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La Fórmula Giordani

Empezaré este artículo con un extracto de la reciente carta publicada por el ex-ministro Giordani: “(…)Se trataba de la consolidación del poder político como un objetivo esencial para la fortaleza de la revolución y para la apertura de una nueva etapa del proceso. (…)

Cabe citar:

  1. Ingentes recursos dedicados a la Seguridad Social.
  2. Mejorar la calidad de vida de la mayoría de los venezolanos vía gastos del sector público.
  3. Importantes subvenciones a servicios públicos de primera necesidad (alimentación, electricidad, combustibles, agua, transporte, bienes de consumo masivo, servicios de vivienda)
  4. Lograr el acceso a los recursos necesarios con un aumento sustancial del endeudamiento de PDVSA y endeudamiento interno del Gobierno Central, y con endeudamiento externo moderado.
  5. Mantener la tasa de cambio que favoreció las importaciones y redujo las exportaciones, ya limitadas de la economía privada.
  6. Subvención a empresas públicas con grandes déficits operacionales para velar en el corto plazo por el empleo y los salarios de quienes allí trabajan.”

Más allá de las consideraciones morales que han surgido a raíz de la carta abierta del ex-ministro, lo más preocupante es el rumbo por el cual hemos sido -y seguimos- siendo llevados por parte del gobierno central. Queda expuesto que no es por ignorancia sino que ha sido de manera deliberada la elaboración de las políticas que siempre se ha sabido, nos traerían a la precaria situación económica en la que estamos. Brevemente, algunas críticas a las medidas expuestas por el ex-ministro:

  1. “Mejorar la calidad de vida de la mayoría de los venezolanos vía gastos del sector público” nunca supone una medida sostenible a lo largo del tiempo en cuanto no genera oportunidades ni capacidades que permitan que el aumento en la calidad de vida sea independiente del estado – y de su ingreso petrolero- y  permanente. Las transferencias de dinero alivian pero no resuelven.
  2. Las subvenciones a los alimentos, aunque  tentador desde la perspectiva política, de la manera que ha sido llevada por el Estado venezolano supone  una competencia desleal y una práctica que lleva a una concentración de mercado que sabemos lleva , en definitiva, a  productos más caros y de peor calidad.
  3. La subvención – no condicionada- a los combustibles es sumamente regresiva. Es decir, favorece más a los más ricos que a los más pobres. No tiene justificación económica o normativa su implementación.
  4. Que el Estado tenga una empresa que se dedique a la manufactura de “vergatarios” supone que es menos dinero que se invierte en educación, salud y una importante cantidad de áreas desatendidas por el Estado. Lo mismo ocurre con las empresas de alimentos del Estado.
  5. Respecto al “aumento sustancial del endeudamiento a PDVSA”. Este es quizá uno de los puntos más preocupantes en cuanto se ha venido haciendo en la década con mayores precios petroleros de la historia y  se ha hecho para aumentar el gasto corriente y no en capital, por lo que no se ha  visto traducido – ni se verá- en aumentos de producción, y por lo tanto, tampoco de la renta. Lo doloroso es ver cómo hemos desperdiciado un potencial tan fuerte  por sostener un sistema de repartición de renta populista.
  6. “Mantener la tasa de cambio que favoreció las importaciones y redujo las exportaciones” – Es completamente paradójico que año tras año se plantee como meta el aumento de la producción nacional si se establece claramente que se busca favorecer las importaciones. La política cambiaria ha sido justamente contra la producción nacional a través de distorsiones en los precios de los productos importados que hacen imposible  a las empresas nacionales competir. Adicionalmente cabe preguntarse cuál fue el empeño en entrar a Mercosur si nunca se tuvo planteado aumentar las exportaciones.
  7. Por último, que sea política de estado subvencionar a empresas públicas sin reformas sustanciales o procesos de privatizaciones hacen que sea imposible que éstas empresas vuelvan a ser independientes financieramente o que tengan incentivos para ser competitivas.

El ex-ministro Giordani, más que confesiones políticas, hizo pública la fórmula de algo realmente difícil: quebrar a un país petrolero en la mayor bonanza de su historia. Continuar con estas políticas agravará la situación económica en la que estamos (60%+ de inflación y una escasez alarmante) y si llega a bajar el precio del petróleo, la caída será mucho más estrepitosa. Esperemos que con Giordani, también hayan salido sus pésimas ideas.

(Santiago Rosas es Profesor de Introducción a la Ciencia Económica en la Universidad Católica Andrés Bello)

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