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¿Ejército de los Castro o de la República?

La columna vertebral de la dictadura cubana han sido los militares y no la Seguridad del Estados como tiende a creerse. Tampoco se ha sostenido sobre el inefable Partido Comunista.

Más del 70 % de la alta dirigencia isleña es de extracción castrense, e igualmente un número considerable de miembros del Comité Central del Partido son militares.

En el mismo año 1959, se apreciaba que los militares asumían el control, mientras los civiles abandonaban el gobierno o eran desplazados.

No era difícil darse cuenta de la militarización de la sociedad. Los comandantes se convertían en ministros, la sociedad cada día parecía más un cuartel y  en cada crisis el militar se vestía de civil y ocupaba el puesto del funcionario que había sido defenestrado.

En 56 años de dictadura, el ejército ha tenido una línea de mando sin quebrantos visibles (posible excepción caso Ochoa) lo que expresa una estabilidad y fidelidad no igualada en otros organismos, incluyendo el ministerio del Interior.

Los apetitos imperiales de los Castro siempre fueron satisfechos por los militares que de manera encubierta, o actuando como gendarmes internacionales, intervinieron en tres continentes sin que se produjeran cuestionamientos a los dictados del tirano.

Siempre han mostrado disciplina, deseo de servir, una mística de gloria, u otro sentir que cohesionaba e impedía trágicas fracturas.

Las fuerzas armadas del régimen de los Castro aparentan una inquebrantable lealtad. En ellas habrá quienes lo hagan por devoción al “máximo líder”; otros por la pasión que les embargó cuando cumplían funciones pretorianas a miles de millas de las costas de Cuba, y quizá haya quien sirva por convicciones políticas.

Pero el tiempo ha pasado, las medallas han perdido brillo y los vientres se han extendido junto a las artritis físicas, pero también morales que debe causar el haber construido un edificio que se derrumba y cada día se parece menos a lo que muchos de sus constructores, particularmente los militares, proyectaron.

Es de suponer, que en Cuba, solo por el conocimiento de lo que ha sucedido en otros cuerpos militares que se identificaron con dictaduras y que en un momento determinado fueron factores fundamentales en su derrocamiento, haya un grupo de militares con sentido común que se percate que de no impulsar cambios,  el país se hundirá mas en el tremedal en que se encuentra y en consecuencia,  ellos perderán sus privilegios.

No obstante no debemos perder de vista que los ejércitos formados en los desaparecidos países socialistas no intervinieron en la caída de los gobiernos del bloque, si exceptuamos el fugaz episodio del golpe de estado contra Mijail Gorbachov.

El actual aparato militar cubano fue creado en 1959, por los Castro, a diferencia de los ejércitos ya constituidos que encontraron Adolfo Hitler, Benito Mussolini o el Ayatola Khomeyni, entre otros.

En consecuencia es lógico creer en la galvanización de las fuerzas militares alrededor de sus líderes, lo que ha permitido establecer en la isla un régimen político-militar sin antecedentes en el hemisferio.

Sin embargo, los fracasos subvierten valores y fidelidades al igual que se producen “fatigas” en los metales, y en Cuba, indudablemente, los fiascos han hipotecado el presente y futuro del individuo y la sociedad.

Tampoco se puede pasar por alto una realidad. Un numero de altos oficiales en activo y en condición de retiro, dirigen empresas millonarias usufructuando esas riquezas, un factor que puede influir en su «lealtad»
 
Sin embargo otros ejércitos, caudillistas o profesionales, en situaciones similares, han originado crisis terminales en las dictaduras.

El derrocamiento del portugués Marcelo Caetano, después que el ejercito sirvió al dictador Oliveira Salazar por más de 30 años. En Egipto, el ejercito derrocó al rey Faruk I. En Italia Mussolini tuvo serios problemas con las Fuerzas Armadas en los últimos años de su gobierno.

Otro ejemplo de que la totalidad de una fuerza armada no es absolutamente leal a su comandante en Jefe aunque aparente lo contrario, fue el sector de los militares germanos que servía al Tercer Reich pero que se sumó a la operación Walkiria.

Estos militares que habían combatido y arriesgado la vida por Hitler  decidieron derrocarlo cuando se percataron que el país se hundía y que la victoria no era posible. En consecuencia el 20 de agosto de 1944, ejecutaron en la persona del conde Staumferberg, un atentado contra el jerarca nazi.

Ejemplos hay de obediencia y rebeldía a través de la historia, por lo qué cabe preguntarse. ¿Enfrentaran los Castro una operación Walkiria, que haga temblar la dictadura hasta destruirla, o los militares cubanos continuaran actuando  en contra de sus propios intereses al persistir en apoyar un régimen que no cuenta con el respaldo de su pueblo y que ha fracasado en todos sus proyectos?.

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