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El Gran Teatro Del Mundo: La Casa de Bernarda Alba

Pablo Brito Altamira

Era una vez un poeta

Que no lo mató la muerte

– Eladia Blázquez

 

Como si de El Aleph de Borges se tratara, uno cruza el umbral que conduce desde el vestíbulo del Laberinto del Cíclope a la sala de teatro y se encuentra, de manera embrujada e irreversible, en una casona de Andalucía, en el momento del funeral del segundo esposo de Bernarda Alba. Escribe Federico: «Es verano. Un gran silencio umbroso se extiende por la escena.»

Entonces tres fuertes golpes de bastón rompen el silencio y la ilusión se transforma repentinamente en realidad, en esa realidad más real que la otra que solo el Teatro – el Gran Teatro– puede producir.

A partir de ese instante, Bernarda, 60, alta, altiva, vertical y vertiginosamente severa, reinará como madre y viuda en su soledad acompañada de soledades, las de la abuela María Josefa (Liliana Polesel), La Poncia (Alicia Reilly) su criada y confidente, y las cinco hijas tan parecidas y dispares como los cinco sentidos que transmiten sensaciones, pero están irremisiblemente controlados por el cerebro de su dueña.

Son ellas: Sofía Kukuyát (Adela), Alejandra Barrios (Angustias), María Laura Zerba (Magdalena), Anahí Alvarado (Amelia) y Lucía Franco (Martirio)

Bernarda es dueña de casa y dueña de la situación, dueña del destino de su prole y también dueña de su muy bien escondida vulnerabilidad disfrazada de fortaleza.

Es la heroína de la opresión, es la opresión misma que se trueca en gesto heroico para dar honor y estirpe al más antiguo de los autoritarismos, el del macho sobre la hembra.

Solo un enorme poeta como Federico García Lorca, pudo lograr una síntesis tan precisa de esta deformación de la psique colectiva y prescindir de su frondoso y multicolor verbo que sabía ser profundo y abstruso en Poeta en Nueva York o ligero y hasta pegadizo cuando de cantar coplas lugareñas se trataba.

Irene Bazzano – quien dirige y estuvo a cargo de la adaptación, la puesta en escena y la dirección general del espectáculo- ha trabajado con rigor, esfuerzo y destreza para producir una versión que intenta mantener la esencia de la pieza ahorrando aún más: personajes y situaciones que podrían estar sobra en el ámbito reducido al hueso de un montaje en que no hay nada más que letra poética y actuación. Lo intenta y lo logra, a fuerza de talento y gracias al trabajo de sus actrices, que acudieron de los más variados orígenes urbanos y académicos para conformar de inmediato una familia en la que todo se comparte, desde los asientos y espejos en el escueto camarín hasta las tareas de promoción que han mantenido a la obra en cartelera durante cuatro años, resultado que habla de dedicación, de entrega, de pasión.

Vestuario, diseño, escenografía y todo lo demás fueron tareas del equipo, que se rige por el formato de lo que en Buenos Aires se conoce como “cooperativa”. Cada participante del elenco obtiene un puntaje del borderó, la taquilla que se comparte con la sala. Es el secreto – y también el precio- de la extraordinaria proliferación del teatro independiente en la ciudad.

Cada silla y cada prenda de vestuario fueron producto de la magia que aparece cuando no hay recursos para malgastar. Para cada tarea, un amigo o un familiar estuvo disponible alguna vez durante los cuatro meses de ensayo previos al estreno. Parte del encanto radica en eso y es, por así decirlo, impensable en un teatro grande.

Al preguntarle a la directora qué tiene de particular esta Bernarda Alba suya, responde con una ecuación de las suyas, de aplastante lógica:

“Para el que nunca vio Lorca ni lo conoce es una excelente oportunidad de hacerlo, mientras que para el que sí lo conoce y lo ha visto es una ocasión incomparable para reencontrarse con el poeta.”

Lo que es indiscutible es que esta obra, que en versiones ‘completas’ puede ´durar 100 minutos y más, se presenta en una versión de 70 en la que no queda realmente nada en el tintero, lo que es una verdadera hazaña de parte de la directora, que también se luce durante esta temporada con Romeo y Julieta, del bardo inglés y con Venecia, del dramaturgo argentino Jorge Accame.

Uno de los grandes aportes de Irene, en términos de puesta en escena, es ubicar una malla, a modo de reja, que cierra la escena y la convierte simbólicamente en jaula. La obra se desarrolla para el espectador a través de ella hasta el final, cuando la hija menor la abre para realizar su definitiva transgresión anunciada y temida durante toda la obra.

Cristina Sallesses, la actriz que personifica a Bernarda, pasa letra todas las semanas con otras actrices o con su esposo, también actor, y encuentra siempre una palabra, un giro o una acotación que le descubren una faceta desconocida del personaje, una arista nueva del carácter de esa mujer tallada en la piedra que se prohíbe sonreír, porque hacerlo sería poner en riesgo su misión fría y dura de Hera-Hécate incólume, desprovista de todo sentimiento que no contribuya a cumplir con su misión de mantener la ley, la costumbre, la tradición y todas las prácticas consideradas virtuosas de una sociedad sin alma que no puede conocer ni practicar ninguna virtud, porque todas ellas exigen libertad.

Para Cristina, Lorca es un ser excepcional como artista completo (autor, poeta, dibujante, músico…) que dejó una huella imborrable en la humanidad. Y en ella misma, claro está.

Comenta Cristina:

“Por mucho tiempo no me animé a acudir al casting para el personaje, le di cien vueltas, puse mil excusas, hasta que en 2014 me decidí a ir y me seleccionaron.

El camino no fue muy fácil que digamos, porque yo no quería que Bernarda fuera un personaje únicamente rígido, autoritario, represor…sino que se viera que era una mujer en un contexto, con una sensibilidad; una mujer que también podía sufrir.  Irene tenía una idea diferente, pero yo me dejé dirigir (es una característica que tengo) y esperé el momento en que Bernarda pudiera mostrarse como yo la sentía, no débil pero sí vulnerable. Pienso que lo logré. Empecé por la máscara. Toda la dureza, la actitud con las hijas, la cáscara. De fuera hacia adentro fui ensamblando sutilmente la Bernarda opresora con esa otra que sufre tremendamente con la muerte de su segundo esposo, fui encontrando momentos oportunos para relajar su tensión y fui armando algo que en cada función va creciendo y me va haciendo crecer. El reto y la oportunidad se las debo a Irene. Amo esa obra.”

Continúa Cristina Sallesses:

“Fue una experiencia muy distinta a la que experimenté en El Círculo de Tiza Caucasiano de Brecht, donde se imponía una dinámica de otra clase: más exterior, más en contacto con el público…con el desafío adicional de que te tienen que creer y a la vez entender que estás jugando… aquí, en Bernarda Alba, tuve que recurrir a otras herramientas y aplicar un coctel distinto de mis recursos actorales.

Muchas veces me ha ocurrido que cuando paso textos (lo hacemos frecuentemente) la frase que he repetido cientos de veces, de pronto adquiere una connotación nueva e inesperada. Es la fuerza que tiene la palabra para el poeta. Pero además de eso, está el cuerpo y lo que el cuerpo sabe y puede expresar. Lo primero es la postura, que está también prediseñada en el texto.

Como dice La Poncia: “Ella, la más aseada; ella, la más decente; ella, la más alta. Buen descanso ganó su pobre marido”.

Yo ando derecha, pero cuando me siento en la silla, crezco cinco centímetros… ¡que no los crezco!”

Ríe con su sonrisa preciosa, que yo le elogio y a ella le sirve de pie para continuar;

“Mi sonrisa trato de no usarla. Pero los ojos, la mirada, se transforman por completo. Bernarda dice: “nací para tener los ojos abiertos, ahora vigilaré sin cerrarlos hasta que me muera”. Paralelo con Argos, el personaje mitológico de muchos ojos que me sirvió de referente para Bernarda. Su mirada está en todas partes, pero no puede estar en el horizonte ni buscar contacto con la del público. Cuando Bernarda dice “los pobres son como los animales” hice un intento de aplicar una manera semi-brechtiana de mirar a la platea para lograr un cierto acercamiento al espectador:  Irene lo aceptó.”

Sobre la corporalidad y la voz agrega:

“Hay distintas partes del cuerpo que intervienen entre sí para generar diferentes modulaciones con la voz, con la respiración, con las emociones…resonadores que tenemos en el cuerpo, en el esternón, en el plexo solar, por ejemplo. Activarlas en escena provoca algo dentro que amplifica y purifica. Como si fuéramos un árbol que está de tal modo enraizado que permite que sus ramas se muevan con total libertad, sin riesgo. Hay que ser consciente de eso y luego, poco a poco, ejercitarlo… no es fácil, pero con el tiempo, el cuerpo va recordando, in-corporando, haciéndolo carne.

Bernarda es raíz y es tronco y cuando se ve vulnerada o se siente vulnerable se enraíza más y libera la parte de arriba. Por un lado, como madre, y por otro lado como ser auto controlado que no puede soltar más de una lágrima”.

¿Y la memoria emotiva?

“La memoria emotiva la uso cuando la necesito, aunque no soy muy amiga del concepto. En algunos casos puedo dejarme afectar por una imagen, una foto, algo exterior que conecta y sintoniza con los sentimientos del personaje.”

La Casa de Bernarda Alba se logró gracias al trabajo del grupo entero. Todos colaboraron con lo que saben y con lo que pueden aportar: son ocho mujeres. Mujeres arquetípicas que Lorca quiere mostrar en el abanico de los colores femeninos. Cristina completa la recomendación de Irene:

“Si la viste, ven a ver nuestra versión porque la nuestra es distinta; si no la viste, es la ocasión; si la viste y no te gustó, ven también, porque puede que no la hayas entendido”.

Luego explica la intimidad de las actrices entre ellas.

“En el camarín practicamos el “en esta casa no hay un sí ni un no” de la obra.  A conciencia. Hablo solo por mí, pero creo que en el elenco somos todas bastante bravas y nos hemos sabido enfrentar con el machismo y sus abusos, aunque no somos una ONG feminista ni nada que se le parezca. Nuestro punto de encuentro es Lorca, su obra y la dirección brillante de Irene Bazzano, que logra cohesionarnos en torno al trabajo.”

Cristina es lectora asidua de Uta Hagen la legendaria actriz y maestra de actores ( 3 premios TONY)  Su texto “Un reto para el actor” es para ella un libro de cabecera.

Lucía Franco (Martirio en la obra), la vocera del grupo de actrices, explica que el trabajo con Irene fue intenso y variado. Lorca se enseña en la escuela y es considerado un clásico imposible de evadir. A partir del casting inicial, un grupo totalmente heterogéneo de actrices, venidas de distintas zonas de la ciudad, con diferentes historias y concepciones del arte escénico coincidió y las seleccionadas formaron de manera casi inmediata una familia inseparable, como en la propia obra.

Sobre Lorca, comenta:

“Hay que entender lo que dice y lo que quiere decir, y también cómo decirlo y cuándo. Irene establece un mapa de marcaciones y nos hace practicar la ‘escucha activa’ de unas con otras y de todas con la directora, en una calle de múltiples vías. La directora pinta un cuadro previo, que es sólido pero flexible, y va observando cómo el cuadro se transforma para desarrollar nuevas figuras.

Cuando una está allí, en el momento y en la escena, todas tenemos claro que las diferencias de origen y de estilo, de escuela y de método desaparecen, se engranan y la máquina empieza a andar, se va aceitando sola.”

Ficha técnico artística

Autoría:

Federico García Lorca

Actúan:

Anahí Raquel Alvarado, Alejandra Barros, Lucia Franco, Sofía Kukuyàt, Liliana Magdalena Polesel, Alicia Reilly, Cristina Sallesses, Laura Zerba

Música: Urkel

Operación técnica: Santiago Sánchez Manzano

Prensa: Thelma Demarchi

Puesta en escena: Irene Bazzano

Dirección General:

Irene Bazzano

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La Casa de Bernarda Alba es una pieza de colección a la que solo le falta exhibirse fuera de Argentina para cumplir su misión completa. Un símbolo de estos tiempos de la deconstrucción del sistema machista-patriarcal dominante, un grito de rebelión que apela a todas las mujeres: una obra que tiene mucho que decir al mundo y de la que se dirá mucho cuando alguno de los festivales internacionales de teatro la inviten para trasladarse y presentarse en escenarios de otros países.

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* Esta sección pretende entregar una mirada crítica sobre el mundo de las artes escénicas en países de lengua española, comenzando por Buenos Aires y recorriendo otras plazas de Hispanoamérica y España.

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