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Defenestrar a Guaidó

El embajador Emilio Figueredo, ha escrito un editorial de rotundidad absoluta y se ha preguntado en voz alta, acerca de los aspirantes a nuevos miembros de la conspiración que llamada por Mirtha Rivero, «La rebelión de los náufragos«, estremeció al país, develando las maniobras y el «golpe judicial» de los promotores de la defenestración  contra CAP  y la democracia alternativa, promovida en 1993.

Tales argucias, sólo condujeron al aventurerismo ramplón y a la complicidad que un hábil gorila demagogo, aprovechó y convirtió en cadalso, para quienes incluso le apoyaron y ya, en el poder se han encargado de dirigir contra quienes le adversan, en uso de diversas autoritarias formas, al compás que le dictó el gangsteril «barbazas del Caribe”, Fidel Castro.  

Con su fina ironía, Figueredo advierte a «logreros e ingenuos«,  que la «nueva cosiata» está en marcha y ya ha sido  descubierta. Los tiros por mampuesto son una especialidad de golpistas y usurpadores.

Para   financiarlas,se han valido  de las arcas públicas y también de sus ya menguados testaferros. Ya no le son útiles sus artillerías verbales. Estas  comenzaron a languidecer, con la desaparición de su irreverente vocero que pedía «no lo juzgaran por lo que decía, sino por lo que hacía» y el hado implacable le complació: allí están las ruinas en las cuales dejó a Venezuela, para desnudar su incompetencia, irresponsabilidad y anti patriotismo.

Ahora, abordemos el presente.

El Diputado Juan Guaidó es legítimo en su origen. La fementida paradoja de «convocatoria y elección presidencial de 2018«, fue repudiada por ilícita y mendaz. Su falta de reconocimiento internacional, suficientemente ratificado no está en duda.

La solidaridad plena con nuestra causa democrática, además, se fundamenta en los informes  de diversas agencias dependientes de organismos de Derechos Humanos que revelan la existencia de un “estado fallido”, cuyos responsables y en particular el usurpador de turno, han magnificado, al extremo de provocar una diáspora y una hambruna que ha hecho a la Organización de Naciones Unidas, por medio de la Oficina del Alto Comisionado en esa materia, calificar al país, como una nación en situación de “crisis humanitaria compleja«.

Ciertamente, observar y cuestionar el desempeño del presidente (e) Ing. Juan Guaidó es una tarea útil, a los propósitos de la nueva gobernabilidad que el país demanda; siempre y cuando, se realice con elementos de convicción que, además de la presunción de inocencia, propicien la obtención de resultados para determinar responsabilidades en los casos a los que hubiere.

En ese sentido, todos los venezolanos debemos contribuir dando un  nuevo giro a nuestras conductas, fundamentadas en la ética.

De esta forma, apelar al escándalo sin fundamento para justificar  lo que ha sido práctica perversa  de los antiguos «logreros y de  los ingenuos«, es el camino más corto a pavimentar para los ambiciosos armados que existen a la sombra, donde «siempre trabaja el crimen«, en justa reflexión de  El  Libertador.

La defenestración de Juan Guaidó es un acto vil y artero. Sólo contribuye a perpetuar a una cáfila de improvisados “palometas de letrina”que asaltaron la cosa pública solo para medrar de ella y apuntalar un antimodelo de perpetuidad en el poder mal habido.

Perversa y reprobable conducta ante la posteridad, de quienes insurgieron a la vida pública,  identificándose como bolivarianos y armados, como Carujo; cuando  intentaron derrocar a un presidente legítima y democráticamente electo como CAP.

Bolívar desde la inmortalidad les apostrofa su  hipocresía histórica.

El 15 de febrero de 1819, en su discurso de presentación de la constitución en Angostura afirmó:

La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos. Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el Poder. El pueblo se acostumbra a obedecer, y él se acostumbra a mandarlo de donde se origina la usurpación y la tiranía…»

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