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El show de Maduro en el Consejo de Derechos Humanos

Pocos dictadores, reconocidos violadores de los derechos humanos (DD.HH.), con un prontuario que retumba en la Corte Penal Internacional, se habían atrevido a dirigirse en persona a la Comisión, y ahora al Consejo de  DD.HH. de Naciones Unidas – aunque haya sido virtualmente-.

Pero Maduro estaba esperando para hacerlo a fin de reiterar, como la había hecho en septiembre pasado en la Asamblea General, que la culpa no es de él ni de su régimen, sino del “imperio norteamericano y sus lacayos”.

Pero esta vez tenía varias cosas a su favor, entre ellas , que acababa de recibir la visita de la Relatora Especial del Consejo de DD.HH., sobre “la repercusión negativa de las medidas coercitivas unilaterales en el disfrute de los DD.HH.”, la bielorrusa Alena Douhan, quien lo apoya en su narrativa.

Esta relatoría, originalmente impulsada por Cuba para lidiar con su problema con EE.UU., ha venido tratando este tema sin vincularlo con las flagrantes violaciones a los DD.HH. del propio Estado cubano, en una especie de acto exculpatorio.  Es una manera de manipular las Naciones Unidas para mostrar que ni el régimen cubano ni ahora el venezolano son responsables de las violaciones a los DD.HH. de sus ciudadanos.

Maduro llegó con las opiniones  de la relatora  bajo el brazo  ante el Consejo y denunció una “multidimensional agresión económica” perpetrada por fuerzas internacionales.  Según relató, las sanciones impuestas por EE.UU.  habrían despojado a Venezuela de al menos US$30 millardos – cifra nada comparable a lo depredado por los bolichicos y otros funcionarios corruptos, dinero ahora  escondido en bancos internacionales- . Y remató argumentado que esta cifra lo hubiera llevado a abordar los problemas de la salud y los derechos integrales de los venezolanos.  Es decir, utilizando la lógica de la relatoría las medidas coercitivas unilaterales, las sanciones norteamericanas – pues son la que van más allá de las sanciones personales- estarían afectando negativamente los DD.HH. de los venezolanos. Como si la condición de Estado fallido no se hubiera comenzado bastante antes con el propio Chávez y profundizado por Maduro. 

Como otro componente de esta charada, los lideres del Grupo de Puebla sacaban un comunicado condenando estas medidas unilaterales coercitivas, pues las sanciones contra Cuba y Venezuela, argumentan, disminuyen la capacidad de esos países para luchar contra la pandemia de coronavirus. Todos sabemos que la debacle del sistema de salud venezolano es muy anterior a cualquier sanción, tanto que sobre esa base el chavismo ha venido justificando la “importación” de los “médicos” cubanos.

Como guinda de la torta de esta puesta en escena, el embajador de la Unión Europea en esa isla, el español Alberto Navarro, quien no cree que Cuba sea una dictadura, se unía a otros en una carta al presidente Biden donde pedía el fin del “bloqueo/embargo” a la isla.  En ella dicen, siguiendo la narrativa, que  “las sanciones económicas, financieras y comerciales que nos han impuesto durante 59 años han hecho muy difícil superarlos en sus dimensiones económica y política” y lo vinculan a crisis humanitaria que vive la isla, en especial con la pandemia.  

Maduro olvidó mencionar una cantidad de matices que muestran otra cara del problema. Lo primero que hay que decir es que, las sanciones gringas contemplan excepciones en el caso de la compra de alimentos y medicinas. Lo segundo es que, repetidamente los representantes del gobierno interino han insistido que hay dinero del que se le ha confiscado al régimen que se puede disponer para este fin.  De hecho ya se están dado reuniones a fin de avanzar en esa dirección. 

Adicionalmente, ya está claro que la crisis económica que se viene acelerando desde los últimos años de Chávez se ha pronunciado en el mandato de Maduro. En lo referente a la destrucción de PDVSA y la brutal caída de la producción petrolera esto comenzó con Chávez, bastante antes de las sanciones y si bien las sanciones pueden tener un efecto negativo en estos momentos no puede usarse para explicar la crisis económica y menos la humanitaria. Otros países con sanciones como Irán no están en una situación tan caótica como la de Venezuela.

 Maduro tampoco habló sobre el manejo doloso y político de las ayudas humanitarias que se han venido entregando ni sobre la persecución que ha desatado el régimen sobre las ONG  que lidian con estos asuntos.

Además, muy convenientemente omitió la dramática situación de los derechos humanos en Venezuela – torturas, desapariciones forzadas, presos políticos, etc.-como se describe en el informe de la Misión Internacional Independiente del Consejo de DD.HH., cuya entrada al país fue denegada por su gobierno.

En fin, Maduro fue a recitar la cacofónica letanía a que nos tiene acostumbrado, que no es culpa de él y de su régimen, sino del “imperio norteamericano y sus lacayos”. Culpa a unas sanciones que de hecho, comenzaron a afectar al régimen directamente mucho después  de ser impuestas a fines de en 2017, pues antes de eso solo había sanciones a individuos.  El eco cacofónico reverberó coreado por las voces del Grupo de Puebla, las de la ALBA y la relatora “nada” independiente de Naciones Unidas, así como en los predios izquierdosos y “anti-norteamericanos” de la región y del mundo, que incluyó al mencionado representante de la Unión Europea. 

Esto no es negar que en algo las sanciones económico-financieras hayan afectado negativamente al país, es argumentar que aún sin ellas la crisis habría seguido profundizándose y que la situación sin este tipo de sanciones no se diferenciaría en mucho de la calamitosa situación actual. Para muestra: la pobreza subió de 48,4% en 2014  a 87% en  2017 y ahora rebasa el 90%.  

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