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El lenguaje de la verdad

La verdad representa uno de los principios que Dios nos ha dado para vencer al mal. La verdad se encuentra indivisiblemente relacionada al lenguaje, a la unidad fundamental del lenguaje, la palabra; la palabra es el origen de todo. Desde el punto de vista teológico la palabra, la acción de la palabra, el verbo, era desde el principio. El apóstol Juan comienza el relato de su evangelio: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.Este era en el principio con Dios.Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”. Una declaración que nos lleva a la profundidad del significado del verbo, de la palabra en la creación, en la cual la acción de la palabra se convierte en vida. 

La génesis de la vida despierta del silencio, no existe en la ausencia de la palabra, Dios la acciona por medio de su verbo. La vida es luz y la luz resplandece en las tinieblas. He aquí una verdad liberadora: Dios es el verbo, Dios es la palabra, por la acción del verbo las cosas son hechas. En el verbo, en la palabra está la vida, la vida es luz y esa luz resplandece en las tinieblas, porque las tinieblas no pueden dominarla. La palabra, el verbo, ejecuta vida y creación. Tal cual como nos dice el Génesis: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra.Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz”. Al ser pronunciada la palabra, se hizo la luz. Entonces, la palabra es el núcleo, el corazón, el fundamento.

Sin embargo, la humanidad ha persistido en hacer uso del don que le ha sido dado con la palabra para pervertir la verdad. La mentira ha llegado a ser parte intrínseca en la vida de las familias, de las comunidades, pueblos y naciones. A través del proceso de perversión de la verdad en el uso del lenguaje, el verbo se ha convertido en destrucción y en muerte. El proceso es contrario al descrito anteriormente. En el principio el proceso fue: verbo-luz-vida. En nuestro mundo se ha ido transformando en verbo-oscuridad-muerte. Pues, inexorablemente somos enlazados con nuestro verbo, con cada una de las palabras que usamos. Y constantemente usamos el verbo, la palabra, para crear violencia, caos y miedo.

La palabra constituye la expresión del alma del ser humano. Es el vehículo para establecer vínculos en las relaciones interpersonales, ya sean de familia, de cónyuges, de amigos o de cualquier otro tipo. El apóstol Pablo escribió en su carta a los Efesios 5:25: “Por lo tanto, dejando la mentira, hable cada uno a su prójimo con la verdad, porque todos somos miembros de un mismo cuerpo”.Esta exhortación del apóstol es profunda. Dejar la mentira y hablar verdad con mi próximo determina, en gran medida, la paz que podemos experimentar en nuestro diario vivir; ya que la mentira nos atrapa en la cárcel de la angustia, robándonos la dicha de vivir con ese sentimiento interno de tranquilidad, de no reclamo de nuestra consciencia. 

San Pablo nos coloca en la posición en la cual no somos un ente aislado, sino que nos establece como siendo parte los unos de los otros, siendo miembros de un mismo cuerpo. Aunque en este pasaje el apóstol Pablo se está refiriendo a la iglesia, podríamos trasladar este concepto a la familia, la primera iglesia, a la pareja, la base de la familia y la sociedad en las diferentes comunidades que la componen; ya que cada uno de estos vínculos nos hacen ser parte de un cuerpo más allá del propio. Por consiguiente, la mentira afecta a todo aquel que de una u otra forma está relacionado con el que se expresa por medio del lenguaje. No somos entes aislados, somos partes de un cuerpo en los diferentes ámbitos de la sociedad.

Según el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE) mentir es “decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”. De tal manera que cuando decimos algo contrario al conocimiento que yace en nuestro interior, sencillamente estamos mintiendo. El filósofo Roger Scruton expresó en su libro sobre el compositor Wagner, titulado: El anillo de la verdad: “Todo discurso y diálogo dependen del concepto de la verdad. Estar de acuerdo con otro, es aceptar la verdad de lo que dice; estar en desacuerdo es rechazarla.” Por esa razón cuando hablamos, lo hacemos basados en el conocimiento de una verdad. En pocas palabras, no podríamos hablarnos sin tener la noción de la verdad. Reconocer una expresión del lenguaje como mentira es afirmar que hay una verdad que está oculta.

Aprecio profundamente ese verso del Rey David en el Salmo 51:6 que dice “Tu, Dios, amas la verdad en lo íntimo y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”. En este Salmo David está confesando ante Dios su pecado de adulterio con Betsabé. Es una conversación de David con Dios. Al confesar su verdad, en esa intimidad que se suscita entre cualquier ser humano y Dios, cuando de una manera individual venimos ante su presencia en algún lugar quieto y tranquilo donde expresamos la verdad de nuestro ser, abriendo nuestro corazón ante Él. Luego, lo más hermoso al confesar la verdad del error cometido, es que Dios se encarga de hacernos comprender sabiduría, la sabiduría para actuar de manera correcta.

Si somos honestos con nosotros mismos, debemos admitir que nuestra vida ha atravesado en diversas ocasiones por la desdicha que trae como consecuencia la mentira. Porque la mentira es una cadena sin fin que va atando al ser humano en una espiral retorcida; involucrando cada vez más áreas de su ser, haciéndose dueña de lo que soy, de lo que hago y de lo que hablo con otros. Quizá por esa razón, Juan nos dice en su primera carta: “Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad”.(3:18). Amar de verdad, es hablar la palabra verdadera, la que se sustenta en nuestro proceder, en los hechos de cada día de nuestra vida. 

Por el contrario, engañar es dar a la mentira la apariencia de verdad; es un maquillaje no para resaltar la belleza sino para esconder la realidad. Engañar a través del lenguaje consiste en hacer uso de las palabras de una manera orquestada, premeditada para inducir a alguien a aceptar como verdadero lo que realmente no es. Desde el punto de vista ético la verdad es tratada de la mano de la fidelidad; reconociéndose la verdad y la fidelidad a ésta como una unidad indisociable. De tal manera que, el conocimiento de la verdad va ligado a la fidelidad de su defensa. En nuestro mundo actual la ética se ha convertido en algo así como una pieza de museo guardada en un depósito polvoriento, dando la sensación de estorbo. Aunque, el que decide desempolvarla se encuentra con que esa pieza ignorada termina siendo una de gran valor para el arte y la historia. Por esa razón, cuando disertamos sobre algo desde un punto de vista ético somos siempre impulsados a luchar para alcanzar individualmente la fidelidad a esas verdades universales de la existencia humana. 

Bíblicamente, el cuarto mandamiento del Decálogo expresa:-No dirás falso testimonio. De esta manera, las Sagradas Escrituras nos llevan aún más allá de la simple mentira como tal. Apelan al testimonio del corazón, a la intención como esencia de lo que se dice. El propio Jesús de Nazaret insta a la multitud en el Sermón del Monte a que su «si» sea SÍ, y su «no» sea NO, y añade: “_porque lo que es más de esto, proviene del mal”. Mateo 5:37. Es en la prueba, la justificación y la comprobación de la verdad de algo, es decir, en el testimonio, dónde se sustenta la verdad. 

Ahora bien, a los que usan la mentira como un medio para acaparar el poder sobre otro ser humano. Desde la relaciones propias de la existencia, como la familia y el matrimonio, hasta el poderoso que pretende todo el poder sobre un grupo, pequeño o grande, como una nación, practicando el engaño, su fin ya está determinado. Y recuerden que Dios es veraz en sus palabras, que sus sentencias sólo pueden ser revocadas por un genuino arrepentimiento y restitución del mal causado:

”¿Por qué te jactas de la maldad, oh poderoso? La misericordia de Dios es continua. Agravios maquina tu lengua; como navaja afilada hace engaño. Amaste el mal más que el bien, la mentira más que la verdad. Has amado toda suerte de palabras perniciosas, engañosa lengua. Por tanto, Dios te destruirá para siempre». Salmo 52:1-5.

Por una parte, el Salmo 15 el salmista le pregunta a Dios: “¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario? Solo el de conducta intachable, que practica la justicia y de corazón dice la verdad; el que no calumnia con la lengua”. No hay justicia sin verdad. Por otra parte, el apóstol Santiago nos recuerda que el que puede dominar su lengua es capaz de dominar todo su cuerpo. Santiago 3:2 “Todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo”. Y el Salmo 34 nos afirma que: “El que quiera amar la vida y gozar de días felices, que refrene su lengua de hablar el mal y sus labios de proferir engaños”.

El lenguaje de la verdad nace de un corazón iluminado por la luz de Dios. Nadie puede engañar al Altísimo. Por esa razón, al acercarnos a Dios, lo único que Él nos pide es un corazón desnudo, capaz de mostrar su propia verdadporque “Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad” Juan 4:24. 

Con el tiempo, es mejor una verdad dolorosa que una mentira útil. 

Thomas Mann.

Jesús dijo: “Porque nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz”.

Lucas 8:17. 

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2 comentarios

  1. La verdad es garantía de libertad del alma!
    Es tan importante que debemos practicarla diariamente, es por eso que se hacen tan importantes tus palabras, amada Rosalía, pues, estos pensamientos escritos hacen tanta falta, para que despierten la conciencia y nos demos cuenta de lo que es vivir en la verdad, lo cual trae tanta paz y bendición, y lo que es vivir en la mentira que trae desajustes mentales y emocionales acarreando destrucción.

  2. La Verdad siempre prevalecerá para bien; la mentira, el engaño, lo falso, a menos que haya arrepentimiento y restitución, se desencadenará para mal, sea quien sea. Dios no tomará por inocente al que ande en este camino contrario a su esencia. ÉL es Verdad en todo tiempo. ÉL es perdonador si hay arrepentimiento y estemos dispuestos a cambiar la mentira por la verdad. Dios es misericordioso para con los que le temen y buscan rectificar.
    Todos los escritos de Rosalia Moros de Borregales, traen Luz verdadera para los que leemos sus artículos, y nos ayudan a profundizar sobre las verdades que no llevan a vivir una vida verdaderamente plena de amor, luz, felicidad….

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