneiro intenta descubrir los entretelones de la fiesta, sus personajes más destacados; va al encuentro de la confección de las máscaras, de las señoras que personifican a las Madamas y de todos esos personajes que hacen posible el carnaval (músicos, juglares, poetas, bohemios, artesanos etc.) Sólo trata de fotografiar la metáfora de la vida cuando explota la fiesta donde no existen traumas ni prejuicios de ninguna naturaleza.

Otra faceta importante en el trabajo de Carneiro es el desnudo. Sensualidad, paisaje, erotismo y estética se conjugan para ofrecer el desnudo femenino desde la óptica del mirón. Carneiro no trabaja el desnudo con accesorios de estudio, no trabaja su periferia con tules ni flores y mucho menos con luces especiales. No, él más bien va a la playa de la piel desnuda sin otro instrumento que su ojo mecánico descubriendo la belleza del cuerpo femenino sin tanta patraña erótica o pornográfica. El sexo es tan vital para el ojo como el horizonte y Carneiro no escamotea la desnudez en aras de la estética, sabe a conciencia que la belleza no está en cuerpo tendido en una piedra o interviniendo el paisaje, sino en la mirada del espectador que según sus instintos más íntimos reacomodará el desnudo a su gusto.

En la actualidad Jesús Carneiro prepara una exposición sobre el mundo bohemio del Jazz y a la par imparte talleres de fotografía en escuelas y universidades. Enseña a tomar fotos desde una rudimentaria cámara confeccionada con pega y cartón.

La historia singular de su abuelo ronda su trabajo. Muchas veces el fotógrafo debe ser una presencia difusa que se encuentra en el momento exacto para hacer la foto y convertir el mundo en un hecho inesperado e irrepetible.

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