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Muere Vic Chesnutt, un lamento hermoso de folk

(%=Image(8319019,»L»)%) En la medianoche (hora española) entre ayer viernes 25 de diciembre y hoy sábado 26 de diciembre se ha confirmado oficialmente la muerte de Vic Chesnutt. La discográfica había desmentido la noticia de su muerte después de que varios medios norteamericanos la confirmaran extraoficialmente a través del entorno del músico. Las noticias de la discográfica y el entorno se contradecían. Sin embargo, horas después del primer comunicado de la discográfica, ésta sacó un segundo comunicado confirmando la muerte de Chesnutt. Una pena. Una pérdida irreparable. La Ruta Norteamericana se suma al dolor de tantos fans de un músico genial. Chesnutt, como cantabas en tu último disco: »
When you touched a friend of mine I thought I would lose my mind / But I found out with time that really, I was not ready, no no, cold death / Oh death, I’m really not ready.»

El magnífico músico estadounidense Vic Chesnutt, de 45 años, ha muerto esta mañana, hora española. La noticia de su muerte ha sido confirmada extraoficialmente por diversos medios como Spinner y el periódico San Francisco Examiner. Hasta hoy se sabía, según informó el diarioThe New York Times, que Chesnutt estaba en coma después de intentar suicidarse, citando fuentes cercanas al músico. De la noticia del estado de coma del cantante se hicieron eco muchos blogs y medios digitales tanto españoles como norteamericanos.

De confirmarse oficialmente el fallecimiento de Chesnutt, que iba en silla de ruedas a causa de una parálisis en las piernas, sólo puedo decir que es una gran pérdida para la música norteamericana. El músico de Athens, Georgia, era uno de los cantautores más interesantes de los últimos veinte años. Michael Stipe, cantante de REM, produjo sus primeros discos y se había ganado la admiración de varios compañeros de profesión. Además, el cantante de Athens colaboró con gente de la talla de Cowboy Junkies, M. Ward o Lampchop.

Sin ser un tipo muy comercial ni generar un amplio interés mediático en nuestro país, Chesnutt era una figura muy a tener en cuenta para los amantes del rock. En su silla de ruedas, su estilo inconfundible como vocalista, sus canciones radian una melancolía que te nublan como una pura bendición. Hermosura sutil. Ahora que se hacen tantas listas por la década, su disco, At the cut (2008), está considerado por muchos como uno de los mejores y más bellos de los últimos diez años. A mí me ha llenado el alma en repetidas ocasiones.

Era un representante de trabajos de folk ambiciosos, que podían agarrarse a la fiereza rock, repletos de ecos de distorsiones y melodías, y hermosos por su sencillez aparente. Chesnutt era un tipo a reivindicar. En esta época invernal, con la noticia de su muerte, su folk-rock, su frágil y deliciosa visión de esto que es la música, la expresión del espíritu humano a través de sonidos, adquiere una categoría etérea, irreal. Sí, un lamento precioso.

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