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La Neuroeconocracia

«Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero”.

Mateo 6, 24-34

Dr. José Miguel López C. MD, Msc

Hasta no hace mucho la ciencia económica estaba reservada a unos cuantos de quienes no se sabía muy bien lo que hacían, algo misterioso que definía o proyectaba las variables relacionadas con las ganancias y los costos, pero en general ignorada por la mayoría de las masas. La economía tenía un componente oscuro y así mismo un lenguaje propio que, como en la medicina, en ocasiones hacía inentendibles los discursos, sin embargo y también como en la medicina, todos, propios y extraños, judíos y gentiles, tenían una forma personal de entenderla, opinar sobre ella y hasta dar consejos, siendo claramente autodidactas en su ciencia. Sin embargo, a partir de los desempeños y protagonismos de las empresas a nivel mundial, de alguna manera predichas por Adam Smith, pero nunca tan consolidadas como los últimos diez años, se ha dado con la creación de un término que tal vez defina lo que va a ser la nueva política de las naciones para el futuro cercano.

Se ha llamado Econocracia a la influencia que, sobre la toma de decisiones en el gobierno de un Estado, tienen las variables económicas administradas por dueños y directivos de megacorporaciones. Aún más, la Econocracia es una forma de gobierno, real o implícito, en donde aquellos aspectos económicos y también los no económicos como la igualdad ante la ley, los aspectos sociales, religiosos, inclusive de toma de decisiones individuales, están regidos y dependen de variables de ganancia y pérdida. El termino ha sido acuñado por Joe Earle, Cahal Moran y Zach Ward Perkins en su libro The Econocracy: The Perils of Leaving Economics to the Experts (La Econocracia: Los peligros de dejar la Economía a los Expertos). De esta forma, una primera parte los objetivos políticos serán programados y propuestos en base a un fondo siempre de tipo económico y donde ninguna otra cosa tenga cabida distinto a la economía y en una segunda fase serán, los que detentan el poder empresarial en cualquiera de sus múltiples formas, quienes directamente tracen los objetivos, al margen de los políticos, los cuales serán usados como títeres o cabezas visibles para la población, aparentando que es la política la que sigue rigiendo. El verdadero poder detrás del trono. Las grandes depositarias del poder político, en un mundo donde la libre empresa se desempeña campante y con presupuestos que fácilmente pudiesen ser equiparables a los de países pequeños o medianos, son las mega corporaciones, esas que por un lado contratan la mayoría de los empleos y por otro ofrecen productos de alta demanda, esas que explotan las riquezas del subsuelo de un país y transforman los productos de la tierra y del mar, esas cuya única conexión con el estado estaría en el cumplimiento de la ley, en donde se encuentran los impuestos y el monopolio, entre otros, pero donde ese Estado no se involucra en ningún tipo de regulaciones de ejercicio, ni de precios. Entonces al hacerse cada vez más grandes porque, en parte, compran a las más pequeñas, acumulan grandes cuotas de poder, tan grandes que pueden determinar si las leyes se aprueban o no, algo tan fuera de lo económico y tan dentro de lo popular a través de los representantes del pueblo, que resultó difícil de imaginar hasta la ocurrencia del Evento Georgia. El caso concreto se refiere a Disney, Netflix, Warner, Universal, empresas todas del área del entretenimiento y comunicación y que, de acuerdo a distintas fuentes noticiosas, amenazaron con dejar sin empleo a más de noventa mil trabajadores del estado de Georgia, USA, si se aprobaba y/o se ponía en vigencia la ley contra el aborto, es decir, mudarían sus instalaciones a otro estado y nunca volverían a hacer películas, grabaciones, distribución o algún tipo de negocio. Se está hablando de entidades que acumulan un poder económico que pudiese estar circunscrito, sólo con Disney, en un valor de marca que oscilaría alrededor de los 54 mil millones de dólares para el año 2018, siendo este número el costo del nombre “Disney” a la hora de vender los derechos. Si se observan otros indicadores como volumen de negocios acumulado, patrimonio empresarial y otros, se habla entonces de empresas que se lucran de su negocio pero que presupuestariamente se comportan como naciones medianas. Por supuesto que el asiento del poder en estos emporios, aunque digan lo contrario y vendan que su “misión” y “visión” estén apegadas a los más genuinos intereses democráticos, está en su funcionamiento, que es más parecido a la sumisión, siendo descartado de la nómina quine no siga sus directrices. Estas mega estructuras económicas en forma de modelo de negocios, regadas por todo el planeta donde puedan tener una participación de mercado, se comportan como pequeños estados dentro de un país, influenciándolo directa o indirectamente, siendo para ellas el fin último, no el poder de la masa electora sino el poder del dinero en todas sus formas. Estos holdings, corporaciones, consorcios, multinacionales o cualquiera otra nominativa aplicable, no nacieron ni crecieron por decisión del ejercicio del sufragio, salvo internamente para elecciones de juntas directivas, fusiones o presidencias corporativas, no, estas empresas nacieron como negocios  que buscaban ser lucrativos, lo fueron y por ello crecieron hasta convertirse en inmensas entidades multidivisionales y multinacionales, que nunca tienen tope en su techo de crecimiento y que se expanden ad infinitum.

Es conocido que el dinero genera poder y viceversa, sin embargo pudiesen existir razones distintas al mero incremento de los ingresos en estas empresas, es decir, pudiesen existir razones propias del cumplimiento de instrucciones a cambio de favores recibidos o por recibir, una nueva forma de clientelismo empresarial, aprovechando que las mencionadas en este artículo son todas empresas de entretenimiento y comunicación, dueñas de medios, con capacidad de instrumentar un mensaje y sembrarlo en las mentes de la audiencia, distinto a una empresa de alimentos, una metalúrgica o una farmacéutica, aunque no excluyente. Es una hecho claro y que no amerita mayores discusiones que la conceptualización acerca del aborto, por lo general, está imbricada en la adopción de una postura política, es claro que quienes piensan que la mujer toma la decisión sobre su cuerpo en cuanto a la interrupción del embarazo sin que haya leyes que lo restrinjan sino que lo favorezcan, tienden al progresismo y a la izquierda y en su versión de la diestra o el conservadurismo y las tradiciones, el aborto debe ser prohibido por ley salvo en ciertos casos, no exentos de polémica. Se sabe también que tanto los que participan en las decisiones de la política de un país, representantes, legisladores, ejecutivo, fundaciones, observatorios y demás entes tanto de Estado como no gubernamentales, opinan diariamente sobre la conveniencia o no de alguna de las dos posturas, aprobación o prohibición del aborto, mostrando estadísticas, haciendo foros, entrevistas, debates, en resumen consumiendo espacio de medios, sin embargo lo que había sido hasta hace pocas semanas poco visto, era que un bloque de consorcios, todos dedicados a lo mismo, se pronunciaran en un asunto que sólo tiene una solución política a través de los votos en los parlamentos, pero que aún con la voluntad de las gentes, expresada a través de los representantes, se amenazase a un estado completo de USA con dejar sin empleo a un número enorme de habitantes, más allá, no grabar, no usar locaciones para filmaciones de nuevas películas o series, una presión, una amenaza directa a una institución, la más importante en la gran mayoría de los países, la institución parlamentaria que es la auténtica representación de los habitantes y que es, paradójicamente, una amenaza a la población que es la gran consumidora de esos medios. Una amenaza que no alberga la más mínima sanción porque en USA cada empresa es libre de colocar sus instalaciones, sus domicilios fiscales, sus razones legales y comerciales, donde les parezca más oportuno dentro y fuera del territorio de los Estados Unidos, y se da así en la mayoría de los países, excluidos por supuestos los regímenes totalitarios. Llama mucho la atención la presencia de paradojas tales como las del caso Disney que nació, creció, se desarrolló y da sus golpes más fuertes en entretenimiento infantil y juvenil, quien proponga que los niños deban ser eliminados antes de nacer. Sin embargo y aunque existan voces disidentes, estas empresas se rigen por asambleas de accionistas que votan para que se fijen posiciones de este tipo ante la opinión pública y que en el fondo también quieren obtener sus dividendos. Este es el rol de la econocracia y sus expertos, ir más allá de lo meramente económico y ejercer el poder en toda su extensión, inclusive por métodos que no tienen absolutamente nada de democráticos y justo en uno de los países cuna de las libertades y la democracia, otra paradoja en la colección. Lo neuroeconócratas se encargan de asesorar a los encargados de la parte productiva, la directiva, la administrativa de las empresas, en cuanto a comportamientos sociales y políticos, en cuanto a creencias religiosas y deportes practicados por las masas, en cuanto a indicadores de pobreza y desarrollo de acuerdo a los estándares de los tratados, la ONU, Unión Europea, cambio climático y cosas por el estilo, y calcula sus potenciales clientes, de manera que consuman el contenido que vendan, sea o no de buena calidad, por apoyo a esa cadena de empresas que está del lado del progresismo, lo que en psicoterapéutica se llamaría solidaridad automática o sociedad de cómplices. Las acciones legales que puedan aplicarse a estas conductas corporativas están por verse, pero lo que se puede desprender es que cualquier lucha legal contra ellas, significaría en primer lugar años de litigio y en segundo mucho dinero, en cualquiera de los casos, las empresas no ven afectada su productividad, en particular porque cualquier cantidad en honorarios de abogados o en arreglos para evitar juicios, pudiese resultar insignificante. Sin embargo hay una herramienta a la cual le tendrían extremo miedo, aunque se piense de improbable aplicación, y es el boicot de los espectadores, de la teleaudiencia, en fin, de los consumidores de los productos, y eso se pudiese lograr con educación y profundidad de criterio social, con formación ciudadana de tal calidad que permita que cada persona que esté en desacuerdo con cualquiera de estas creadoras y distribuidoras de contenido, pudiese cancelar la suscripción, dejase de ir a los cines, tomase canales en la televisión satelital donde las paquetes fuesen personalizados y poder quitarlas de las distintas parrillas y que empezasen a dejar de percibir ingresos, a esto le temen todos los empresarios, más por descrédito que por necesidad, a esas alturas los capitales personales de tanto accionistas como directivos serían suficientes para mantenerlos por quinientos años, pero saberse que se equivocaron y que fueron castigados es algo que los dejaría en el lado oscuro de la historia. Antes una empresa sacrificaría lo que fuese para no perder su buen nombre, hoy parece que hay un cambio y se reformularía así: a una empresa no le importará si una parte de la sociedad la crítica y la excluye, mientras el sector progresista y de justicia social la apoye. Una empresa aceptará que forma parte de aquello que creen, es el lado correcto de la sociedad, aunque sus productos sean de pobre calidad, ya que aquellos que la apoyan no verán el producto sino su posición política, de esta forma seguirán sus ventas, orientadas no a la totalidad sino a una parcialidad y manteniendo una participación de mercado y abriéndose nuevas oportunidades de negocios ya que el apoyo de sociedad y estamento político se encuentra establecida. Este ejemplo se manifiesta con claridad en la industria cinematográfica, donde las producciones tienen en general malas críticas y donde se cuidan aspectos que rompen con la originalidad de un guion, donde se cuidan las ofensas que tengan que ver con raza y religión, género e infancia, y donde el resultado pudiese dar la impresión de películas controladas en su contenido y donde la libertad de crear abiertamente ya no formaría parte del making de una película, serie o corto. Desde hace ya un tiempo la industria del entretenimiento, en particular el cine, ha mostrado una sistemática adhesión a una estructura conductual conocida como comportamiento políticamente correcto, es decir que todo aquello que, más allá de la ley, es decir más allá de la libertad de expresión, consagrada en la mayoría de las legislaciones, sólo se permite decir en medios públicos aquello que no ofenda a las minorías, aquello que no critique a la ideología de género y al aborto, aquello que no critique a la inmigración, la raza, el sexo, la condición social, entre un sinnúmero de cosas.

Por ejemplo, Marvel no permite que haya escenas de sometimiento femenino, ni en sus comics ni en sus películas, aunque sólo sea parte de una historia, un guion, en cambio se ve en las distintas producciones como Capitana Marvel que en algunas escenas la protagonista golpea a un hombre que intentaba acercársele con seducción, le roba la chaqueta y huye haciendo maniobras en la moto, prohibidas por cualquier legislación de tránsito, actuaciones que en una heroína no deberían ser mostradas como ejemplificantes. No sólo empresas sino la mayoría de la élite actoral de Hollywood comentan y hacen activismo político convirtiéndose en divulgadores de una corriente muy propia del medio, quizás por aquello que las izquierdas crecen fuertes en el fértil terreno del arte. En resumen, la econocracia busca el poder a partir de métodos que no tienen parecido con los ortodoxos métodos políticos, pero sí con la translocación de sus herramientas de control a su capital humano. Busca el poder a partir de la sugestión en el caso de aquellos influenciadores y cuyas opiniones les hagan ganar seguidores y por ello dinero, aquí un inciso para hablar un momento de redes y en particular de una YouTube, la más grande en materia de contenido audiovisual, sin embargo aquello que se pueda decir en esta plataforma y que en particular tenga que ver con apoyo a la religión católica, apoyo a la política conservadora, críticas a la ideología de género, críticas al aborto, puede ser censurado y hasta eliminado el canal incluida la monetización es decir lo devengado por las visualizaciones y sin mayores explicaciones. La neuroeconocracia va, de acuerdo a ciertas proyecciones, a cambiar el esquema de gobierno, cambiando la forma de hacer política, empezando por los países de mayor desarrollo económico para terminar en aquellas naciones de menor índice de crecimiento. Llegará un momento en que la econocracia escogerá un candidato a la presidencia y amenazará con abandonar las locaciones del país si éste no es elegido. La econocracia va a ser la nueva rectora de las vidas de las personas en no más de diez años no importando si tienen más o menos cultura política, por lo que las decisiones de las mayorías electorales estarían condicionadas, como en los casos de Disney y Netflix, a ser suprimidos de sus trabajos, lo cual a todas luces es una refinada y tosca a la vez, dictadura. La econocracia es la supresión de la libertad de elección, explotando los miedos humanos más terribles, la carencia de alimento, trabajo, vestido, vivienda, entre otros.

 

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