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El respeto a los asuntos internos no es «patente de corso» para irrespetar o violar derechos humanos ni políticas de buen vecino

Los avances a velocidades incuantificables de la ciencia y  de la investigación en todos los campos, no se compagina con el comportamiento y las acciones del ser humano en sus relaciones con sus congéneres, es decir, con quienes, lejos de avanzar en función de la justicia, de la libertad y de la convivencia, parecieran obeder a otros propósitos. ¿Por ejemplo?:  que adversamente a  los intereses individualistas, la indiferencia y el egoísmo, prevalecen sobre todos las posibilidades de interés por los valores humanitarios y la mutua convivencia.

El caso Venezuela, desde luego, es emblemático sobre lo expuesto. Porque se trata  de una situación que se da en un país  en el que su trágica situación, ha obligado a una cuarta parte de la población nacional a huir por temor a todo tipo de violaciones de derechos humanos, por su seguridad y por el dramatismo de sus vivencias internas. ¿Y acaso puede extrañar que, adicionalmente, Venezuela sea también un país en el que la inflación haya roto todos los récords en fluctuaciones del valor monetario de la historia?. ¿0 que,  simultáneamente, la devaluación de su moneda, «El Bolívar», ha llegado a cifras tan elevadas y absurdas que son casi impronunciables y tan sólo representables con un número «uno» (1) acompañado de 14 o más ceros?.

Adicionalmente, ante semejante particularidad criolla, no hay que perder de vista lo que es y traduce el hecho del descaro  y de la indolencia de parte del Estado, luego de que a quienes dependen de ingresos salariales, se les haya fijado un pago mínimo a menos de $ 0,30 por día y que, además, el hambre y la miseria sean amos dominantes en más del 80% de su población.

Desde luego, ante semejante cuadro administrativo, financiero, alimenticio, social y duramente comprometedor de lo que traduce ser ciudadano de trabajo en Venezuela, sin embargo, hay otra verdad de feo rostro que no se puede subestimar ni dejar de mencionar. Y se trata de que,  no obstante esta evidente y dramática realidad, también se dan apatías e indiferencias que proyectan ausencias inexplicables. ¿Acaso porque se tienen que  dar así?.  Es posible. Lo cierto es que, ante lo que antecede a este cuadro,  no se han logrado animar o inducir a las organizaciones de carácter mundial -y supuestamente fundadas para propiciar y velar por la justicia, la mutua convivencia, la paz mundial- para que se le  ponga  fin a situaciones como éstas y que son del diario acontecer en varias regiones del mundo.

Sin duda alguna, llama la atención el hecho de que, ante semejante y dura situación, que la justificación de la inacción que se aprecia ante semejante verdad acusatoria, se argumente  que lo que sucede obedece a un presunto  «Respeto a las situaciones internas de cada país». Sí, de eso mismo que si se evaluaran y trataran desde el punto de vista de la verdad comprometida con el factor humano, no se podría reeditar a partir de la actitud del no compromiso . Porque si tan solo contemplaran las calamidades, desgracias, daños y consecuencias que causan las masivas migraciones o diásporas a los países receptores, se tendría que aceptar que únicamente  eso ya escaparía de cualquier argumento o concepto de intromisión en situaciones internas. ¿Por qué?:  por el hecho evidente de estar violando derechos internacionales por la movilización masiva de millones de personas a otras naciones con las consecuentes y dramáticos efectos, como de problemas causados allende sus fronteras.

El dramatismo en América del caso venezolano es reflejo de lo expresado. Ya son 23 años consecutivos de denuncias, luchas internas, muertes, heridos, detenciones violatorias de todos los derechos, protestas, migraciones continuas, intervención externa camuflada de países calificados de «Forajidos», mafias internacionales y organizaciones guerrilleras que amenazan y ponen en peligro a países dentro y fuera del Continente.

El coloso país  del norte y primera potencia mundial, entre otros, e integrante del Continente Americano, se ha visto afectado por Venezuela y por la migración continua ya millonaria. De igual manera, por el tráfico de drogas y de armas, el terrorismo y el blanqueo de capitales. Todos los voceros de los paíes que son  integrantes de la OEA, la Organización de las Naciones Unidas, la Comunidad Europea y la Corte Permanente de Justicia Internacional en La Haya, y que portan con miles de denuncias y de evidencias, luego de casi 5 años, injustificadamente, siguen  sin tomar acciones definitivas en contra de la violación de lo que las normas califican de derechos, como  de  ponerle  punto final a una situación que, evidentemente, no es sólo de Venezuela, sino que también afecta a una gran parte del mundo.

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