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Al borde del acantilado

Envuelto en una crisis, que se profundiza a pasos acelerados, el país camina hacia la ruina. Para buscarle salida al desastre, la gran mayoría de los venezolanos está pidiendo la remoción de Maduro de la presidencia de la república que, gracias al CNE, ejerce desde hace casi tres años. Ya no es posible esperar más.

Después de una larga siesta informativa, el BCV reportó la semana pasada algunos resultados macroeconómicos para el cierre del año 2015. Señaló que el PIB de la economía venezolana disminuyó 5,7% en el año 2015 (el FMI estima que caerá en un 10% en el 2016), que la variación inflacionaria acumulada durante el 2015 fue de 180,9% (tenemos la inflación más alta del planeta y el FMI la estima en 720% para este año 2016), y que, en el sector externo de la economía, la cuenta corriente de la balanza de pagos mostró un déficit de 18.500 millones de dólares. No dijo nada sobre el desabastecimiento y la escasez, que se expresan dramáticamente en las largas y a veces conflictivas colas a las puertas de los supermercados y centros comerciales que, por los recortes de electricidad, ahora tienen cierres parciales. También guardó silencio sobre la pobreza que, según los estudios más serios de que se dispone, cubre al 75% de la población.

Las medidas anunciadas por el ocupante de Miraflores el pasado 17 de este mes deja intactos, sin solución, dos problemas de fondo: el control de precios y el control cambiario. Respecto al primero, falta saber si se ajustará oportunamente a los incrementos inflacionarios sobrevenidos por las nuevas medidas, y respecto al segundo, fue un simple maquillaje subir el dólar de 6,30 a 10 bolívares y convertir el Simadi en un sistema complementario flotante que arrancará en 200 bolívares por dólar. Frente a ellos se seguirá riendo el dólar paralelo, que ya sobrepasa los mil bolívares, estimulando el arbitraje y la corrupción.

No se puede dejar de mencionar que, por concepto de deuda externa, tenemos que pagar este año algo más de 10.000 millones de dólares, y que el precio del barril de petróleo venezolano cerró la semana pasada en 24,03 dólares, por lo que es fácil deducir que para importar los alimentos y medicinas que internamente no producimos tendremos que solicitar préstamos de divisas en el mercado financiero internacional (recurrir al FMI, que ofrecería tasas de interés más bajas, lo prohíbe Chávez desde el Cuartel de la Montaña) y así salirle al paso a la crisis humanitaria que está ad-portas, si es que ya no está dentro del país.

Se superpone a la crisis económica, una grave crisis político-institucional. Está a la vista el bloqueo de la Ley de Amnistía, de la Ley de Propiedad a los beneficiarios de la Gran Misión Vivienda Venezuela, de la reforma a la Ley del BCV, etc., que ordenará el Ejecutivo a los amanuenses togados del TSJ.

Se ha comparado la situación del país con la del Titanic rumbo al iceberg. Se pudiera comparar también con la de quien está al borde de un acantilado y puede caer. En uno y otro caso, el escenario es el mar.

Carlos Canache Mata

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