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Lecciones de filosofía

Hago un acto de verdad: destruí un poema que era mentira; se me
presenta una realidad, por mucho que la quiera negar: No basta la
consciencia si a èsta no la acompaña la verdad. No puedo evitar
aquello del viejo catecismo: La conciencia es juez, delator y verdugo;
más allá de ser social y enajenado.  Si doy un salto más arriba
parafraseo a Mao: El conocer exige autenticidad y sencillez. Creo que
Hannah Arendt aporta algunos elementos para ese ascenso filosófico: El
drama del humano es su  falsificaciòn el hecho; aniquilada la
consciencia sólo hay abismo, mundo de cosas; el tener sustituye al ser
y el conocimiento sólo opera de manera funcional.

Filosofar no es entrega a nada, ni a la razón. Filosofar es escudriñar
pero no a la manera del científico, sin que ello signifique no bucear
en la ciencia. Filosofar es anclar, profundizar en lo humano humano;
no es ni remotamente Teología, por mucho intento que hagan los
ideólogos actuales de volverla una hija de èsta.

El fin de quien ancla en la filosofía es convertirse en un sabio; pero
no a la manera de un viejito iluminado. No, un filósofo es alguien que
ha ido destruyendo los ídolos de los que hablaba Bacon. No se refugia
el filósofo en ideologías filosóficas, menos acomoda las ideas a su
conveniencia, filosofar es un acto de entera verdad,  al menos ello
debe ser su norte.

La vida, lo real concreto, nada de aquello de La vida es sueño; quien
filosofa sabe que ni la ciencia ni la poesía son su camino. Que los
dioses desde hace siglos murieron aunque el ser alienado viva con
ellos. Gran sentencia de Cervantes en su prólogo al Quijote
(parafraseo): El hombre no debe estar creyendo en metáforas de poetas,
oraciones de retóricos, milagros de santos ni en sentencias de
filósofos. Nada de ensueños con la palabra ni manipulación de èsta;
menos historias de cuentos y aparecidos y muchísimo menos seguimiento
acrílicos de los filósofos.

Sigo escudriñando mi consciencia, teñida de escarabajos. Doy una
voltereta y sigo destruyendo tantos papeles sin razón, ya casi
iluminado por tanta asepsia mental, caigo en cuenta que vivo en un
concreto mundo y que si quiero seguir filosofando debo salir al
mercado a buscar el pan de cada día. Debo para sobrevivir vender, el
cliente es un joven alienado con la música roquera, quiere libros de
rock duro y demonios; le miro a los ojos profundamente sin que lo
note; se me presenta un dilema: Le vendo tanta porquería o me muero de
hambre. Opto por una coartada menos dura: Le explico las ideas de los
libros, le prevengo con la necesidad de una lectura crítica de esos
textos; ni caso, el hombre quiere sexo, rock y demonios. Pienso por un
momento que este puede ser el satánico de la cuadra; tengo hija y
sobrina que pueden ser sus víctimas; pero no puedo detenerlo en llenar
su sique de carroña; su mundo es de violencia interior sublimada Por
Ahora. Veo con sorna como desecha una buena historia analítica del
rock, desiste de los cuentos de Poe y opta por los Excesos sexuales
del Mick Jagger. Apelo entonces por mis estrategias de ventas y tomo
mis monedas cual Judas; no llevo cargo de conciencia, no puedo cambiar
el mundo. No es coartada, hice lo real posible. Filosofar también es
dosis de pragmatismo, no sólo mundo etéreo del ser. Se me dirá que me
contradigo con el principio: He falsificado el hecho; replico en
contrario al poeta: Mi estómago necesita alimento para seguir
nutriendo mi cerebro.

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