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¿Qué del 1928? ¿Cuál Venezuela para el 2008? ¿Portan el mismo traje los 28? ¿El porvenir en un febrero cabe? ¿Acaso ya aprendimos a leer? ¿Nadie sabe leer en el Gobierno? ¿Nadie del pueblo de veras lo sabe? ¿América Latina ya no lee? ¿Qué de las boinas rojas, las azules? ¿Qué casa la que vence las sombras? ¿Cuál la proeza de la autonomía? ¿Hasta cuándo disputa, controversia para frenar celadas, apetencias, privilegios de obispos y truhanes? ¿Son semejantes todas las Victorias? ¿Tendrán la misma cara las Beatrices? ¿La discusión no cuenta entre la calle? ¿Habrá alguna semana sempiterna? ¿De cuál poeta la última palabra? ¿Cuál el grito mayor de libertad? ¿Cada estudiante un mundo de promesas? ¿Tormenta de alegría, esclavo apenas? ¿Acaso son idénticas las luchas? ¿Qué enigma esconde cada oscuridad? ¿Qué pelea la más gloriosa? ¿Qué denuedo el más gigante? ¿Qué coraje el más temprano? ¿Qué eclosión la más audaz? ¿Qué sabe la derecha de la izquierda? ¿De qué color se viste la igualdad? ¿Cuándo somos de veras lo que somos? ¿De quién la libertad de la miseria? ¿Quién el que dijo libertad primero? ¿Quién la borró de tajo en la pradera? ¿No tenemos raíces en la tierra? ¿Contaremos con vida para siempre? ¿La amargura del barrio quién probó? ¿El confesorio cuánto esconde adentro? ¿Cuántos credos la nueva penitencia? ¿Está tu paz de parte de la guerra? ¿Cuándo serán barridos los bribones? ¿Cuándo los traficantes de la guerra? ¿Cuándo la enhiesta sombra de la escoria? ¿Cómo pasarse entera la palabra? ¿Por fin entenderemos el enlace? ¿Dónde está tu país? ¿En el hoy, el aún, el todavía? ¿En la desolación de la memoria? ¿En qué pestaña del odio? ¿En qué sueño, reto o clarinada? ¿En qué palacio, tugurio o enramada? ¿En qué alameda, en que tardanza? ¿En los absurdos que sobran? ¿En la lagaña del ciego? ¿En qué delirio, insomnio, madrugada? ¿En qué rastrojo, cerro o emboscada? ¿Por encima del tiempo en diagonal? ¿Cuál el valor del orden económico? ¿Asumirás el triunfo de la vida? ¿La militancia plena, la belleza? ¿La justicia de cara al sol del hombre? ¿Dónde, dónde hundiremos las preguntas? ¿En dónde limpiaremos las respuestas? ¿Qué hacer con la palabra de la pólvora? ¿Qué con el pueblo mientras mira cielo? ¿Se multiplica y vive la palabra? ¿Quién dijo que la idea perece? ¿Quién qué la revolución? ¿Quién carga con más ácido muriático? ¿A qué lugar nos llevará esta lluvia? ¿Por qué estarán los vientos separándonos? ¿Cuándo podrás salirte de tu sombra? ¿Quién que sea no es gota en el alambre? ¿Cuánto sabrá tu asombro de los gatos? ¿Sabrán los sueños algo de nosotros? ¿En verdad creerá en nosotros Dios? ¿De qué lado estará la suerte yendo? ¿De qué lado los bárbaros están? ¿Quién al árbol le quita la mirada? ¿Quién con las amapolas la agarró? ¿Para quién el aviso de los muertos? ¿Quién del polvo podrá escapar riendo? ¿Quién hay que no esté en pie de muerte andando? ¿Quién nos cortará el hilo de la muerte? ¿Quién nos dará la mano, su pañuelo? ¿El amigo que casi nunca vemos? ¿La noche rumorosa de luceros?

¿Valdrá cambiar los sacos de balas por cuerdas en esta hora? ¿Valdrá que llenemos las almas y los campos con la palabra paz? ¿Valdrá en este momento, de Andrés Bello “La oración por todos”? ¿Valdrá el canto de los niños? En paz queremos crecer… ¿Valdrán los poemas urgentes de Pablo Mora, y las cartas de Saramago y García Márquez? (Lil Rodríguez). ¿Valdrán las preguntas de Lil Rodríguez, de Neruda, de Jesús? ¿Valdrán los cantos de los niños iraquíes por la paz, los nuestros, los de allá? ¿Valdrá la santidad de los tugurios? ¿Valdrán las pomarrosas de la aldea, los araguaneyes, samanes, apamates? ¿Valdrá que sepa el sol que tú te ves? ¿Valdrá en verdad que Dios nos siga viendo? ¿Valdrá saber lo que el camino sabe, qué esperanza los árboles esconden, de las distintas caras muy cristianas? ¿Valdrá el esplendor de las raíces, las uvas negras del destierro? ¿Valdrá que las cocuizas nos visiten, que la rosa siga desnuda, que el jueves vaya después del viernes, que hablen las estrellas, que converse el humo con las nubes, que las hojas se suiciden, que los martes sean bisiestos, que ceniza camine junto al fuego? ¿Valdrá que el encaje se desteja, que la noche se desate, que el mar se zafe? ¿Valdrá que los vientos se amontonen, que desfile el pensamiento, que la luna sea testigo, que despierte la espesura, que sean iguales los espejos, que los poetas nos convenzan, que el aullido se desborde? ¿Valdrá quedarse en la miseria, saldar la cuenta con los perros, extraviarse en el camino? ¿Valdrá esperar el día de la victoria, llamar a Dios? ¿Valdrá seguir haciendo la palabra? ¿Valdrá pensar en serio en el regreso? ¿Valdrá que de la muerte regresemos? ¿Valdrá pensar, mirar, amar, morir? ¿Hundirse, hurgarse, ser, sentirse, serse? ¿Valdrá sentir la muerte en los talones? ¿Valdrán los pinos asombrados, la canción de la mirada, el canto del asombro, las lágrimas del viento? ¿Valdrá volver a las espigas, acercarse a los difuntos? ¿Valdrá el silencio de las ranas, la pulpa del deseo, el anticipo de la muerte, la paz, el lauro, la memoria, la nueva madrugada? ¿Valdrán los jirones de sueldo, los retazos del agua, los charcos del dólar, la señal del centavo? ¿Valdrá acercarnos a la vida, aprender el nombre de las noches, vivir con el destino siempre en guerra, añadir algo al mundo? ¿Valdrán los niños de Najaf y de Falluja? ¿Valdrán los acentos en la muerte, el asombro de la luciérnaga, la vecindad del enemigo, el enigma de las ollas, la estirpe de las horas, el reino de la calle, la dignidad del hombre? ¿Valdrá la pena no hacer ruido, despertar el alba, poseerla? ¿Valdrá sacar el beso de la espuma, oírle la risa a las cascadas, oler la locura de las rosas, escuchar la soledad, dirigirle la palabra? ¿Despertar a latigazos el silencio, descargar nuestros almácigos, encontrarse con la albada, nombrar al mundo? ¿Jugar a lo imposible, sacar la flor de las cenizas, llevar a peso las palabras, morir de asombros, cerrar los ojos a la luna? ¿Saber bien dónde hay barro, en qué lugar hay sangre, dónde queda la razón y dónde la justicia o la injusticia? ¿Construir la nueva levadura, preguntar por la alegría, estar a tono con la rabia y la ternura? ¿Salvar la memoria antes que la borren? ¿Rescatar las preguntas de los otros, salvar las respuestas de los niños, avivar el fuego, sacudir asombros, fundir los versos, despertar la clarinada, escuchar el alarido, llegar vivos a la muerte, asolear la eternidad, salvar al hombre? ¿Valdrá el temor de Dios, temerle al hombre? ¿Valdrá quitarle un minuto a Dios para dárselo a los hombres? ¿Valdrá recuperar el micrófono de Óscar Arnulfo, mantener abierta la palabra, reinar sobre la muerte, apuntalar el sueño, alentar el alba, el nuevo sol, el nuevo día? ¿Valdrá salvar la patria o voltearla?

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