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Los tiempos bíblicos

Sabemos que hay un tiempo para sembrar y otro para cosechar, pero no es igual cuando se trata de definir la actitud o conducta que debemos asumir en nuestra vida política, que es como decir en nuestra vida cotidiana, porque en las exigencias del diario acontecer se mezclan a nuestras necesidades quien sabe cuántas cosas de las que debemos y tenemos que ocuparnos, porque si las dejamos en otras manos como lo hacemos con la política, sucede lo que nos está sucediendo en política desde hace 22 años 8 meses y unos cuantos días; aunque esto comenzó no precisamente con el triunfo electoral de Chávez Frías en 1998. Hay por lo tanto que participar. 

Hace cerca de 2500 años un griego llamado Sófocles, preguntado por sus alumnos sobre que se debía hacer para entusiasmar a los mejores a ocuparse de la política y no dedicarse entera y egoístamente a sus negocios o asuntos personales, les respondió que él veía únicamente tres maneras de atraerlos que eran: 1) ofrecerles riquezas 2) ofrecerles honores y 3) ofrecerles castigos. Sus alumnos rechazaron la primera vía diciendo que atraería no a los mejores sino a los más codiciosos y Sócrates admitió que tenían razón y descartó la solución. Sus alumnos también rechazaron la segunda propuesta porque atraería a los más presuntuosos y de nuevo admitió Sócrates su error. Cuando se creía cerrada la discusión porque la tercera solución sería incapaz de atraer a nadie, Sócrates les dijo que el castigo sería ser gobernado por los que son peores.

Este problema o quizá más bien enigma que se presenta en nuestro diario acontecer y que condiciona nuestras posiciones frente al gobierno se ha potenciado con el correr de los años; y desde luego lo agudiza el deterioro de las condiciones de vida de todos los que carecen de vínculos con el gobierno.

Hoy se puede decir que dentro de los seguidores del chavismo podemos distinguir varios grupos: 1) los que sostienen la bondad del chavismo, no reconocen al usurpador como sucesor, pero no hacen causa común con los opositores, por lo que parecería a la caída del usurpador, se exhibirán como ajenos a lo ocurrido; 2) los que sostienen la bondad del chavismo y reconocen al usurpador como legítimo sucesor aunque puedan tener diferencias aquí, allá o acullá; 3) los que sostienen la bondad del chavismo, reconocen al usurpador como sucesor y cualquier desacierto se origina en las maniobras del “imperio” y la complicidad de los punto-fijistas; y 4) los que sostienen la bondad del chavismo, reconocen al usurpador como sucesor, niegan la existencia de desaciertos y desde luego las dificultades que el pueblo padece están engendradas por los opositores respaldados por el “imperio”, o por el “imperio” con la colaboración de los opositores.

¿Y del lado de los opositores? Desde luego 1) los que han renunciado a enfrentar la realidad política y no quieren ni siquiera que el tema se trate; 2) los que no encuentran otras formas de actuar políticamente sino la de organizarse para concurrir a elecciones como lo han hecho toda la vida; 3) la de quienes de buena fe creen que es posible por la vía electoral sacar del poder al gobierno chavista o madurista; 4) la de quienes, también de buena fe, creen que por la vía electoral se pueden ampliar espacios para luego lograr, desde esos amplios espacios, sustituir el régimen que nos subyuga por una nueva democracia; 5) la de quienes creemos (en este grupo me incluyo) que la solución electoral no antecede a la cesación del régimen, sino que es posterior a la cesación misma. Las experiencias en la Repúblicas Bálticas, la Democrática Alemana, Polonia, Checoeslovaquia, Hungría, Bulgaria y la trágica de Rumania me ayudan a sostener mi credo.

 El grupo a su vez se subdivide en dos o quizá tres grupos. Los que creen que únicamente mediante el uso de la fuerza cesará la usurpación y los que no la creen necesaria. Yo desde luego la creo necesaria seguramente porque soy abogado y conocí desde hace por lo menos 60 años que la fuerza acompaña al derecho, lo que no significa que necesito un pelotón bien armado para el asalto a Miraflores, ni tampoco una fuerza extranjera que lo haga porque me encontraría un segundo después de su éxito preguntándome ¿cómo los saco?

El caso es que toda esta verborrea que he escrito me la indujo una noticia que quiero que haga eco en un compatriota a quien tengo por honesto, de buena ley y de buena fe que integra el  nuevo Consejo Nacional Electoral. La noticia es que los inhabilitados para las elecciones no han sido rehabilitados; y si los participantes son los que cuentan con el “visto bueno” del gobierno, me pregunto si esto no es razón suficiente para considerar que la elección que se convoca está programada para que accedan, si acaso acceden a los cargos en disputa (gobernaciones y alcaldías) compatriotas que tienen, como se diría en el lenguaje diplomático, el “placet” del gobierno que los recibe.

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