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Roger Herrera y esa inconfudible música de la calle

La poesía de Roger Herrera Rivas es la música de la calle, la melodía de la vida atenazada en sus gazapos de sombras, en sus naufragios y soles apagados; de la vida que rueda por los acantilados de la noche y el suburbio, de la vida que se trajina en el barrio y escarba en la basura, de esa vida que esconde la metáfora como una as bajo la manga en ese juego infame del vivir sin tiempo para las alegrías o las tristezas, donde los sueños son aplazados por la compra venta, donde la tarifa del mejor postor se impone a la esperanza de los ingenuos, donde Dios es un amuleto percudido, un lugar común de esa espiritualidad que busca casa en las iglesias más absurdas, donde la poesía es una monedad extraña que no compra nada.

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El libro “Elegías a Wölfing” de Roger Herrera Rivas confirma una vez más que la poesía en nuestro país no tiene patrón establecido. Libro polifónico, como bien lo ha definido Julián Márquez, donde lo poético despliega todas sus potencialidades expresivas: voceo iracundo, meditación trascendental, canto ramificado, delirio verbal, martilleo verborreico, discurso estridente, silencio con ruido de palabras de fondo, mural de voces, música desesperada.

Deben creer a ciencia cierta que son indispensables
suelen proclamar su amor al trabajo luego del té
cotidiano…

Se involucran efectivamente en naderías, suelen tener piedad
por los perros; porfiar es su destino y en el mundo creen
explorar sensaciones sin tino colocadas allí por el creador

¿pregúntese usted qué meriendan los ángeles de la duda?

Parpadee y notará la distancia entre el privilegio y el
bochorno.

Peor aún
La falsa monedad brilla por el canto.

Estas Elegías a Wölfing es un libro divido en tres partes: Éxodo, diáspora y pequeños poemas. Humor, ironía, juego impregnan todo el libro que a veces asume el tono de exordio teatral.

Un pan es a ciencia cierta un rayo de luz que cruza el universo
mientras un plato volador intenta despegar en la pupilas
de un paria,

***

Un chingo es un célebre orador
ante un policía sin palo
mientras los bostezos del congreso se apabullan

***
Dejan mucho que desear
ciertos loros vestidos de doctores
Tras su inopia
fundar el idioma de los gagos

La poesía de Roger apela al lugar común, al palabreo incesante del día a día, escarba en el cadáver del lenguaje para brindarle nuevos aires, nuevos dones.

Pensando en campos verdes
los mendigos cortejaban la luna;
Uno se cuida para llegar a viejo
colgar del jade la piedra del paraíso
…los perros piensan en los campos
y verde el alarido.

***

Propongo lágrimas, quimera rabo de nube auguras un león
sugiero duelo en el cuello del tiempo
estrangular los adverbios
Margarita roza…r-o-s-a
Se anuncian los Salmos

***
Mi lenguaje es el lenguaje de las flores
de ordinario promulgo urinarios por
lavabos…

Leer “Elegías a Wölfing” es un experiencia musical. El lector se enfrenta a la música del lenguaje en todos sus acordes, del lenguaje tensado en todas sus posibilidades. Libro de muchas lecturas posibles y para todos los gustos. Poesía a ratos extraña, innecesaria, redundante. Otras impecable, rutilante y de hallazgos inesperados. Muchas veces el poema es una navaja de doble filo por uno de sus lados blofea y por el otro desgarra sin miramientos. El escenario de esta poesía es la ciudad, el individuo común con su música de bar barato y sus anuncios de neón. Poesía de lecturas y sondeo oral, poesía que escucha y se escucha a sí misma y que ensaya la manera de escribir el poema sin caer en el melodrama ni el lugar común, que se mofa de la cursilería poética, pero que recurre a ella como máscara y antídoto. O como el mismo Roger lo ha escrito en un verso: “Escribir es errar; inventar la nada”.

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