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El excremento de la revolución

Resulta casi imposible reconocer que el producto de un régimen político desesperado por el miedo de verse descubierto ante exabruptos cometidos bajo el influjo del sarcasmo, del encono y del desconocimiento respecto de lo que implica adelantar una gestión de gobierno en el plano de lo que la doctrina jurídica y la teoría política predican, pueda convertirse en razón de peso para resolver objetivos políticos, sociales y económicos trazados como oferta electoral. Tampoco podría fungir como articulación entre oportunidades, situaciones y recursos apegándose de esa manera, a lineamientos políticos de base. Mucho menos, podría utilizarse como blasón del partido político que sirvió de palanca para impulsar candidaturas que luego consiguen el poder buscado.

Todo se reduce a un mero remedo de lo que cabe en los preceptos que fijan el concepto de “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia”. Los actores, agentes y activistas políticos, actúan subordinados a una única orden dirigida a extremar las medidas establecidas desde la cúpula política. Ello, en el fondo, es procurado con la intención de someter toda expresión de libertad que pueda chocar con el ideario de quienes se desenvuelven como representantes de la decadencia nivelada en las alturas del poder político usurpado.

Esos propagandistas de oficio, operan a sus anchas al exceder la proporción de las pretensiones gubernamentales. De esa forma, ejercen lo mejor de su trabajo. O sea, la adulación entendida cual filosofía de rastrera vida.  Así, el encandilado régimen (alto gobierno, en el lenguaje culto de la ciencia política) se ufana de radicalizar su patrón o guía de acción política. Es lo que acontece en Venezuela. Tal cual.

El problema en particular, se acentúa cuando mediocres funcionarios suponen que recargando el peso de la agresión expuesta en forma de decreto-ley o sentencia judicial, la manoseada “revolución” lograría la “refundación de la República”. Pero no a instancia de lo que transcribe el preámbulo de la Constitución Nacional cuando así lo declara. Es a semejanza de lo que el fascismo, tanto como el fundamentalismo o el oscurantismo, promueve para castrar el pensamiento libertario de quienes se atreven a exhortar lo que abona la democracia en la amplitud de sus consideraciones.

Lo anteriormente descrito, vale a manera de preámbulo a lo que pareciera ser una táctica de grosera intimidación, elaborada por furibundos personajes del pasmado régimen, hacia la universidad autónoma venezolana. Concretamente, hacia la Universidad Central de Venezuela. Cometido éste, en una fase de inicio pues luego -seguramente- replicarán tan perversa medida en el restante universo de universidades autónomas y experimentales.

Todo esto tiene un propósito descaradamente político pues la decisión no soportaría impugnación jurídica alguna por cuanto se le vería la costura al horrendo traje rojo-verde oliva. Además, de mala manufactura.

La cuestionada sentencia No. 324, preparada con la mayor alevosía posible por la Sala Constitucional del Tribunal supremo de Justicia, publicada el 27 de Agosto pasado, es la más expresiva demostración de la saña del régimen para terminar de acabar con la institucionalidad sobre la cual se ha deparado el andamiaje funcional de Venezuela. Estructuras éstas, ya reventadas por la polilla política. Otras, por la corrosión propia de ambientes agrestes propiciados por la conjugación del desarreglo, la corrupción y la impudicia sobre la cual se ha erigido el abuso confiscatorio y extractivo de cuanta propiedad empresarial, agraria, pecuaria, inmobiliaria, pecuniaria o de cualquier otra índole económica, se encuentre en el paso de la revolución bolivariana.

Claro está que de dicho azote, la Universidad autónoma, crítica y democrática, no escapa pues nunca ha dejado de ser objeto de ataque. Donde ésta se localice o esté situada. DE hecho, la historia universal así lo ha dejado ver. Sobre todo, frente a gobiernos influidos y movilizados por el totalitarismo energúmeno o el autoritarismo cretino. Y el caso Venezuela, no sería la excepción. Aunque igualmente, la historia es indicativa de la lucha que en el tiempo ha sabido dar la Universidad y así allanar el terreno del triunfo sobre reconcomio anti-universitario.

En cualquiera de los momentos que configuraron la redacción de dicha sentencia, está de bulto la cobardía que emerge de cada palabra que formaliza tal documento. Es imposible que la intención de la misma, esconda el encono e iracundia que pone al desnudo el resentimiento de un régimen que busca demoler todo. Y este rencor, pudiera durar hasta que sólo se vea un país árido y expuesto a la inclemencia de un paisaje político cubierto de miseria, desesperanza e ignorancia.

Es casi como apostar a vivir entre perros del odio y animales carroñeros. Al momento último de todo lo que de tan enrevesada situación podría derivarse, as realidades oscurecerán todo a su paso. Sería como ser obligados a aceptar cuanta desfachatez, establezcan las cuentas y planes del régimen. Sin duda, es como manipular al venezolano para que se habitúe a depender de las migajas del socialismo. Ello, implicará embadurnarse con el excremento de la revolución.

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Un comentario

  1. Juan Pablo Perez Alfonzo, ministro de Petroleo de Venezuela a principios de la decada de 1960, tenia una descripcion mas vivida. » Es el excremento del diablo «, declaro en 1975. «Nos estamos ahogando en el excremento del diablo».

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