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Bolivia sonó campanas para los venezolanos

La agitación social que viven actualmente los ciudadanos bolivianos tiene su origen en un evento político que se desarrolló  hace 4 años. Fue entonces cuando,  como un tsunami de aguas profundas, se movieron las fibras más sensibles del pueblo.

Tres años y ocho meses, exactamente  el domingo 21/2/2016, se realizó un referéndum en Bolivia. El objetivo del mismo era la aprobación o negativa del proyecto de modificación del artículo 168 de su Constitución. Se planteaba entonces si la ciudadanía  le permitiría o no al Presidente y al Vicepresidente  del Estado Boliviano postularse a ser reelectos en sus respectivos  cargos. El resultado a la gran consulta fue un rotundo NO -o rechazo- a la modificación propuesta.

Pero no obstante haber tenido una repuesta negativa y contundente del pueblo boliviano, el 29 de noviembre del 2017 el hoy exPresidente Evo Morales insistió en su pretensión. Y para ello, se  valió de leguleyismos, usando al Tribunal Constitucional de Bolivia como bufete privado de la Presidencia. ¿0bjetivo?:  sentenciar positivamente en contra de la voluntad ciudadana, para contrariar la decisión inicial del pueblo y aplastar el espíritu  constitucional. De esa manera, lograba luz verde y/o autorización para que el Vicepresidente  y el Presidente de la República pudieran  postularse  a reelecciones indefinidamente.

Con ello, entonces, el reclamo de Morales  se consagró. Logró nada más y nada menos  que, como lo planteó ante el máximo Tribunal,  se le respetara su “derecho humano” a ser Presidente cuantas veces lo decidieran los votantes, previa proposición de los candidatos.

El tsunami de mar de fondo, entonces, llega a Bolivia cuando Evo Morales se postula nuevamente, y por tercera vez, para las elecciones efectuadas 20 de octubre del 2019. Lo hace, obviamente, contrariando a la Constitución y a la voluntad de la mayoría de los bolivianos. Pero, y como si eso no fuera suficiente, al no recibir el respaldo deseado, intenta imponer unos resultados a todas luces fraudulentos.

Todo termina convirtiéndose en unas elecciones crispadas, conflictivas, de  resultados amañados, a decir de la autoridad escrutadora,  y eso da paso a un escenario que provoca la propuesta de la participación de la 0rganización de Estados Americanos (OEA), en un intento desesperado por concluir en una solución transparente, a partir de una auditoría  que arrojara una verdad inobjetable. Sin embargo, aquella alternativa que pasó a ser solicitada y admitida por el mismo Evo Morales, quizás creyendo poder construir un engaño colectivo dominante, terminó sentenciando un fraude electoral.

Seguidamente, se dispararon todas las alarmas en Bolivia. Estalló un enorme conflicto social, además de múltiples protestas de partidarios y de opositores, luego de que se denunciara el fraude. El hecho causó violencia, heridos, fallecidos  y múltiples pérdidas materiales. Mientras que  Evo Morales, al verse descubierto, bajo el pretexto de querer evitar más violencia y verse en peligro de ser detenido por el fraude cometido, renuncia públicamente a la Presidencia y huye del país, para luego acogerse al asilo político que le otorga el Gobierno de México. 

Desde este último país, y ya en condición de asilado, el renunciado Presidente declaró que su salida y renuncia se debió a un golpe de Estado. Es decir, a una situación difícil de entender, sobre todo después que hacer sido acusado de haber sido responsable de un enorme y descarado fraude electoral.

En relación a la situación de Venezuela,  que ya lleva 21 años de conflictos sociales, batallando contra la imposición ideológica de un régimen comunista al que siempre se le ha identificado  como Socialismo del Siglo XXl, el motivo de dicha conflictividad ha estado precisamente asociado a todo aquello en lo que se ha traducido dicha fundamentación ideológica. Ha sido, básicamente, en  una situación de crisis humanitaria, producto de lo que es hoy Venezuela: un país en estado de ruina, de pobreza y de hambre, y hasta de pobreza crítica según parámetros de las Naciones Unidas.

Por supuesto, ante dicha situación, Bolivia, definitivamente, le  ha dado una gran lección a los venezolanos, quienes no la pueden ignorar. Sobre todo porque, con un hecho inobjetable e indiscutible, ha demostrado que la solución a la gran tragedia venezolana tiene que venir de adentro. El apoyo de afuera vendrá, pero una vez que la ciudadanía venezolana haya actuado internamente.

Es deber y obligación de los venezolanos  resolver sus propios problemas. Al igual que en Bolivia, las Fuerzas Armadas venezolanas tienen que estar sujetas al mandato de la Constitución de  la República Bolivariana  de Venezuela; asimismo, a la defensa y protección de los ciudadanos y del territorio nacional. Y, de igual manera, como lo contempla la misma Constitución,  sin obediencia a expresión partidista alguna,  ni mucho menos de naturaleza ideológica.

Democrática, pacífica y civilizadamente:  la única salida tiene que ser electoral. La solución factible tanto para el actual Gobierno de Nicolás Maduro, como para la gran sociedad civil opositora, debe ser  permitir electoralmente que sea el pueblo el que dé su veredicto. De no hacerlo así, la solución pudiera ser dada por un enfrentamiento de inestimables consecuencias y pronósticos. Y llegar hasta allí, desde luego,  sí pudiera obligar a una intervención internacional muy cruenta. Si fuera así, lamentablemente,  los únicos perdedores serían todos los venezolanos.

El primer paso en positivo ya dado por la Asamblea Nacional ha sido iniciar el proceso para elegir un Consejo Nacional Electoral imparcial y confiable. De igual manera,  sanear y depurar el Registro Electoral Permanente, eliminando toda posible distorsión, para luego convocar a unas elecciones libres, transparentes y supervisadas por organismos internacionales pertinentes.

De parte de la sociedad civil opositora, convocar y lograr la unión de toda la oposición en un solo comando, nominando un único candidato para cada posición electoral. En un acto de patriotismo, es indispensable deponer todo interés personal o partidista, y ponerlo al servicio y en beneficio del país, con un único interés primario. Pero, además, que los venezolanos se dediquen, como un solo pueblo,  al  reencuentro  en paz y de la  reconstrucción del país, propiciando el regreso y reencuentro de millones de familias venezolanas, para cumplir con el gran compromiso de la reconstrucción nacional.

No se puede seguir argumentando ni pensando en no participar en elecciones. Eso ya se ha hecho y los resultados han sido nefastos, Bolivia lo demostró: en la unión y en la perseverancia, el fraude no tiene opción ni cabida. Pero, además, el que lo intente fraguar, se atiene a las consecuencias y que Dios lo ampare, porque el pueblo no lo perdonaría.  Y sería perseguido a nivel nacional  e internacional.

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