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La unión ambiental europea

El 24 de octubre los jefes de Estado y de gobierno de los 28 países miembros de la Unión Europea alcanzaron un histórico acuerdo, jurídicamente vinculante, para la reducción de emisiones de gases tóxicos de efecto invernadero, como preámbulo a la cumbre de las Naciones Unidas sobre cambio climático, a celebrarse en París en 2015, en la cual se espera lograr un tratado multilateral que remplace el fenecido Protocolo de Kioto (1997).

El Acuerdo Marco propuesto por la Comisión Europea, Metas del clima y la energía para una economía competitiva, segura y baja en carbón en la Unión Europea para el 2030, fue adoptado por el Consejo Europeo con el objeto de dar un ejemplo a los 192 Estados que negocian en la ONU (con poco éxito y con progresos parciales), un nuevo tratado vinculante desde la fallida cumbre de Copenhague (2009).

El acuerdo fija como objetivo principal recortar las emisiones tóxicas en un 40% para 2030 (por debajo del nivel de 1990). Ello significa duplicar la meta previa de 20% para 2020. El compromiso comunitario prevé que el 27% de su energía provenga de fuentes renovables (eólica, solar, hidroelectricidad, etc.). El ente supranacional se propone bajar sus emisiones entre 80 y 95% para el 2050. No es poca cosa.

Europa ha estado a la vanguardia entre los países industrializados en la reducción de gases nocivos, en particular de dióxido de carbono. Con un PIB de US$ 17,5 billones (4% mayor al de Estados Unidos en 2013), la UE genera el 11% del total mundial de emisiones, frente a 16% de EEUU. Además, la eficiencia energética mejora: Alemania, por ejemplo, necesitaba 144 kilogramos de petróleo para producir US$1.000 de PIB en 1990, y actualmente requiere de 93, 35,4% menos (Banco Mundial).

Los críticos señalan que una porción de la meta fijada podrá lograrse mediante la compra de títulos comerciables excedentarios de países con bajas emisiones. Por su parte, las naciones en desarrollo reclaman su derecho a industrializarse. Sin embargo, una publicación tan euro-escéptica como The Economist, no deja de reconocer la significación de un acuerdo suscrito por un órgano de integración supranacional como la Unión Europea. Ojalá los órganos de integración latinoamericanos (CAN o Mercosur) sigan el ejemplo.

 

@lxgrisanti

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