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La política de pan y circo

… desde hace tiempo —exactamente desde que no tenemos a quien vender el voto—, este pueblo ha perdido su interés por la política, y si antes concedía mandos, haces, legiones, en fin todo, ahora deja hacer y sólo desea con avidez dos cosas: pan y juegos de circo

… iam pridem, ex quo suffragia nulli uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se continet atque duas tantum res anxius optat, panem et circenses.

(Juvenal, Sátiras X, 77–81)

Se habla mucho de la política de “pan y circo” que practican quienes gobiernan, sobre todo los dictadores, cuando su popularidad ha caído a niveles alarmantes y pretenden recuperarla con regalos  y sobornos. Quien primero habló de pan y circo fue el poeta romano Juvenal, en una de sus sátiras, en 140 A.C. refiriéndose al hecho de que los gobernantes, al darse cuenta de que el pueblo ya no los quería optaban por regalar trigo y montar espectáculos circenses, para comprar conciencias.

Esa política se repite mucho en los tiempos modernos, sobre todo en las dictaduras, sobre todo en Venezuela. Se practicó mucho en la época de Pérez Jiménez; se siguió practicando durante los 40 años de democracia –aunque buscando disimularla– pero, durante el régimen del “socialismo del siglo XXI ha llegado a términos inauditos y descarados. Hugo Chávez, mientras gozó de recursos monetarios extraordinarios, provenientes de los altos precios del petróleo, se dedicó a financiar con dádivas a muchos países, sobre todo a Cuba y a los del Caribe. En Venezuela, fueron muchas las conciencias que compró, con el abundante “pan” con el que contaba que también le permitía montar “circos”. Llegado el dictador Maduro al poder, los ingresos petroleros bajaron a niveles alarmantes que, en sana lógica, no podían permitir las dádivas que otorgaba Chávez, por no contarse con suficiente “pan”. Pero el dictador fue más allá de quien lo había ungido, aumentó la regaladera tanto a los sectores venezolanos como a los gobiernos extranjeros cuyo apoyo no quería perder, así como toda clase de espectáculos. Ante la carencia de alimentos, creó las famosas CLAP, otorgadas más que todo a los simpatizantes de su gobierno. No hay “pan” que ofrecer al pueblo venezolano, porque los reducidos dólares con que se cuenta los utiliza para apoyar a los pocos países de Latinoamérica, del Caribe, que aún lo apoyan –que se pueden contar con escasos dedos de las manos.

Le ha regalado 5 millones de dólares al estado  de Texas como auxilio a los damnificados por el huracán Harvey y sus secuelas, pero no hace nada para poder importar alimento y remedios que puedan aliviar las carencias que sufren los venezolanos, ni para auxiliar a los damnificados de Choroní ni de otras regiones del país. Cada día se le va a hacer más difícil poder brindar “pan y circo”, ya la gente no soporta el poco “pan y circo” que pueda ofrecer y no está dispuesta a soportar sus sobornos y sus engaños.

Hace pocos días Maduro dijo: “Ha llegado la hora de construir el Estado Comunal”. Podemos contestarle: “ha llegado la hora de tu final”.

 

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