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La causa de la muerte del libertador

En nuestra pasada columna(“¿El Libertador fue asesinado en San Pedro Alejandrino?” 64.207.147.4: Caracas: Agosto 16,2011) tratamos toda la problemática que plantea, vista dentro de los ojos del analista histórico, el último año de la vida de Simón Bolívar(1783-1830) como los por qué de su deceso. Tratamos hoy la insólita reapertura por parte del gobierno de una controversia resuelta hace más de una centuria. Esta forma parte de aquello que hemos denominado “las falacias históricas del chavismo”.

Se ha vuelto a reeditar la polémica pública sobre la muerte del Libertador. Volvemos sobre ella, lo hacemos a partir del interesante artículo de la periodista Laura Weffer: “Causas de la muerte del Libertador siguen siendo un enigma”(El Nacional, Caracas: Julio 26,2011, Cuerpo Ciudadanos,p.1). Deseamos consignar una serie de reflexiones sobre el punto que ya cuando se planteó en el 2007 analizamos, lo consideramos serio asunto.

Para examinar esto hay que actuar con los ojos del investigador del pasado y poner de lado aquello a lo que empuja tanto al presidente Hugo Chávez como al vicepresidente Elías Jaua, en varias de las intervenciones de ambos que leemos en el reportaje de Laura Weffer. Sobre todo las del mandatario. Pero esta columna no es una diatriba sino un análisis. Sino exploramos con rigor nuestra realidad y sus hechos no iremos a ninguna parte. Debemos ponernos de acuerdo los venezolanos, no podemos seguir jalando la cuerda cada uno para su lado, caeremos en lo que sucedió en Alemania tras la Primera Guerra Mundial(1914-1918): la República de Weimar(1918-1933) fracasó por la intemperancia de sus ciudadanos, fue ello lo que abrió las puertas al nazismo.

Deseamos detenernos primero en lo que es propiamente científico en el reportaje que seguimos como guía para este artículo.

Primero, dice el Vicepresidente, que “se desestimó inicialmente la tuberculosis como causa fundamental de la muerte del prócer, aunque sin descartarla”. Y continúa, señalando que los estudios radiológicos “no se encontraron restos de tuberculosis en la estructura ósea, pero eso no excluye que la haya padecido de forma sistémica más virulenta, que no llegó a penetrar en los huesos”.

A su vez el presidente Chávez había dicho, en su exposición del 17 de Diciembre de 2007, en donde se originó toda esta controversia, que era posible que Bolívar hubiera sido asesinado por envenenamiento. La conjetura surgió de un estudio realizado por especialistas en patología clínica histórica, dice Laura Weffer, “bien podían ser parte de los tratamientos médicos cuyo uso se estilaba en aquella época”.

Todas estas observaciones, dichas por voceros del gobierno, tan bien recogidas por la periodista, son incorrectas. En toda esta polémica, iniciada por el Presidente, él erró pues no partió de un conocimiento exacto de la documentación y de los libros de interpretación del hecho, obras que debieron ser estudiabas con especial cuidado antes de abrir aquella discusión. De hecho estableció una polémica sobre hechos ya resueltos, por altos especialistas nuestros, mucho tiempo antes, modernamente desde la celebración, en 1962, del Coloquio Médico histórico sobre la enfermedad y muerte del Libertador(Caracas: Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina/Academia Nacional de la Historia,1963.297 p.), obra ya con dos ediciones, en el cual participaron notables figuras nacionales, médicos, historiadores y galenos historiadores, cuyas ponencias arrojaron luz decisiva sobre el asunto.

Desde ese momento quedó claramente establecido, gracias al análisis cuidadoso del Protocolo de la autopsia del Libertador, practicada por su médico de cabecera, el Dr.Alejandro Próspero Reverend(1796-1881), a las 4 de la tarde del 17 de Diciembre de 1830, es decir tres horas después del fallecimiento del Héroe. Este Protocolo fue analizado, con todo rigor, por el anatomo-patólogo e historiador Blas Bruni Celli(1925) en su ponencia en ese coloquio y llegó a clara conclusión, después de hacer varios elogios al trabajo cumplido por Reverend al realizarla, en presencia de los generales Mariano Montilla(1782-1851) y José Laurencio Silva(1791-1873). Dice Bruni Celli, maestro también en la realización de autopsias:

 

“Creemos que con este protocolo de autopsia que tenemos a la mano puede llegarse a la conclusión definitiva de que la enfermedad principal que causó la muerte del Libertador fue una: Tuberculosis pulmonar bilateral fibro-ulcerosa-cavernosa con diseminación bronconeumónica. La coexistencia de larigintis (verificada clínicamente) y adenitis mesentérica confirman aún más esta evidencia. En relación con la enfermedad principal hubo una congestión y degeneración grasosa del hígado y una anemia secundaria. Las lesiones descritas en el pulmón tanto por su topografía como por el aspecto morfológico no pueden corresponder a ninguna otra afección conocida. La descripción no es compatible con otra afección inflamatoria específica(como una micosis) o inespecífica(como un absceso pulmonar), ni con una lesión de tipo degenerativa o neoplástica”(p.164).

 

Es por ello que no se puede sostener hoy en día que se desconoce la causa de la  muerte del Libertador como dijeron los funcionarios chavistas en el acto celebrado en Parque Central que Laura Weffer reporteó con especial detalle.

En cuanto a que pudo haber errado el doctor Reverend en el tratamiento utilizado, en el mismo coloquio presentó el doctor Marcel Granier-Doyeux, un análisis del tratamiento aplicado por el médico galo llegando a la conclusión de que este era el propio de la medicina de la época(p.137-159).

También se ha desestimado en la controversia planteada por el gobierno que la persona que recibió en Santa Marta, en 1842, los restos del Libertador para traerlos a Caracas, fue el doctor José María Vargas(1786-1854), altísima figura científica de nuestro país, se ha soslayado que el doctor Reverend estaba presente en el acto de levantamiento del cadáver y que ante el doctor Vargas ratificó que aquellos eran los del paciente que había atendido durante los últimos diez y siete días de aquella vida prodigiosa(Diciembre 1-17,1830), desde su llegada a Santa Marta en el primero de los días citados hasta su deceso. Aquel 1 de Diciembre el Libertador se encontraba en tal estado de postración que debió ser bajado de la nave que lo trajo en silla de manos. Todavía emociona a cualquier venezolano, como nos sucedió a nosotros, llegar en Santa Marta al sitio en donde se detuvo el pequeño barco que traía al Caraqueño, allí era esperado y fue conducido a la Casa de la Aduana, propiedad de don Joaquín de Mier(1787-1861), el dueño también de San Pedro Alejadrino.  Fue aquella un típico atardecer tropical caribeño de suave brisa. Al llegar a la Casa de la Aduana el Libertador se quedó en la habitación de abajo porque era en ella en donde habían las alcayatas que él necesitaba para amarar su hamaca, con la que siempre fue a todas partes. “Era su cama y era su silla  de trabajo”, escribió el maestro Arturo Uslar Pietri(Bolivariana. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1980,p.37).

Es lastimoso siempre que el desamor por la historia venezolana haya llevado al gobierno actual a desestimar todas las indagaciones hechas sobre la muerte de Bolívar a lo largo de tanto tiempo, estudios hondamente cuidadosos como lo es el libro El Libertador enfermo(Caracas: Grafos,1963.142 p.) del doctor Oscar Beaujon, ya con cuatro ediciones(1962,1963,1968,1980), presentado en el mismo coloquio bajo el título de “Antecedentes patológicos personales”(p.53-109) el cual sigue siendo el mayor estudio sobre Bolívar en el campo de sus dolencias pues analiza su vida entera, desde su nacimiento, a la luz de sus padecimientos. El Libertador, lo ratifica Beaujon, tuvo la suerte de una magnífica salud, la que le permitió llevar la vida que llevó, por largo tiempo a la intemperie, dadas sus campañas en las que cabalgo 123 mil kilómetros, distancia es aproximadamente media vuelta a la tierra y lo hizo diez veces mas que Aníbal(247-183 aC), tres veces mas que Napoleón Bonaparte(1769-1821), y el doble de Alejandro Magno(356-323 aC), y siempre conservando su salud.

Indica, el doctor Beaujon en El Libertador enfermo, que la tuberculosis pudo adquirirla de niño pues de ella murió su madre doña María de la Concepción Palacios(1758-1792) y por ello no pudo amamantarlo, lo hizo doña Inés Mancebo de Miyares. Hay, otro posible camino de contagio, lo sugerimos nosotros, fue a través de su novia y amante Josefina Machado, su compañera durante siete años(1813-1820) quien murió de esa enfermedad en Achaguas, en el actual estado Apure. Ella, por cierto, fue la única mujer que pudo ser su segunda esposa pues sus dos otros amores, Fanny du Villars en París, en  los años 1804-1806, y Manuelita Saenz(1797-1856), en el período 1822-1830, eran mujeres casadas. Dejó claramente establecido el doctor Beaujon que la enfermedad se presentó claramente al Libertador desde 1828, teniendo un momento de alta gravedad durante el viaje que hizo el Libertador a Ecuador en 1829, siendo el tercer momento todo el año de 1830, del cual prácticamente conocemos todo lo que hizo el Libertador en cada uno de sus días. Sabemos también, por sus cartas, lo poco cuidadoso que era con su salud, no escuchaba a los médicos sus consejos y no tomaba medicina alguna por las que sentía aversión, como él mismo lo indica en más de una de sus misivas de aquel año.

En el coloquio médico al cual nos referimos también el doctor Moisés Feldman(1923-1994) examinó la enfermedad final del Libertador desde el punto de vista psiquiátrico(p.111-122), es la suya esclarecedora ponencia.

Todo esto explica que de haberse consultado tan amplia documentación y tan veraces interpretaciones tal controversia, como la que originó el presidente Chávez en el 2007 no se hubiera producido pues habría sido innecesaria. De hecho lo sigue siendo.

Hay en el trabajo de Laura Weffer, dada la forma puntual con que tomó todo lo escuchado en la reunión en Parque Central, que debemos observar para concluir. Serán unas observaciones sobre los aspectos políticos, que tienen que ver con el presente y no con el pasado, que es el que examina todo historiador. La mezcla presente-pasado, que es la que puso sobre el tapete el presidente Chávez, es la que llena de confusiones estas pláticas.

Los aspectos políticos actuales, que poco interesan al examen del hecho, que es un suceso del pasado, que debe ser mirado con los ojos del análisis histórico. El Libertador, objeto de este examen, es una figura de la historia y por lo tanto así debe ser observado y analizado.

Vayamos al presidente Chávez. Cuando, en las llamadas que hizo, desde La Habana, que Laura Weffer refiere, observó: “Para mi, a estas alturas, Bolívar se había puesto al frente de la nueva revolución bolivariana y lo mataron, pero ha resucitado hoy en el pueblo venezolano y en nuestra revolución, que es la misma”. Aquí hay una gravísima confusión, como ya la hubo en sus palabras en el Panteón Nacional el 17 de Diciembre de 2007, nosotros las escuchamos con estupor. El presidente supuso que el Libertador pensaba invadir a Venezuela por Maracaibo, primer error, de lo cual concluyó que no podía estar enfermo, segundo error. En verdad Bolívar si dijo en algunas de sus cartas del año treinta que pensaba pasar a Venezuela por Maracaibo, pero ello era imposible, fue solo un deseo, su grave enfermedad se lo impedía, sus propios papeles, correctamente leídos, lo demuestran. Algunas de estas misivas llegaron a las manos de sus remitentes ya fallecido Bolívar. El sucederse de los acontecimientos niega lo señalado por el presidente Chávez. Además hay que añadir que los errores del mandatario proceden del hecho de que el no sabe leer documentos históricos, por ello presume hechos no sucedidos y no leyó todos los detalles escritos sobre las hojas de cada documento. De hecho hay uno, por ejemplo, sustancial para lo que dijo, es en el que testó el general Pedro Briceño Méndez(c1792-1835), don Perucho como lo llamaba el Libertador, en una carta recibida por él. Briceño Méndez indica en nota al pie, de su puño y letra, que había recibido la misiva después de la muerte de Bolívar, eso a una persona que sepa leer un documento histórico no se le hubiera pasado por alto.

Tampoco es cierto esta observación del Presidente: ”Ellos (la oligarquía) alteraron  la historia. Destrozaron, acuchillaron y falsificaron la historia verdadera y a través de la historiografía fueron creando grandes mentiras”, el paréntesis es Laura Weffer. Y no es verdad porque desde muy temprano, con los documentos que al principio habían, escuchando las memorias de los héroes, interrogando a los venezolanos que estuvieron en Santa Marta, los historiadores de la época, caso Juan Vicente González(1810-1866) o Felipe Larrazabal(1816-1873), comenzaron a escribir sobre el punto y la historiografía venezolana fue naciendo como una cadena que nos lleva hasta hoy. Para conocer y comprender un hecho basta con consultarla. Esa oligarquía que dice el presidente Chávez es un sueño personal de él, no hay que olvidar es que si algo lo caracteriza es regar odio por todas partes, sobre todo entre aquellas personas que poseen bienes como producto del trabajo que el considera hoy oligarcas. Además si algo quisieron siempre los venezolanos fue al Libertador, desde 1831, cuando el nombre del Libertador estaba prohibido en el país por el gobierno y muchos de sus oficiales vivían en el exilio,  inició Juan Vicente González en Caracas, anualmente, la publicación de sus trabajos sobre Bolívar, con ellos formó en 1842 su bello libro, una de las obras mayores de nuestro romanticismo en prosa, Mis exequias a Bolívar. Fue él, y no el gobierno de Páez, el iniciador del culto a Bolívar, que, desde luego, se hizo oficial en 1842 y especialmente desde el año siguiente, 1843, al publicarse la crónica del traslado de sus restos a Caracas, escrita por don Fermín Toro(1806-1865). No se debe olvidar que siendo estudiante universitario, en 1827, González conoció al Libertador y que gracias a la reforma universitaria auspiciada por el Caraqueño ese año, junto con el sabio José María Vargas, fue que González pudo graduarse porque antes no hubiera podido hacerlo porque los reglamentos coloniales lo impedían a los hijos naturales, como era el caso del licenciado, que fue el mayor escritor venezolano del siglo XIX, a quien como llegó a expresar que la naturaleza lo había hecho “boliviano” según la expresión que se usaba en su tiempo. Después se usó bolivariana para que no se confundiera con los habitantes de Bolivia. A partir de 1999 la palabra “bolivariano” ya no puede ser utilizada por los estudiosos del Libertador para autodefinirse pues se ha sido convertida por el gobierno actual en una consigna política.

Y cuando el presidente Chávez dice que el Libertador “ha resucitado hoy en el pueblo venezolano y en nuestra revolución, que es la misma” se sale de los fueros de la historia, entra en el debate político actual: no todos los venezolanos comparten ese criterio, muchos de ellos no creen que se hayan realizado entre nosotros una revolución ni que el gobierno actual sea heredero del Libertador. Además, allí, cuando dice eso, lo que hace el Presidente es parafrasear el poema de Pablo Neruda(1904-1973) “Un canto para Bolívar”, de su Tercera residencia(Buenos Aires: Editorial Losada,1947. 111 p.) y esa figuración de la pasión para nada nos permite el análisis histórico, ni el examen político del suceder de cada día. Y al no tener en cuenta la larga tradición de nuestra historiografía, el Presidente, altera y cambia la historia.

Y es lastimoso que el Presidente aun no se haya dado cuenta, lo decimos con todo respeto hacía él, el gran estupor que causó a los venezolanos el día que mandó a desenterrar los restos del Libertador el año pasado(Julio 15,2010), la gente no vio con buenos ojos aquel espectáculo, todos sabemos que hay que dejar descansar a los fallecidos, que abrir sus tumbas trae mala suerte. Basta ver las historias de los que desenterraron a los Faraones egipcios o a los oficiales argentinos que manipularon el cadáver de Evita Perón(1919-1952). No bien sino mal viene de esos actos. Los muertos deben descansar en paz.

Es tan controvertido lo dicho por el Presidente en sus llamadas telefónicas, que registró Laura Weffer, que hasta el vicepresidente Jaua terminó diciendo que él “tenía más dudas que certezas”. Una conducta no muy habitual en la dirigencia que nos gobierna, siempre habituada a adular al César imperante.

En fin: toda esta investigación acerca de la muerte del Libertador no tiene objeto porque es asunto ya hecho y concluido como se deduce del pronunciamiento, cuidadoso, hecho hace meses por la Academia Nacional de la Historia, que es la institución llamada a hacerlo. En él se lee:

 

 

“La Academia Nacional de la Historia ante el hecho consumado de la sorpresiva apertura de la urna que contiene los restos del Libertador Simon Bolívar, realizada en la media noche del 15 al 16 de los corrientes, con el presunto objetivo de determinar la causa de su muerte y la identidad de sus restos, expone ante el pueblo venezolano el siguiente:

1. El día 17 de Diciembre de 1962 la Academia Nacional de la Historia conjuntamente con la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina en una sesión solemne conjunta de ambas instituciones, acordaron realizar una Mesa Redonda para estudiar la Enfermedad y causa de la muerte del Libertador Simón Bolívar, para la cual convocaron a historiadores y científicos venezolanos estudiosos del tema y expertos en la materia. Dicha Mesa Redonda se realizó en los días 25 y 26 de Junio de 1963 y en ella participaron, además de connotados historiadores venezolanos, numerosos médicos en su totalidad Profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela,  todos especialistas en diversas áreas tales como tisiólogos, farmacólogos, epidemiólogos, internistas, patólogos, psiquiatras y psicólogos; igualmente intervinieron odontólogos, filósofos y críticos de arte. Se leyeron y discutieron exhaustivamente 22 ponencias y se llegó por unanimidad a la conclusión de que en vista de los antecedentes familiares, epidemiológicos y personales, así como del resultado de la autopsia, la enfermedad principal que produjo la muerte del Libertador fue una “tuberculosis de reinfección del adulto de tipo fibroulcerocavernoso, con diseminación broncógena” y como consecuencia de ello “posibles lesiones tuberculosas secundarias finales laringotraqueales e intestinales”. Igualmente se concluyó en que “la terapéutica empleada por el  médico tratante estuvo adaptada a los conceptos científicos admitidos en su tiempo” y también se determinó que “el estudio y análisis de los Boletines Médicos y del Protocolo de la autopsia demuestran que el Dr. Alejandro Próspero Reverend poseía conocimientos científicos acordes con las doctrinas de la época, lo que acredita su carácter de médico de alto nivel académico”. Las Ponencias y Conclusiones de esta Mesa Redonda fueron publicadas en 1964 y en una segunda edición en 1976. Sus determinantes conclusiones se consideraron definitivas y desde entonces el tema nunca más fue tratado, al menos desde un punto de vista científico.

2. El 30 de Abril 1842, el Presidente de la República general José Antonio Páez dictó un Decreto por el cual se ordenaba el traslado de los restos del Libertador, desde Santa Marta a Caracas; nombró una Comisión constituida por el doctor José Vargas y los generales José María Carreño y Mariano Ustáriz, encargada de realizar dicho traslado y designó para presidirla al primero mencionado. La Comisión, luego de todos los preparativos, zarpó de La Guaira el 13 de noviembre siguiente y llegó a Santa Marta el 16 del mismo mes. Después de numerosos actos protocolares y del amistoso recibimiento por parte de las autoridades colombianas, el acto de la exhumación de los restos del Libertador tuvo lugar el domingo 20 de noviembre por la tarde, en una ceremonia pública y solemne, procedimiento del cual se levantó una detallada Acta que corre como el Anexo No. 9 del Informe final del doctor Vargas ante el Ejecutivo venezolano.  En esta Acta consta que: ‘los señores doctor Alejandro Próspero Reverend y Manuel Ujueta que asistieron … a la preparación del cadáver después de la muerte … el primero como médico que preparó el cadáver, el segundo como una de las personas que asistieron a esta preparación y a su sepultura, preguntados por el Señor Gobernador (Joaquín Posada Gutiérrez) acerca de la identidad de los restos del cadáver que tenían presente, son del General Bolívar, contestaron que era el mismo idéntico”. Ante esta afirmación de testigos de excepción, quedaba así demostrado que los incidentes ocurridos en la Catedral de Santa Marta en el curso de los 12 años en que permaneció sepultado allí (una inundación y un terremoto) para nada afectaron la integridad física del cadáver del Libertador.

En un extenso informe del doctor José Vargas dirigido al Ministro de Estado en el Despacho de lo Interior, de fecha 18 de diciembre de 1842 (publicado en la Gaceta de Venezuela No. 624 de 21 de diciembre de 1842 y reproducido en Documentos para los Anales de Venezuela, Tercer Período, tomo I, págs. 93 y sgts e igualmente reproducido en la Biografía de José Vargas de Laureano Villanueva y en las dos ediciones de las Obras Completas del Dr. José Vargas, el cual contiene 22 documentos anexos, se da cuenta detallada al ejecutivo venezolano de todos los pasos dados por la Comisión desde el mismo momento de la exhumación en la Catedral de Santa Marta hasta su desembarco en La Guaira en la mañana del 15 de diciembre de 1842, cuando se realiza una solemne ceremonia que el doctor Vargas describe con mucha emoción, especialmente cuando menciona el incontenible llanto de los generales Juan Uslar y José María Carreño, y las expresiones de la numerosa concurrencia que asistió a este desembarco.  Igualmente Fermín Toro dejó una descripción muy detallada de este recibimiento, que significaba el regreso definitivo de Simón Bolívar a su tierra natal.

En Caracas, en ceremonias nunca vistas hasta entonces, que describe magistralmente Fermín Toro, la urna fue finalmente colocada en la Iglesia Catedral de Caracas en el Panteón de la Familia Bolívar el 23 de diciembre de 1842. Allí siguió actuando la Comisión presidida por el doctor Vargas y en un informe suscrito por el mismo doctor Vargas y el resto de la Comisión y dirigido al Secretario de Estado en el Despacho de lo Interior de fecha 15 de marzo de 1843 dicen lo siguiente:

“La Comisión encargada por el Gobierno de preservar de la completa destrucción la parte de los restos venerandos del Libertador, general Simón Bolívar, que todavía puede ser preservada, ha cumplido su encargo y de él da cuenta de la manera siguiente.

“En medio del montón de polvo y horruras que la urna de plomo contenía, resultado de la descomposición de todos los tejidos blandos del cuerpo y de los vestidos, se ha preservado el esqueleto casi completo, aunque algunos huesos pequeños han ya desaparecido, otros están casi pulverizados y todos los demás ennegrecidos y en progreso a la descomposición a causa de la humedad que en dicha urna se conserva.

“Se procedió, pues, a nombrar dos jóvenes bien instruidos en Anatomía, a saber: el doctor Cosme Jiménez y el bachiller Manuel Alvarado, que con el mayor cuidado y proligidad, entresacasen del montón de horruras todos los huesos, los limpiaran y lavaran con cloruro de cal; los secaran bien, y después los cubriesen de barniz preservativo. Separados los huesos del polvo, y preparados como queda dicho, han sido ensamblados, formando el esqueleto, con alambres de plomo y de plata según las partes; y así conexionados, han sido cubiertos de varias capas del dicho barniz preservativo.

“El esqueleto tiene las faltas siguientes:

 

1º.  La de los dedos anulares, y las segundas falanges de todos los otros dedos de las manos; excepto las de los pulgares.

2º.  La de algunos huesos del metatarso y todos los dedos de ambos pies.

3º.  La de la última muela o la cordal izquierda de la mandíbula superior, que en la primera vez que la urna fué abierta en esta ciudad estaba movida pero no faltaba; pero que después no ha sido hallada.

 

“Todas las articulaciones o adaptaciones de los huesos del carpo y metacarpo, tarso y metatarso, y de los dedos, así de las manos como de los pies, han sido hechas por medio de cera de modelar: no siendo posible por su blandura y casi desintegración unirlos por taladros y alambres. Con la misma cera de modelar han sido llenados los espacios vacantes de las manos y los pies por la falta ya dicha de algunos huesecillos, por no introducir allí parte alguna extraña de los restos.

“Se ha construido una urna de hoja de plomo, mucho más delgada que el pedazo que quedaba de la que tenía y que fue recortada en una parte considerable en la ciudad de Santa Marta, para acomodarla en la bella urna de madera donada por el Gobierno de la Nueva Granada. En el centro de la nueva urna de plomo está acomodado el esqueleto; y en dos cajoncillos, también de plomo que como apéndice están soldados al interior de aquella pieza, van todo el polvo y demás restos que contenía la caja con entera separación del cuerpo o esqueleto.

“Este ha sido envuelto en un manto negro de damasco, y de este modo y con una cuña grande de cedro bien barnizada para colocar la cabeza, ha sido acomodado en la urna de plomo que a presencia de todos los miembros de la Comisión ha sido soldada y puesto dentro de la madera, la cual cerraron con sus dos llaves.

“Todo este proceso ha sido ejecutado dentro de la misma Iglesia Catedral, en un aposento de la capilla de San Nicolás, que el M. R. Arzobispo tuvo la bondad de franquear para el efecto, y desde allí ha vuelto la urna al panteón en que se hallaba.

“Dios Guarde a Udes.  José Vargas, J. M. Carreño, Mariano Uztáriz”.

 

Del panteón familiar de la Iglesia Catedral la urna fue trasladada al Panteón Nacional en otra solemne ceremonia presidida por el general Antonio Guzmán Blanco, el día 28 de octubre de 1876.

3. Por todo lo anteriormente expuesto la Academia Nacional de la Historia considera que:

1º. La causa de la muerte del Libertador no fue otra que la señalada en las Conclusiones de la Mesa Redonda de 1963.

2º. La identidad de los restos mortuorios del Libertador está absolutamente trazada y documentada fehacientemente, desde el instante mismo de su fallecimiento, el 17 de diciembre de 1830 en Santa Marta hasta su entrada al Panteón Nacional el día 28 de Octubre  de 1876.

3º. Estando todo lo anteriormente dicho respaldado en documentos publicados en órganos oficiales y suscritos por personalidades de la más alta confiabilidad en la Historia republicana, no había ninguna razón para dudar, ni de la causa de la muerte del Libertador ni de la identidad de los restos que reposan en el Panteón Nacional.

4º. Por tanto la Academia estima que el acto de exhumación realizado sorpresivamente, en la medianoche del día 15 al 16 del presente mes, con el pretexto de averiguar tanto la causa de la muerte del Libertador así como la identidad de sus restos, fue absolutamente innecesario e injustificado.

5º. Dado que la osamenta mostrada por la televisión se corresponde exactamente con lo descrito por el Dr. José Vargas y la comisión en pleno, en 1843, cuando sellaron en la Catedral de Caracas la urna de plomo, como lo dice el documento transcrito antes, es evidente que en los últimos 167 años los restos mortales se han conservado  satisfactoriamente, lo cual es otra razón para afirmar la falta de justificación de la exhumación realizada.

6º. La Academia Nacional de la Historia considera que de haberse estudiado la materia a la luz de una consulta amplia, científica, desprejuiciada de todo carácter partidista o político, involucrando en tal consulta a las autoridades científicas nacionales expertas en la materia, el país se hubiera ahorrado de presenciar un espectáculo y retórica inauditos en la historia venezolana y que quedará para siempre inscrito en los Anales de Venezuela como el irrespeto más grave que se le haya hecho al Libertador Simón Bolívar y con él al símbolo más genuino de la Patria.

7º. Por último, la Academia Nacional de la Historia ante tan insólito hecho, desgraciadamente ya consumado, invita y exhorta al país entero, a la Venezuela profunda y republicana, en todos los estratos de su población, a una reflexión íntima y a una plegaria que signifiquen y ofrezcan un desagravio al Padre de la Patria, inútilmente profanado en la tranquilidad de su sepulcro.

Aprobado por unanimidad en Caracas a los veintinueve días del mes de julio de dos mil diez.  Los asistentes: Elías Pino Iturrieta, José del Rey Fajardo s.j., Ildefonso Leal, Manuel Rodríguez Campos, Simón Alberto Consalvi, Marianela Ponce, Blas Bruni Celli, Ermila de Veracoechea, Tomás Enrique Carrillo Batalla, José Rafael Lovera, Santos Rodulfo Cortés, Pedro Cunill Grau, Héctor Bencomo Barrios, Manuel Caballero, Germán Carrera Damas, María Elena González de Lucca. Correspondientes: Eduardo Hernández Carstens, Ramón Urdaneta.

Se adhieren: Ramón J. Velásquez, Rafael Fernández Heres, Carlos Duarte, Inés M. Quintero(www. Información @anhvenezuela.org: Julio 29,2010)

 

 

Y para terminar, en cuanto a los restos de Francisco de Miranda(1750-1816), asunto que también aparece en el escrito de Laura Weffer, debemos señalar lo siguiente: cuando el Precursor falleció en la enfermería de La Carraca(Julio 14,1816), tenemos el testimonio escrito de su criado, Pedro José Morán, que lo acompañaba en aquel momento, es una carta dirigida a uno de los amigos ingleses de Miranda, Peter Turnbull, inmediatamente las autoridades de aquella prisión sacaron el cuerpo, cubierto con las sábanas que usaba y con colchón y todo lo lanzaron en el osario del cementerio de la prisión. Con los años hubo un maremoto que se llevó el osario por completo y desaparecieron los restos de aquel insigne hombre junto a los huesos de los demás presos cuyas reliquias habían también sido enviadas al osario. Así la investigación del gobierno sobre los restos de Miranda también terminará como la relativo al Libertador: no descubriendo nada que no haya sido ya antes estudiado y comprobado por los historiadores.

Y, desde luego, nosotros siempre hemos sido opuestos a todas las formas de necrofilia histórica, como esta que tanto gusta cultivar el presidente Chávez. Ninguna nación necesita los cuerpos inertes de sus grandes figuras: basta con los testimonios de sus vidas, con lo que ellos escribieron, caso de Bolívar y Miranda, con lo que nos dicen sus biografías.

Cerramos: que se nos perdone si esto parece muy extenso, pero el tema es de capital importancia cuando se traza nuestra historia y se vuelve a mirar la muerte del primer caraqueño, del gran intuitivo de Venezuela. No debemos olvidar que Bolívar consideró a Venezuela una “demoniopolis” en una carta de 1821, escrita después de Carabobo. Y nuevos Pedro Botero, nombre propio de Lucifer, son otra vez lo que en vez de explorar lo ya dicho pretenden inventar. Un pueblo que no escucha su historia se desvía, se interna por “los caminos extraviados” a los que aludió el maestro Uslar Pietri.

 

 

 

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