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Incendios amazónicos y la gobernanza global

Alta mar, la capa de ozono, el espacio exterior y la Antártida son bienes comunes de la humanidad, no sujetos a la soberanía de ningún Estado. Se han establecido una multitud de mecanismos para protegerlos, y a pesar de lo imperfecta que es esta protección y de desacuerdos ocasionales sobre las geografías exactas de estos bienes, hay una sensación de relativa estabilidad sobre su situación. Pero hay otros bienes que sin tener este carácter, son de importancia vital para los humanos en su conjunto.

La selva amazónica está ubicada mayormente en Brasil, quien ejerce soberanía sobre los recursos que allí se encuentran, y es el responsable de su protección. El problema que surge aquí, es que esta zona tiene un valor incalculable para todos los ciudadanos de la tierra, no solo de los ciudadanos brasileños. Entonces no es un bien común de la humanidad, pero está en el mejor interés de la humanidad protegerlo. Y como este existen otros bienes o espacios (físicos o no) que pueden generar crisis al ser perturbados, como: instituciones financieras, infraestructura de transporte, data centers, etc.

Pero cualquier esquema que implicase mayor participación multinacional dentro de la administración, e incluso cuidado de la selva amazónica no cuajaría jamás. Cada gobierno pensaría en como esto podría facilitar una iniciativa similar detrimento propio en una situación futura, la cual involucrase su propia jurisdicción. Esto sin contar que Brasil jamás accedería a esto sin importar el signo ideológico que lo gobierne. La misma lógica aplicaría a muchos otros casos.

Pero esto no significa que no haya alternativas desde el punto de vista internacional. Aunque no existan mecanismos formales, hay disponibles mecanismos informales que pueden poner acercar soluciones. Y es que gobernanza del sistema internacional está en cierta medida sostenida por la capacidad de los actores importantes de ponerse de acuerdo en espacios como el G7 o el G20, en donde se pueden juntar voluntades de forma más sencilla y ofrecer ayuda o castigo dependiendo del caso, para atender cualquier crisis.

En estas áreas del sistema internacional donde no hay mecanismos claros para regular el comportamiento de los Estados, que son muchas, la capacidad de coalición de los Estados importantes, o algún número de ellos, es lo único que en algunos momentos puede resolver crisis. Pero como el caso del Amazonas nos muestra, estos mecanismos pueden fallar también en la medida que los actores parecen: a) no estar comprometidos con el multilateralismo; b) tener visiones divergentes sobre el sistema internacional; c) estar separados por grandes desacuerdos ideológicos y/o de políticas públicas.

Aunque al final las aguas parecieron calmarse, el intercambio entre Bolsonaro y Macron generó polémicas innecesarias y mostró otra vez que el sistema internacional está en un momento frágil. Si esto sucedió en el marco de una crisis relativamente pequeña (la gravedad de los incendios ha sido exagerada en los medios) ¿Cómo reaccionará el sistema ante una crisis de mayores proporciones? ¿Están listos estos líderes para una crisis económica como la de 2008 o algo de envergadura similar? Parece que no, y eso debería preocuparnos a todos.

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