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Carestía de gasolina

De niño la palabra carestía tuvo para mí un único significado, asociado a lo caro, a lo costoso. Fue unos cuantos años después leyendo el Quijote, en uno de los pasajes de “enseñanzas” a Sancho, cuando advertí el otro significado, el de escasez, es decir carencia. La gasolina entre nosotros nunca adoleció ni de la una, ni de la otra. Ni escasa, ni costosa.

En febrero de 1989 recién tomada posesión de la presidencia por segunda vez por parte de CAP, un aumento del precio de la gasolina parte de un programa de ajuste económico sobre cuya idoneidad no pienso detenerme, desató un “estallido social” que trajo también una fuerte represión, que ha sido invocada como “justificadora” de los alzamientos militares de febrero y noviembre de 1992.

La supuesta “espontaneidad del estallido social” en Caracas en 1989 vino a quedar al descubierto 30 años después, con el estallido “también espontáneo” en Santiago de Chile el año pasado, con la presencia física de Castro en Caracas porque CAP estaba entre quienes estimaban “políticamente correcto” congeniar con Castro; quien estando muerto ahora sólo pudo hacerse presente simbólicamente en Santiago, como resultado de “la ira del pueblo” tantas veces invocada por el marxismo, como justificadora de toda agresión frente a quienes no comparten su ideología, ni sus acciones.

JVG, que no es santo de mi devoción, en una ocasión cuando se le presentó un decreto para rebajar el precio de las caraotas lo rechazó diciendo: “el precio de las caraotas no se baja con decretos, sino con más caraotas”. Tenía claro que lo que abunda se coloca al alcance de todos, lo que significa que su precio no le hace peso a quien lo quiere adquirir porque se ha abaratado.

Ahora, en realidad más bien desde hace ya algún tiempo largo, Venezuela sufre una escasez de gasolina, que se pone de manifiesto con el cierre de las estaciones de servicio en las cuales se surten los consumidores, mientras llega con retardo el suministro, pero el precio no se ha alterado, no importa que no haya seguirá siendo barata, es el ingenio del topo, entierra la cabeza y como no ve cree que no pasa lo que está pasando, ni siquiera existe, lo niega. Toda esta explicación es para informar a quien me lea, que uno de los oráculos del gobierno, el señor ¿debo llamarlo señor? Mario Silva, para explicar el cierre de las estaciones de servicio, donde se expende la gasolina, en lugar de darnos una explicación, nos lanza un reto nos dice “¿por qué vamos a tener las bombas abiertas?”. Tiene razón. ¿POR QUÉ o PARA QUE?

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