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Enésimo Engaño

Puedo ser un iluso, o algo parecido, pero yo considero que los venezolanos somos capaces de recuperar y reconstruir a Venezuela. Admito la posibilidad del fracaso, tanto en cuanto a volver el Poder Público a la democracia y la libertad, como en lo requerido para conducir al país  hacia una vida digna para nosotros los venezolanos. Pero también acepto la probabilidad, más que la posibilidad, de que los venezolanos alcancemos el bienestar integral que corresponde a seres humanos que reivindican la democracia y la libertad en el mundo. Nadie puede negar lo correcto del planteamiento.

Digo algo muy trillado al decir que una muy amplia mayoría de la población muy golpeada en su nivel de bienestar se ha apartado del proceso político que no le ha posibilitado oportunidad a una vida buena, y se ha alejado tanto del gobierno, como de la oposición. Al decir que es realmente condenable el inimaginable extremo de destrucción al cual ha llegado la precariedad de la vida del pueblo venezolano, incluyendo el ámbito de los derechos civiles, políticos en particular, de la ciudadanía. En el ámbito oficial, los estudios hablan de un 80% de rechazo. En el espacio opositor, se registra un aislamiento significativo, aunque se reconoce la demostración de fuerza dada en el evento denominado La Consulta en diciembre pasado.

La desesperación ha crecido indeteniblemente y se han planteado situaciones de emergencia que apuntan a la  resignación ante el fracaso en materia de recuperación de derechos fundamentales. Se plantea la realización de elecciones estadales y municipales pasando, por enésima vez,  por encima de requisitos de fondo y de forma que deben respetar estos comicios, especialmente exigencias de legitimidad y moral, aunque haya quien piense que la moral no tiene que ver en el campo de la política.

Sin pasar por alto la casi impensable posibilidad de que el gobierno juegue limpio y respete las instituciones del país, al pueblo venezolano, se registra que se pretende ignorar asuntos esenciales, tales como cuándo fue elegido en forma legítima el Presidente de la República y los demás poderes públicos. En segundo lugar, con cuales partidos se realizarán los comicios, dado que se pretende que los participantes sean unos cuya legitimidad, al menos, no es suficiente. En tercer término, puede aceptarse que el simple hecho de que dos de los cinco rectores del CNE sean “opositores”, significa que el proceso electoral queda blindado ante cualquier intento de alterar sus resultados legítimos?. El hecho de que el ente se integra con tres “aportados” por el gobierno y dos por la oposición, que no se seleccionan ciudadanos exclusivamente con base en su “reconocida y garantizada idoneidad”, más allá de su condición política, es una demostración clara y “desvergonzada”  de que se quiere mantener el control “crítico” del proceso. Cuál es la disposición constitucional, e incluso moral, que establece “ventaja” para el gobierno. Se puede incluso preguntar, sin irrespetar a Enrique Márquez y Roberto Picón, qué piensan ellos acerca de esta integración del CNE. Las tres respuestas tienen un significado similar, el proceso planteado carece de legitimidad.

Sin embargo, se aprecia un argumento más importante, el cual puede ser la razón por la cual, esta vez, la jugada del gobierno con miras a lograr “legitimidad” parece registrar unos respaldos increíbles, en atención a la posición sostenida hace poco tiempo atrás; es decir por qué personas y organizaciones que sostenían abiertamente la falta de idoneidad del gobierno, ahora lo aceptan como una de las dos patas de la mesa en la cual se pueden acordar las soluciones de muy diversa naturaleza que exige el bienestar de los venezolanos. Una posible explicación es la que se indicó antes, según la cual la desesperación ante el fracaso en materia de recuperación de derechos fundamentales ha dado lugar a plantear soluciones de emergencia que apuntan a la  resignación. Se repite que se plantea algo parecido al caso de una familia cuyo hogar es  invadido y ocupado por una pandilla de fascinerosos, la cual se apropia de la situación y concede algunos paliativos a la familia desplazada. La historia, particularmente la de Venezuela, enseña las respuestas que la humanidad ha dado a esta clase de situaciones. 

La pésima calidad de vida de nosotros los venezolanos es totalmente evidente como para poder ser ignorada, y ello pudiera determinar que se acepten iniciativas fatalistas como las que está planteando el gobierno. Pero las tres respuestas  indicadas antes y, sobre todo, la imposibilidad de depositar un mínimo de confianza en el gobierno y sus socios como los cubanos, llevan a la posición de elección presidencial, o continuación del conflicto, recalcando que a éste siempre le corresponderá una solución constitucional.

Parece que bajo las condiciones vigentes, el sistema político de nuestro país continuará desenvolviéndose en ausencia de legitimidad institucional. Pero la vida te da sorpresas.

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