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El Obamazo

Quizá la jugada más desconcertante de la desconcertante carrera política de Barack Obama, pero, sin duda, impuesta por la lógica de que, frente a dos enemigos, es necesario golpear primero al más débil, para después habérselas con el más fuerte.

En este caso, “el más débil” es el vapuleado presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, quien, sin talento ni ranquin para medirse con los pesos pesados, optó por comportarse como un guapo de barrio que sale con una soberana golpiza en cuanto se tropieza con guapos de verdad.

Puede asegurarse que una de las causas eficientes de su KO vino por el lado de su pésimo manejo de la caída de los precios del petróleo, de su impericia en establecer las razones inescapables que, a partir del año pico del último ciclo alcista de los precios (2008), empezaron a estructurar un nuevo mapa energético mundial; y del espejismo que le dejó como herencia su antecesor, Hugo Chávez, el archiministro, Rafael Ramírez, quien lo convenció de que, con bravatas más, bravatas menos (y convocando reuniones de emergencia de la OPEP), los precios volverían a subir.

A Rafael Ramírez también debe Maduro crueldades como ponerlo a decir chambonadas tal esa de que Estados Unidos estaba a punto de ser devastado por un megaterremoto, uno que iba a destruir ciudades, industrias, rascacielos, desaparecer valles y montañas y dejar millones de muertos y heridos, y todo por el fracking, la técnica de producir petróleo por fracturación hidraúlica de esquistos.

De Estados Unidos dijo también Maduro (¿cuándo no?) que  era el centro de una gran conspiración contra la OPEP, el Rey de Arabia Saudita, Abdalá bin Abdelaziz y contra él, el sucesor de Chávez y jefe de la revolución “bolivariana”, y que Obama no era otra cosa que una reedición del “Gran Satán” de los archimalvados Clinton y Bush.

En otras palabras, que lo único que le faltó fue decir que tales revelaciones se las había cantado el difunto “Comandante Eterno”, transfigurado en “Pajarito” y debió ser por el respeto que ha aprendido a tenerle al pajarraco Ramírez.

No fueron estos crímenes de lesa sensatez, sin embargo, los más escandalosos que cometió Maduro en el transcurso de su segundo año como presidente, sino que, en la primera crisis política abrasiva que confrontó, de febrero y junio, cuando miles de estudiantes se lanzaron a las calles a protestar porque escoltas del gobernador del Táchira, capitán Vielma Mora,  habían violado a una condiscípula, pues, el experto en fracking y conspiraciones, no los llamó nunca a dialogar, ni investigó las causas de sus protestas, sino que ordenó  se les retirara a la fuerza de las vías y lugares públicos y sin reparar en muertos, heridos, torturados, encarcelados y perseguidos.

Fue su estreno en el campo de las armas, de la guerra y de la violencia, si no asumiendo el mando y la ejecución de las operaciones, sí ordenando y celebrando a los matones, a los asesinos de la llamada “Guardia del Pueblo”, los “Colectivos” y unidades de élite de la GNB y el Ejército

Se trataba del primer crimen masivo perpetrado en los tiempos de la Internet y las redes sociales, pues día a día, y noche a noche, de febrero a junio, circulaban por las páginas web, celulares, iPad, iPhone y Smartphones estos portadores de la muerte que, en cuestión de segundos, en motos de alta cilindrada y armados hasta los dientes, se presentaban disparando balas, perdigonazos, lacrimógenas, y después recogían a los heridos, o detenidos y se los llevaban en las parrillas como en una demostración ostentosa de que no buscaba sino amedrentar a quienes se atrevieran.

Por decenas de miles se difundían las fotografías, videos, grabaciones y films donde una juventud aguerrida resistía y hacía frente una y otra vez, y sin nadie ni nada la detuviese, a estos criminales que eran simplemente máquinas de matar.

No pocas veces orgullosos e inflados por la rapidez y eficacia con que cumplían sus misiones y cómo crecidos de sus “15 minutos de fama” y ansiosos de sentirse comentados y mencionados por los miles de millones que retrocedían ante sus transgresiones.

“Ya saben muchachos” les decía Maduro “candelita que se prenda, candelita que se apague”, y los sicarios obedecían mientras se disponían a recibir elogios y condecoraciones del “Comandante en Jefe”.

Urbanizaciones enteras fueron tomadas, saqueadas y vandalizadas por la simple sospecha de que escondían “alzados”, edificios arrasados buscando sospechosos, y ciudadanos y sus familias sacados a la fuerza de sus apartamentos porque eran “identificados” por los cuerpos de inteligencia del Ejército “como enemigos”.

En definitiva que, todo un muestrario del horror y de violaciones de los derechos humanos que era imposible no llegará a los organismos multilaterales, ONG y tribunales que juzgan delitos de lesa humanidad y procedieran a apersonarse de la situación de un gobierno que, en forma brutal, pisoteaba la Constitución y leyes aprobadas en tiempos de Chávez donde el Estado se comprometía a respetar los derechos colectivos e individuales.

Es justo señalar que la comunidad internacional se activó y le exigió a Maduro un diálogo con la oposición para agenciar un acuerdo que suspendiera las violaciones de los derechos humanos y regularizara la vida democrática en base al restablecimiento de la independencia de los poderes y el respeto a la decisión de las mayorías electorales.

También que Maduro y su gobierno boicotearon el diálogo, lo estropearon, lo envilecieron, lo bypasearon y, al final, lo suspendieron “porque gobierno revolucionario no negocia” ni le “hace concesiones a los enemigos”.

En definitiva, que nada de extraño,  entonces, que el Congreso de los Estados Unidos, en base a los miles de testimonios y la declaración de testigos e instituciones nacionales e internacionales, precediera a aprobar una ley en la que se sanciona a 56 funcionarios del gobierno de Maduro “por violaciones de los derechos humanos”

La ley fue firmada el jueves por el presidente Barack Obama y llama la atención que lo hiciera 24 horas después que anunciara el descongelamiento de las relaciones diplomáticas con Cuba y el inicio de conversaciones para normalizar los contactos entre uno y otro país e ir, en la mayoría de los temas posibles, a una nueva era.

Circunstancia que contribuye a dejar más a Maduro y su gobierno en la más absoluta orfandad, ya que, el aliado al cual le regala 125.000 barriles diarios de petróleo y recursos en ayudas que han sido calculados en 50.000 millones de dólares anuales, pues simplemente no hizo del “caso Venezuela” parte de sus negociaciones con Barack Obama y abandonó  a los hermanos en las garras del águila americana.

¿Cuál será entonces la reacción de este gatillo alegre que pensó que estaba en la década de los 60, que la revolución cubana seguía en los tiempos de playa Girón, no había caído el Muro de Berlín y los soviéticos vendrían ayudarlo con todo en su confrontación con el Gran Satán?

Pregunta espinosa, pero que no puede responderse si antes no resolvemos el enigma de si estará gobernando a la hora de confrontarla.

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