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Contradicciones vitales de Sebastián Piñera 1/3

Este término de acuerdo a la RAE tiene una amplia gama de sinónimos, tales como: incompatibilidades, contrariedades, contrasentido, incoherencias, extravagancias, sin razones, etc., las cuales calzan perfectamente con la personalidad de nuestro mandatario. Características que hacen que este tema sea inagotable, tanto o más que sus continuos chascarros e improvisaciones, que no en vano han sido denominadas “piñeracosas” y que distan mucho de su amplia y reconocida capacidad y tenacidad para dirigir y hacer negocios y fortunas, aun cuando varias de ellas han estado cubiertas de una espesa neblina, y que muchos dejaron pasar porque era el mal menor. Errada apreciación que ahora se lamentan, pero la leche ya está derramada y como dice el refrán criollo “hay que arar que con los bueyes que tenemos.”

Y a propósito de refranes criollos, hoy lamentamos la partida de uno de los más grandes personajes de la política chilena de los últimos 60 años: don Sergio Onofre Jarpa Reyes, hombre de campo, chileno de tomo y lomo, que jugó un papel extraordinariamente importante en las pasadas décadas: Desde muy joven, a los 17 años, fue parte de la Alianza Popular Libertadora que apoyó la candidatura presidencial de Carlos Ibáñez del Campo; más tarde integró las filas de la Vanguardia Popular Socialista; durante el gobierno de González Videla, fue un duro opositor a su gestión; dirigente de la juventud Agrario-Laborista, desde donde nació poco después el Partido Nacional Agrario; en la década de los sesenta presidió el Movimiento de Acción Nacional y luego se integró al Partido Nacional que reunió a dirigentes nacionalistas, conservadores y liberales, llegando luego a ser su presidente; bajo la presidencia de Salvador Allende fue un importante líder opositor al gobierno, gestando la formación de la Confederación Democrática, una alianza de partidos de centro y derecha; colaboró en la fundación del diario opositor Tribuna y en 1971 fue elegido como regidor por Santiago en las elecciones municipales; y dos años más tarde electo como senador por la misma suscripción.

Durante el gobierno militar fue un activo colaborador: delegado de Chile ante las Naciones Unidas, en 1974; embajador en Colombia y luego en Argentina; ministro de Interior en el período más crítico del presidente Augusto Pinochet, entre 1983 y 1985. Más tarde junto a sectores gremiales, fundó el Frente Nacional del Trabajo, que se integró a Renovación Nacional, siendo uno de sus fundadores, llegándolo a presidir entre 1987 y 1990. Luego del triunfo de la oposición en el plebiscito del 5 de octubre de 1988, participó en las negociaciones constitucionales que derivaron en importantes reformas a la Carta Fundamental. Culminando su carrera política nuevamente como senador por la región del Maule entre 1990 y 1994.

Con justa razón ha sido calificado como un verdadero animal político. No hay duda que lo fue. Por ello, llama poderosamente la atención que el actual presidente de la república, que pertenece al mismo partido en que militó Onofre Jarpa, no haya tenido en forma oportuna palabras de reconocimiento y/o agradecimiento hacia su persona, las que, no obstante, ha observado en cambio para personajes de la izquierda tanto nacional como extranjera, como lo recordara hasta una diputada del partido comunista a través de Twitter.

En la última década se ha decretado duelo nacional por el fallecimiento de presidentes extranjeros como Kirchner y nada menos que por Hugo Chávez; por el ex senador y embajador en Argentina, Adolfo Zaldívar; y por los compositores y artistas chilenos Vicente Bianchi y Lucho Gatica. Sin embargo, don Sergio Onofre Jarpa que fue senador de la república en dos ocasiones y embajador en dos países, no ha tenido el mismo reconocimiento, no obstante ostentar con creces todos los méritos para que la nación entera le rindiera ese tributo. Un homenaje tardío y frío, realizado en La Moneda en la tarde del 22 del presente, al parecer producto de la presión de diputados de Renovación nacional, dio como resultado este parto con fórceps, donde el presidente Piñera reconociera sus méritos, destacando en especial su liderazgo para enfrentar al gobierno de la Unida Popular; la apertura del camino al diálogo para la transición a la democracia como ministro de Interior del gobierno militar. Valoro, sin embargo, que tuvo el coraje de reconocer las legítimas diferencias que tuvo con su persona, pero que siempre apreció su calidad humana, fortaleza y su profundo amor por Chile. No quiero ser mal pensado, pero… ¿habrán sido esas legítimas diferencias que hayan influido en la falta de reacción para tributarle el homenaje que realmente se merecía?

Muchos dirán es el pago de Chile, pero no, yo creo que somos mayoría los chilenos, independientes, dirigentes políticos de derecha y aún de la izquierda, que reconocemos el importante aporte dado por don Sergio a la democracia de nuestra nación. Tuve el agrado de conocerle y valorarlo como persona y político mientras él se desempeñaba como ministro del Interior y yo, en la Subsecretaría General de Gobierno durante la presidencia de mi general Pinochet, y dadas las estrechas relaciones entre ambos ministerios, pude apreciar y constatar los tremendos esfuerzos realizados dado su liderazgo, para limar las asperezas con la oposición.

Ha partido un grande, un baluarte de la política chilena, de los que se extrañan ahora, por no decir que no hay o son muy pocos. Y no ha tenido por parte del gobierno el trato que se merecía.

Gracias don Sergio y desde lo alto siga iluminando a nuestra patria, que tanto falta le hace.

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