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La única solución pacífica está en la Constitución

La tendencia humana es a culpar a otros por nuestros errores, pérdidas y daños. La situación caótica del país y la miseria de sus ciudadanos no ha sido producto o consecuencia de una acción instantánea o de un accidente repentino; todo ha sucedido como consecuencia de una cantidad de eventos, sucesos, tolerancia, errores y abusos sucesivos ocurridos durante 22 años consecutivos. 

Lo cierto es que por la viveza criolla, los intereses personales, la corrupción lucrativa y por idiotez, se está a punto de perder un país que lo tiene todo para ser un paraíso.  Perderse, asimismo, además de convertirse en ente contaminante para todo el Continente.

Haciendo memoria debemos recordar que, para  finales de los años 90, no obstante ser un país petrolero de rango importante a nivel mundial, aparte de disfrutar de muchos otros atributos económicos posibles, la situación económica y social del pueblo no era buena. Las apetencias de poder, el lucro personal, las luchas, las ambiciones y la pérdida de objetividad de los PARTIDOS POLÍTICOS permitió que prelaran  los intereses personales; también  que perdieran su razón de ser: llegar al poder para brindarle al país -con y según su óptica y propuestas particulares- desarrollo, prosperidad y calidad de vida a sus ciudadanos. 

Todo ello produjo un desencanto ciudadano de los partidos y de sus líderes, además de permitir que aflorara el eterno y dañino anhelo y creencia de los venezolanos de que, ante lo malo,  surgiría un Mecías salvador. Así, como en Caballo de Troya, llegó el Coronel Hugo Chávez Frías, quien apareció ofreciendo villas y castillos. Y lo hizo, además, desplazando y arrasando a las desprestigiadas organizaciones partidistas y, por supuesto,  ganando las elecciones. Mejor dicho, haciéndose del control del poder y de una ascendencia dominante  para, desde el aprovechamiento estratégico de dicha posición, avanzar en la destrucción y ruina del que era el país con más potencial de desarrollo de  Latinoamérica.

El efecto ha sido que Venezuela está hoy en el mismo umbral de los años 90. Sólo que ahora está en peor situación, mientras que sus ciudadanos están:  arruinados, desilusionados, sin esperanzas, a la vez que más de 6 (seis) millones de sus hijos migraron en estampida, desunidos, sin que no haya desaparecido del todo el falso sentimiento mítico de que algún día vendrá un Mecías. 

Quizás las nuevas generaciones pudieran estar construyendo en sus adentros de que no habrá ningún Mecías. Sin embargo, el control del poder ha sido suficiente para, por ahora, disponer de un dominio que sólo dejará de ser lo que exhibe por sobre el derecho a hacerle frente, cuando la educación y la razón incidan de tal manera en esas generaciones de avanzada terminen por comprender que la  solución y la salvación está en la misma ciudadanía. Ella debe comprender y aceptar que su conformación no puede seguir siendo la de meros habitantes de una región determinada, sino que son  CIUDADANOS DE UN PAÍS con deberes y derechos y que, únicamente unidos, serán capaces de reencontrarse y de salvar al país.

Los venezolanos están hoy en grave peligro de perder el apoyo internacional, al no ofrecer y culminar con éxito ninguna de las propuestas de solución formuladas de parte de la Oposición. Esta,  absurdamente, ha insistido en propiciar una división permanente entre los líderes y los partidos opositores, además de permitir que, al no demostrar lo contrario, haya sembrado  lamentables acusaciones de malversación y corrupción de fondos captado para sostener esfuerzos internacionales contra el avance sistemático del régimen venezolano. 

El Senador norteamericano Chris Murphy, junto otros con igual pronunciamiento, se acaba de pronunciar ante el Congreso Norteamericano, manifestando su descontento  sobre lo obtenido con el respaldo de los Estados Unidos a lo Oposición venezolana. Frontalmente, ha dicho que «no ha habido ningún resultado». 

De igual manera, el Embajador Norteamericano para Venezuela, James Story, lanzó en estos días lo que se puede calificar de seria advertencia. Y se trata de que los Estados Unidos sólo reconocerá al Ingeniero Juan Guaidó hasta el mes de diciembre en su rol actual de Presidente Interino. Y eso, sin duda alguna, es muy significativo.

Sin duda alguna, hay que evitar descalabros sociales, políticos y democráticos en el país. Y la única manera de lograrlo es haciendo posible que la  verdadera Oposición, es decir, la Sociedad Civil, integrada por casi 90% de la población, se una en función de la recuperación del  país, sin someterse al dominio o influencia mezquina de intereses particulares o grupales. 

Los Partidos Políticos son parte de la Sociedad Civil, y no al revés. Y eso se traduce en que es por eso que el Presidente Interino Juan Guaidó debe desprenderse de su  sometimiento a la dependencia y voluntad partidista, y apoyarse principalmente en personas reconocidas por su experiencia, honestidad y conocimientos. Además de lo más imparciales posible, en cuanto al partidismo, para poder conformar un gobierno de transición independiente para la recuperación, organización y pacificación del país. 

Lo que traduce todo lo expuesto anteriormente, es que en Venezuela tienen que crearse condiciones confiables para que se pueda acudir a unas elecciones libres, honestas y vigiladas internacionalmente,  sin que eso se traduzca en el desconocimiento de lo obvio:  la aceptación del hecho pragmático de la participación donde deben y tienen que participar los Partidos Políticos, con sus respectivas propuestas y candidatos.

La Constitución vigente ofrece esa posibilidad. El 12 de diciembre del 2020, el pueblo,  luego de la  CONSULTA, junto a casi 7 MILLONES DE CIUDADANOS, ordenó: el cese a la usurpación, elecciones libres y la ayuda humanitaria internacional. 

Como continuidad y cumplimiento constitucional a ese mandato, la misma Constitución en sus artículos 5, 70, 347, y 348, permite, tal y como se realizó la Consulta, y SIN LA INTERVENCIÓN DEL CONSEJO NACIONAL ELECTORAL, la convocación inmediata a un Referéndum Consultivo. Además de, CON LA APROBACIÓN Y PARTICIPACIÓN DEL 15% DEL PATRÓN ELECTORAL, ir a un Proceso Constituyente, integrado por TODOS los partidos  políticos y sectores económicos del país, luego de una elección constituyentista a la mayor brevedad. El propósito sería nombrar nuevas autoridades, sin excepción, y proceder al reencuentro nacional, pacífico y reconstructivo del país integral, sin presos políticos, partidos inhabilitados, exilados, odios ni persecuciones.

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