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La América First de Donald Trump Vs. la negociación política a la crisis de Venezuela

Desde el año 2002, en está columna he venido insistiendo hasta el fastidio que la crisis política de Venezuela no tendrá solución, si la misma no es abordada desde la perspectiva de la crisis política que se inició en 1990. Esto como resultado del derrumbe de los países del antiguo bloque ruso entre 1989 y 1993. Este derrumbe constituyó un auténtico descalabro en razón de que sus índices de protección cayeron entre 10 y un 30%.

Solamente Rusia pierde entre 1989 y 1997 el 70% de su producción industrial. Mientras que países como Bulgaria y Rumanía, al igual que Rusia presentan también  índices negativos, únicamente Polonia, Hungría, y la República Checa ofrecían tasas positivas

El desplome de la economía de estos países que representan más de la sexta parte del territorio mundial no fue cualquier cosa, más si a ello le sumamos el relativo declive del poder geopolitico de EEUU.

De igual forma los EEUU enfrentaron una relentizacion de su crecimiento económico entre 1989 y 1990 de 2% y 0,5%, que se convierte en una tasa negativa de 0,8% en 1991. Mientras que en Suecia, la recesión es la más violenta desde la posguerra, en Alemania la recesión se retrasa al igual que en los demás países de Uropa Occidental, pero 1992, 1993 y 1994 la producción industrial de Alemania cae en un 8,3%, mientras que para los demás países de la Unión Europea la producción total cae en, 1%. Mientras que el Japón, entra en un estado de recesión larvada con un pobre crecimiento de 1,2% entre 1990 y 1997 a pesar de 11 planes de relanzamiento puesto en práctica (Crisis económica (III) de los años noventa)

Todos estos cambios producidos en los últimos 30 años en los EEUU al igual que en otros países desarrollados han significado una profunda transformación en la sociedad industrial pues, hemos pasado de una sociedad industrial a una sociedad de la informática donde el conocimiento ha reemplazado la producción masiva como base de la riqueza, del poder, y de la integración social, mientras que paralelamente se ha exacerbado el predominio del individualismo sobre el espíritu comunitario. Es decir, el viejo orden de ha roto y desde entonces se ha instalado una lucha de poder por un Nuevo Orden Mundial (NOM).

Hemos pasado de un mundo bipolar, a un mundo multilateral donde la geipolitica del poder de los estados es relativamente más débil, es así como observamos que en el Medio Oriente Turquía está interviniendo en negociaciones largamente pospuestas entre Siria e Israel, mientras que Qatar intervino exitosamente en un cese al fuego entre facciones fuertemente enemistadas en Líbano, a la par que Egipto busca mediar negociaciones con Hamas e Israel.

La autoridad palestina ha reanudado negociaciones con Hamas. Y el gobierno Paquistaní entro en una tregua de facto con los talibanes dentro de las zonas fronterizas con Afganistán. Lo significante de cada una de estas acciones es que EEUU se oponían a todas estas negociaciones y han sido simplemente ignorados, sin ninguna consecuencia sería para algunos de los actores.

Ahora pongamos la situación anteriormente descrita en perspectiva con lo que ha ocurrido desde enero de este año (2019) con el nombramiento de Juan Guaidó como presidente interino. Al revisar lo ocurrido en estos 8 meses con la crisis política de Venezuela, nos encontramos ante un desorden geopolitico de grandes proporciones que han incrementado las incertidumbres, y esto ha ocurrido a partir del momento que la condición estratégica de la crisis del país, comenzó a descansar preferiblemente sobre los intereses de la política de América First de Donald Trump, debido a que los objetivos, prioridades y opciones de la crisis política de Venezuela comienzan a discurrir sobre los «rieles» establecidos de la agenda geopolítica de los EEUU de Donald Trump y sus Halcones.

Esta situación pone en alerta no solo a los otros países aliados de Venezuela que han venido apostando por una salida política negociada a la crisis del país, sino también a los países aliados del régimen, vale decir, Rusia, China, Irán, Siria, Cuba, pues, la política de América First de Donald Trump no solo conmociona las ideologías, la formación de subjetividades sobre las distintas teorías del poder, sino también el proteccionismo económico que lleva implícito la política de América First de Donald Trump, lo cual conspira contra el libre comercio, es decir un panorama nada halagüeño.

Trump y sus Halcones se pasearon durante el primer cuatrimestre de este año (2019), por la opción militar como respuesta a la crisis política de Venezuela. Cuestión esta que tener su primera expresión el 30 de abril cuando Juan Guaidó aparece junto a Leopoldo López, quien manifestó haber sido liberado de la prisión domiciliaria por los militares. El fracaso de este «camuflaje» militar del 30 de abril es aprovechado por Maduro para crear la imagen de esta luchando contra los EEUU y el «lmperialismo yanqui», retórica acostumbrada de la izquierda radical.

No podemos perder de vista que la ultraizquierda al igual que la ultraderecha se nutren de la ignorancia y el miedo de la gente para utilizarlo como arma para el engañar y crear desconfianza hacia a las instituciones y los partidos políticos, pues los ultras son contrarios a las negociaciones y al consenso, como herramienta de solución de conflictos. Estos nos obliga a islar a ambos extremos. Es decir, o negociamos una salida política a la crisis del país, o continuaremos empantanados en la política de América First de Donald Trump.

Para la negociación política, debemos tener presente que Cuba maneja la acción política de Venezuela desde el 2002, y lo hace desde una perspectiva geopolítica en función de su interés geostrategico de mantener los lobby internacionales dirigidos al trabajo del levantamiento del bloqueo financiero, comercial y económico que por 60 años le mantiene los EEUU.

Esta realidad hace de Cuba un país insustituible en la negociación política de la crisis de Venezuela. He de allí que los representantes de países como Noruega, países de la UE,  Canadá, los países del grupo de Lima, han decidido hacer gestiones para que Cuba participe en la búsqueda de la solución a la crisis de Venezuela. En este contexto la aplicación del título III de la ley Helms Burton a La Habana conspira contra la negociación política a la crisis de Venezuela. De igual manera persistir en un gobierno de transición después 8 meses de discusión tampoco ayuda.

Las direcciones políticas de Venezuela, conjuntamente con la Unión Europea, el grupo de Lima y Canadá deben enfocarse en la constitución de un nuevo Consejo Electoral, en la revisión y actualización del Registro Electoral, en la constitución de los vedores internacionales, en la revisión y conformación de los Centros electorales y acordar lo más pronto posible una fecha para unas elecciones generales

Seguir caminando sobre los rieles de la política de América First de Trump es perdernos dentro un Mar de incertidumbres.

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