El EditorialOpinión

El sismo fue una advertencia para actuar ya

El sismo que sacudió el pasado martes a gran parte de Venezuela, y repitió, en menor escala, el miércoles en la mañana afortunadamente sin daños personales que lamentar, es un alerta o un recordatorio que vivimos en un país sometido históricamente a numerosos terremotos, y tenemos que prepararnos para tomar lo más pronto posible algunas medidas preventivas que sirvan para minimizar o al menos disminuir las pérdidas humanas.

Después del trágico terremoto en Caracas en 1967, en el que perecieron muchos habitantes de la capital, no se hizo nada para asegurar que, cuando volviese a ocurrir, se dispondría de mecanismos adecuados para el rescate de las personas que quedasen atrapadas bajo los escombros producidos por el temblor.

El peligro mayor para cuando ocurra un terremoto en nuestra ciudad capital está en las zonas populares, ya que la manera anárquica como se han construido edificaciones elevadas sin la previsión de zonas habilitadas, desde ya, a las operaciones de rescate, hace factible prever una tragedia mayor.

Hace ya algunas décadas vino a Caracas una misión de la Universidad de Columbia, integrada por arquitectos e ingenieros, para estudiar los riesgos de la ciudad y elaboró un informe en el que se señalaban los tres principales factores que históricamente han afectado a nuestra capital: deslaves, inundaciones y terremotos.

Con respecto a los sismos, los expertos sostuvieron que era indispensable proteger los accesos a los barrios y prever lugares en los que helicópteros pudiesen aterrizar en el tope de los cerros (para llevar ayuda, para los rescates, para el rápido traslado de heridos). Al igual que la habilitación de espacios para las operaciones de salvamento que afortunadamente podían ubicarse en el aeropuerto de la Carlota que no hace mucho algunos propusieron eliminar.

Otro tema que generaba preocupación era el distribuidor “El pulpo” principal vía de conexión entre el oriente y occidente del país, al que, construido antes de 1967, se le deberían reforzar las columnas que lo sostienen para evitar su derrumbe.

Hoy, es imperativo concientizar a las autoridades competentes y a la ciudadanía en general en que hay que prepararse adecuadamente para evitar, en la medida de lo posible, las pérdidas humanas que ocurren por las deficiencias en las operaciones de rescate. En el caso del último terremoto en Puerto Príncipe, Haití, la mayor parte de los que fallecieron fue porque los rescatistas no pudieron acceder a las zonas populares pues los derrumbes habían bloqueado las vías de acceso.

También sería importante asesorarse con los mejores grupos de rescate sísmico del mundo, como son los Topos de México y el grupo Lucano en Italia.

Estamos a tiempo para tomar medidas, sólo hace falta la voluntad y la cooperación de todos para hacerlas cuanto antes.

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