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Los Decisores de la Transición

El choque entre el jacobinismo verbal del gobierno y el proyecto de dominación encriptado de la oposición, induce a pensar que existe un caos político en Venezuela. El “pacto de Estado” y los parámetros sistémicos demuestran que esa idea es falsa: Maduro y Cabello han logrado exitosamente suicidar a la V República. El nuevo bipartidismo monopolizador de la renta petrólera está en ciernes. La Patria fue violada o, en palabras del Gran Alí Primera, “manoseada” 259.000 millones de veces por los corruptos de ambos lados. El pueblo –desinformado, desorganizado y desarmado– no tendrá mayor influencia en el “pacto de Estado”, que es un proceso de transición cupular y restaurador. El resultado final del proceso de transición será determinado por los militares y la geoeconomía mundial. Ante ambos atractores, la MUD y la Troyka son operadores de segunda clase en un polígono de transición definido por fuerzas superiores. Esto no quiere decir, que en su torpeza y desmesura irracional (hybris) no puedan transgredir los límites de lo politico —el arte de lo posible— desatando los jinetes apocalípticos de Maidan.

  1. Padrino López, Raúl Baduel y Mao-Tse Dong

Cuando el General Raúl Baduel rechazó el golpe de Estado de la oligarquía en el 2002, definió las reglas institucionales de transición de la corrupta y bipartidista IV. República a la V. República del Bolivarianismo. Todo dentro de la Constitución, nada por fuera, fue el mensaje del General y de los militares patrióticos que lo secundaron, así como de la mayoría del pueblo. Fue el jaque mate al dominio de la Vieja Clase Política, que abrió las puertas hacia una transición socialdemócrata progresista. Trece años después de esta acción normativa, el General Vladimir Padrino López determinó con la mísma máxima las reglas institucionales de transición de la corrupta e ineficiente V. República “bolivariana” a la VI. Abrió las puertas a la transición restauradora, pero evitó, por ahora, una guerra civil que sólo beneficiaría a Washington y la oligarquía. Confirmó, una vez más, el inmortal dictum de Mao Tse Dong, que el poder político nace de los cañones de los fusiles.

  1. Padrino López y Capriles: el Centro Político

Con la decisión del jefe de la FANB (Padrino López) y su endosamiento público –”pacto de Estado”– por parte de la oposición (H. Escarrá), el polígono de planeación de la transición quedó definido en su normatividad política. Nuevamente, la decisión cuenta con el apoyo de la mayoría del pueblo. Pero, esta vez sella el destino de la Nueva Clase Política (“bolivariana”). Ante el estupor del gobierno Maduro-Cabello, que entra ahora en su cuarto año, la fracción militar dominante decidió marginar a los yihadistas venezolanos de ambos lados del espectro político: Maduro/Cabello del lado gubernamental, los “salidistas” del lado oligárquico. La decisión resulta del eterno horror de los militares: la pérdida del “orden”. Si el status quo puede evitar la explosión social que convierte el orden en caos, queda por verse.

  1. “En puertas de una catástrofe”

Los parámetros económico-sociales de la transición son determinados por la situación mundial del petróleo. Eulogio del Pino, Ministro de Minería y Petróleo, lo expresó con claridad: Por los bajos precios del petróleo, se ha ocupado el 90 por ciento de la capacidad del almacenamiento mundial. De continuar esta tendencia, se llegará al 100 por ciento durante el primer trimestre del 2016. “Cuando eso pase, pudiéramos estar en puertas de una catástrofe” (18.12.15). Efectivamente: con la caída del PIB del 10%, la inflación de 180%, el déficit fiscal de dos dígitos, las reservas internacionales “derritiéndose” y los preceptos de Voodoo-Economics imperando en la troika, el término exacto para describir la situación es “catástrofe”.

  1. Jacobinismo jurásico

En esta situación estructural, la salvación del país no es posible con los anacrónicos sueños jacobinos de “más revolución” y el fetiche propagandístico de la “guerra económica”. Ambos solo muestran la incultura histórica y las limitaciones de la propaganda rasputinesca de los que conducen en lo nacional e internacional al PSUV. Aplicar el jacobinismo después del Termidor —es decir, querer ejecutar la revolución cuando la contrarrevolución ya ha triunfado— es una ridiculez histórica. Cuando existía el poder para ser jacobino, ni Hugo Chávez ni los actuales líderes lo emplearon. Congelaron al único jacobino de la revolución, al General Muller, y huyeron –como el diablo del agua bendita– del único paradigma estratégico científico-político disponible para convertirse en referente mundial del Siglo 21: la simbiosis del desarrollismo criollo con el Socialismo del Siglo 21.

  1. Economía justa del Siglo 21

Teniendo a los arquitectos del desarrollismo criollo posible en la vecindad (Correa, Evo, Lula), prefirieron traer asesores trasnochados de la economía de mercado de España y del obsoleto Socialismo del Siglo 20. Y ni siquiera despertaron, cuando los grandes economistas socialdemócratas contemporáneos como Krugman, Reich, Stiglitz, volvieron la mirada a la lucha de clases, con la conclusión de que el sistema plutocrático de Estados Unidos es oligárquico —una tiranía de clase— y que una sociedad justa, democrática y estable, solo es posible, si la economía descansa sobre el principio de equivalencia. En palabras de Krugman: En una economía de mercado idealizada, se le pagaría a todo trabajador “exactamente lo que él o ella contribuirían a la economía…, ni más ni menos” (“After all, in an idealized market economy each worker would be paid exactly what he or she contributes to the economy by choosing to work, no more and no less. And this would be equally true for workers making $30,000 a year and executives making $30 million a year”).

Krugman reconoció esa esencia de la economía de equivalencia del Socialismo del Siglo 21 y de su contrat social perdurable (Rousseau), hace varios años. Pero, los aficionados de Voodoo-Economics en Miraflores, alucinando con su “moneda comunitaria”, el precio justo y el Vice-Ministerio para la Suprema Felicidad social del Pueblo, no tuvieron tiempo para informarse. Hoy están con las manos vacías, sin programa de transición, ofreciendo la fraseología de siempre: “La primera decisión: declararnos en sesión permanente de ejecución nacional del plan estratégico de contraofensiva revolucionaria política, humana, popular, espiritual, territorial, económica, militar” (N. Maduro).

  1. ¿Es contrarrevolucionario el Centro?

No es la hora de la hybris, la transgresión arrogante de los límites. Lo que el pueblo venezolano necesita es la concordia oppositorum (Dante Alighieri), la concordia dialéctica entre los extremos. Pero, el Centro no es, per se, contrarrevolucionario? No para un pensamiento dialéctico. Los procesos de transición solo pueden ser estables, cuando dominen las cadenas de equilibrios fluctuantes, internos y exógenos. Mao dilucidó este problema con gran claridad y Putin y Xi Jinping dan cátedras magistrales cotidianas sobre este arte de la política. Pero, el sectarismo de la Nueva Clase Política y la hibris de los yihadistas “salidies” les impide entender verdades objetivas.

  1. La ecuación salvadora

Establecido el nuevo Centro de Gravedad de la política venezolana y definidos los parámetros del polígono de planeación político-económico de la transición, a las fuerzas políticas del país les queda la tarea de operacionalizar los parámetros y optimizar los resultados posibles. Ante la incapacidad de adaptación Darwiniana de la Troika y el revanchismo atávico de los “salidistas”, no será fácil construir un programa de salvación nacional; máxime cuando a la ecuación salvadora le falta una variable fundamental. Hay fusiles y masas disponibles para la transición, pero falta el sujeto conductor del proceso.

  1. 2016: la Batalla final

La ofensiva final de la oposición se inicia en enero 2016, desde el sector institucional. El objetivo estratégico consiste en izar la bandera de la oligarquía sobre el Palacio de Miraflores dentro de seis meses (Ramos Allup). El gobierno ha respondido a esta amenaza, tratando de perpetuar su control de la estructura estatal (nombramientos TSJ, leyes habilitantes, etc) mediante un Blitzkrieg (guerra relámpaga) institucional preventivo. Reclamando ambas partes el mismo derecho a gobernar, sucederá lo que Karl Marx formuló con su habitual brillantez: “Entre derechos iguales decide la fuerza (Gewalt)”.

  1. Tres fases de la Batalla final

La batalla final tendrá, por consiguiente, tres fases. Se inicia en el campo institucional (Parlamento, Tribunal Supremo de Justicia y Presidencia). Cuando ambas partes movilizan su base social, pasará a la calle. Ante la creciente ingobernabilidad y amenaza de “caos”, los militares tomarán el poder. La VI República nacerá, por lo tanto, y muy probablemente, en un parto violento, comparable al de la V República — excepto que un sujeto razonable y poderoso tome en serio la sabiduría del gran Florentino: es la hora de la concordia oppositorum. Pero ¿cuándo, en la historia de la lucha de clases, le ha importado el bien del pueblo a los protagonistas?

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