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Complejidades y Compromiso para Alcanzar un Acuerdo Nacional e Internacional

El Contexto y las Demandas Reales

Desde hace un tiempo se venía discutiendo en Venezuela la participación de la oposición política en los comicios legislativos de finales de este año, pautados para el 6 de diciembre 2020. La decisión oficial mayoritaria ha sido la de no participar por considerar los comicios fraudulentos y faltos de garantías, señalamientos que ha soportado una muy buena y representativa parte de la comunidad internacional. Sin embargo, esto también ha puesto de manifiesto la no existencia de unidad de la oposición política, la cual ha mostrado sus discrepancias, haciendo aún más difícil encontrar una solución al conflicto venezolano. 

Pareciera que de no pasar algo extraordinario o que no es visualizable hoy día, las elecciones se realizarán y el chavismo ganará la mayoría en la Asamblea Nacional, retomando así el control perdido en 2015, cuando la oposición las ganó ampliamente con mayoría calificada que no pudo ser utilizada por los obstáculos y desconocimientos que fueron puestos en el camino por la institucionalidad gubernamental.  Las garantías exigidas por la oposición y la propia comunidad internacional para las elecciones de este año no han sido satisfechas por del Gobierno Nacional, el Ente Electoral ni ningún otro órgano nacional, pero ha avivado las dudas acerca de la efectividad de la decisión de “no participar”. Luego de lo ocurrido en 2005, donde la oposición cedió el espacio legislativo al chavismo y le permitió al Presidente de ese entonces, Hugo Chávez, avanzar fácilmente con el proyecto del Socialismo del Siglo XXI, tales dudas adquieren mucho sentido.

Ahora bien, las dificultades que atraviesa Venezuela van mucho más allá de lo electoral en cuanto a realizar elecciones confiables, transparentes y creíbles para todos. Se hace necesario un acuerdo nacional entre los principales actores políticos, sociales y económicos nacionales. No obstante, ello por sí solo no parece suficiente ni garantizaría la paz, la convivencia y la independencia que requiere el país, si este no va acompañado de un acuerdo internacional que persiga los mismos objetivos. Es en este último acuerdo donde está la particularidad del caso venezolano que lo diferencia de muchos otros acuerdos de paz; es decir, cómo lograr integrar a los factores externos para buscar una solución verdadera y durable.

Necesidad de un Acuerdo Nacional e Internacional para Venezuela

Reflexionando de cara al venidero aniversario de la firma del Acuerdo de Paz en Colombia (originalmente del 26-09-2016 y posteriormente modificado el 24-11-2016), surge la pregunta de si Venezuela requerirá también de un acuerdo y de ser así quienes deberían participar y qué características debería tener. Incluso, se plantea qué hacer para que el eventual acuerdo pueda llegar a ser, como se mencionó antes, “verdadero y durable”.

Sin entrar a discutir cuántos acuerdos a escala mundial han exigido lo que demanda la Venezuela de hoy, sus complejidades harían el suyo si no “único”, si “casi-único”. En el caso venezolano, los actores involucrados debieran ser muchos (con intereses muy complejos), donde lo geopolítico e ideológico-filosófico-doctrinario resultan en un punto crítico del juego de poderes internacional, especialmente cuando se piensa en EEUU, Rusia, China, Irán y Cuba en particular (los grandes soportes del Gobierno chavista venezolano). Cada uno de estos países requeriría una consideración particular en un acuerdo.

El problema es que el acuerdo podría (o debería) demandar, mas allá de gobiernos, el involucramiento de grupos considerados terroristas y guerrilleros, quienes como se ha señalado en múltiples oportunidades, hacen vida en el país, entre ellos Hezbollah y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). De manera particular, Hezbollah podría ser parte del planteamiento para el comienzo de la negociación de un acuerdo que ponga fin al conflicto venezolano, independientemente de que podríamos intuir cuál sería la posición de Hezbollah. La relevancia de esta consideración es porque se ha señalado que existen células de Hezbollah en territorio venezolano que amenazan la paz de occidente (EEUU). Pero ello no queda allí, existe un estado (gobierno venezolano) acusado de criminal y de estar vinculado al narcotráfico internacional. Obviamente, esta complejidad del caso venezolano requeriría que un eventual acuerdo sobre Venezuela pase por levantar la doctrina de que “con criminales no se negocia”, algo particularmente complicado en la Venezuela de nuestros tiempos.

Por su parte, esta complejidad demandaría también la participación del Gobierno de Colombia, puesto que bien es sabido que existe una permeabilidad muy manifiesta en la frontera con Venezuela que le ha permitido a la guerrilla y al narcotráfico de ese país pasar de un lado al otro y asentarse en territorio venezolano.

En un eventual acuerdo debería estar también presente EEUU como “parte interesada” y sobre quien recae una gran amenaza geopolítica de dominación por parte de otros potenciales participantes, especialmente China, Rusia e Irán. Está en juego la lucha por la supremacía occidental en la región, la amenaza a la seguridad nacional de los EEUU, el poder económico y el terrorismo internacional, pero también la incursión en la región de otras culturas e intereses. Y esto no debería ser indiferente para el resto del mundo occidental e incluso del Medio Oriente, Japón y Latinoamérica, en particular.

Obviamente que Cuba no podría ni debería ser garante de estos acuerdos como ocurrió en el caso colombiano, simplemente porque Cuba es parte directamente interesada en el conflicto. Ello plantea la necesidad de negociar con el gobierno cubano.  

Planteadas así las cosas, el rol que podría jugar la ONU en unas negociaciones y acuerdo tan complejo debería ser clave y determinante en el logro de una salida satisfactoria, siempre que los órganos regionales también tengan cabida en dichas negociaciones.

La sola presencia del problema de narcotráfico entre América Latina y Norteamérica demanda que en un potencial acuerdo que se firme se incorpore al menos a México y Honduras, al igual que algunas islas del Caribe, ruta tantas veces señalada y reconocida de narcotráfico en la región.

Cabe preguntarse si es posible un acuerdo cuando en el centro del debate está la pugna por el reacomodo geopolítico y de dominación que se observa en el ambiente internacional y regional, amén de los intereses sobre los recursos naturales de Venezuela. Pregunta totalmente pertinente.

Lo cierto es que con un acuerdo nacional solamente no es suficiente, simplemente porque sería irreal y seguramente no resolvería mucho. Se requiere también de un compromiso internacional (imprescindible) al menos entre los principales actores, puesto que lo que está en juego es la paz e incluso la sobrevivencia de Venezuela como nación, ya de por sí bastante amenazada. La existencia de una nación demanda unión e identificación de sus ciudadanos y un proyecto país, autogobernable e independiente de intereses foráneos.

Por otra parte, las negociaciones no deberían tener, en principio, “un plazo fijo”, pero tampoco puede ser un plazo “al infinitum”, pues el dolor y las consecuencias del conflicto ya lleva dos décadas. En el ínterin, muchas son las garantías inmediatas que deberán dar las partes interesadas/involucradas/afectadas por el conflicto, si se quiere tener éxito. Incluso, podría pensarse en realizar negociaciones por fases a tiempos determinados que vayan incorporando progresivamente a los distintos actores atendiendo a ciertas prioridades, hasta llegar a los grupos más radicales y extremistas, a sabiendas de que estos muchas veces actúan al amparo de otros actores.

La ONU debe, de manera determinada, ser firme en poner toda su disposición, fuerzas y mecanismos de presión de que dispone al servicio de la resolución del conflicto venezolano, especialmente porque su no resolución puede llevar a situaciones más complejas en el mundo. No obstante, nunca faltaran aquellos que consideran que algún grado de fuerza habrá que utilizar para combatir y erradicar a grupos extremistas que se nieguen a cooperar con la búsqueda de la paz. Las labores y acciones que adelanten la ONU y los aliados internacionales deben ser determinantes y ejemplarizantes para erradicar las actividades terroristas en el mundo, no solo en Venezuela.

Es muy probable y lógico que en un acuerdo nacional e internacional no se podrá complacer todos los intereses de las partes, menos aún de aquellos que favorecen “una salida de fuerza”. Eso sí, forzaría a sentar en la mesa a “todos los que deben estar”. Realistamente, tal vez no sea posible incorporar a grupos que actúen al margen de la paz,  pero el esfuerzo no puede dejar de hacerse.

Ciertamente, a los partidarios de la firma de un acuerdo de paz se les plantea el gran reto de incorporar a los grupos criminales-terroristas-anárquicos, si se desea alcanzar un acuerdo útil y efectivo. Entonces, hablamos de un acuerdo que se vería retado por el uso de la fuerza de ser esta requerida para que el mismo sea exitoso, poniendo de manifiesto las voluntades de negociación de las partes. Si bien ese sería un escenario crítico, habría que atenderlo en su total dimensión en el momento que se plantee y con los mecanismos nacionales e internacionales disponibles.

La factibilidad de un acuerdo de paz, un pacto político y social, o un compromiso de convivencia, debe evaluarse porque lo urge la situación venezolana. En definitiva, Venezuela requiere una garantía de convivencia de largo plazo. Por el país y sus habitantes bien vale la pena explorar opciones, por más idealistas e inalcanzables que parezcan hoy día, … sin caer en ingenuidades o manipulaciones. 

Importante es que las negociaciones y el acuerdo deberían avanzar en paralelo con condiciones electorales aceptables, creíbles, transparentes y justas por respeto al ciudadano venezolano, y deberían ser independientes de quien salga favorecido en los distintos procesos. El avance y concreción de las negociaciones y el eventual acuerdo se necesitaran “antes, durante y después de cualquier elección”.

Pero independientemente de si se alcanza o no un acuerdo prontamente, muchos quedaríamos  aliviados con el solo hecho de hacer más evidente que la solución al caso venezolano requiere la cooperación internacional, pues ello abonará en favor de una salida de compromiso, justa y real.

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