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Más allá de la “salida” de Maduro

El espectáculo judicial tramposo y bochornoso dado por el Gobierno después de las elecciones parlamentarias del 6D, profundiza el deterioro por el cual viene atravesando el chavismo desde el 2012.

El debate politic0 planteado por el Gobierno lamentablemente no ayuda a la discusión sobre la grave crisis del país, al tiempo que continúa obstruyendo el necesario diálogo con la oposición.

El espectáculo judicial tramposo del Gobierno imposibilita la necesidad de adoptar las medidas necesarias que corrijan el camino hacia al barranco de la economía del país, al tiempo que no permite evaluar los costos políticos y sociales de la política económica y su financiamiento, que ha llevado al país a una especie de estado de conmoción porque pareciera que todo el edificio intelectual se hubiese hundido para llegar a un acuerdo sobre una salida, es decir, será a través de:

-¿Una política de ajuste tipo FMI?

-¿De una Reforma Tributaria?

-¿De una redefinición del Gasto Público?

-¿De una renegociación de la deuda?

-¿Otras?

Este es el debate que en mi criterio está comprometido en primer lugar, el Gobierno y por supuesto la oposición.

La precarización de la situación económica del país se agudizará sin duda éste año, lo cual hace necesario que el formato de la discusión no esté presidido por radicalismos absurdos de parte y parte.

Este año habrá una mayor desaceleración de que la se espera, como consecuencia de una demanda externa e interna con muy bajo dinamismo. En la demanda externa me refiero a las exportaciones y, en la interna, al consumo y a la inversión insuficiente. Las agencias calificadoras de riesgo pronostican que Venezuela pudiera caer este año en una cesación de pagos, lo que colocaría al país fuera de los mercados internacionales de deuda.

La caída del precio del petróleo disminuye nuestros ingresos reales lo que profundiza nuestros desequilibrios externos y nos obliga a su vez a plantearnos reformas estructurales e institucionales en la búsqueda de diversificar nuestra economía para garantizar la solidez del crecimiento en el largo plazo. Pero esto no podrá hacerse sin un acuerdo de carácter político.

El futuro inmediato del país está atado al curso de la economía. De allí que sea imprescindible que en el muy corto plazo se llegue a un acuerdo político que cambie el clima de crispación de la vida política del país y en esto la mayor responsabilidad recae en el Gobierno.

La crispación política debe dar paso a una relación constitucional y cívica entre el Gobierno y la oposición que termine con “las guerras imaginarias” y de paso a una confrontación política civilizada. La crisis por la que atraviesa Venezuela demanda de una alta prudencia de ambas partes (Gobierno y Oposición)

La crisis del país no se resuelve con la “salida” inmediata de Maduro del poder, pero sin duda que ello ayudaría a ser más expedita la superación de la crisis. Pero el drama de Venezuela es infinitamente mayor que la “salida” de Maduro.

Uno de los problemas con los cuales nos va a tocar batallar, es con la inflación, con la cual probablemente vamos a tener que convivir por algún tiempo dado que la misma es consecuencia de nuestra estructura y evolución económica y de las políticas anticlicas aplicadas. En primer lugar, el levantamiento del control de cambio nos llevará sin duda a una devaluación, lo que provocará que los precios relativos o, lo que es lo mismo, la competitividad tendrá que compensarse con una importante flexibilidad de precios y salarios.

La evidencia empírica nos demuestra que, a largo plazo, la teoría de la paridad del poder de compra (PPC) se cumple, es decir, que los tipos de cambio reales, que son los que determinan la competitividad, tienden a ser estables ya que los tipos de cambio nominales tienden a compensar los diferenciales de inflación entre los países. Sin embargo, a corto y mediano plazo, dicha paridad no se cumple, y los tipos de cambios reales no son estables lo que produce desalineamientos y desajustes en la competitividad.

Por otra parte, tenemos que, la posibilidad de usar la política fiscal para mejorar la situación social se haya muy comprometida en tanto el margen fiscal se ha achicado brutalmente como consecuencia de la baja del precio del petróleo. Siendo que nuestro mayor problema es cómo lograr un reimpulso de la inversión en un contexto interno e internacional muy comprometido, pues dependemos de un sólo recurso de exportación. Como vemos nuestra situación económica es muy vulnerable con la cual tendremos que batallar muy duro y, eso es independiente de que Maduro se vaya.

La tragedia de Venezuela es mucho más grave, pues desde la década de los ochenta el nivel de formación de las direcciones políticas de los partidos, se hicieron muy precarias.

En Venezuela hace 32 años (1983-2015) el ejercicio de la política ha descansado en el más vulgar populismo y clientelismo, lo cual contribuyó a atascar el crecimiento económico del país. Mientras que paralelamente la élite política se hacía cada vez más mediocre (con sus pocas excepciones), dirigentes sin formación y sin un proyecto político de largo plazo. Esta práctica política fue reproducida de manera ampliada y aldeana en los últimos 17 años por el chavismo, esto ha hundido al país en una de sus peores crisis económicas y es que no se podía esperar otra cosa de semejante brebaje, es decir, populismo, clientelismo y una dirección política de escasa formación sin un proyecto político coherente de largo plazo que se conformó con el disfrute del poder donde lo que predominaba era la inmadurez social, política y económica generalizada y brutal.

Lamentablemente todavía permanecen las esquirlas de esa conducta política que perdió el norte de la sociedad del conocimiento y de la educación y que continúa produciendo mucho ruido mediático.

Fue esta clase política sin información ni formación la que condujo a Venezuela a éste desastre que hoy padecemos. Fue así como un país que durante 25 años (1958-1983) se perfilaba con un futuro promisorio, se encuentra hoy atascado en el atraso y la miseria. Ojalá que después de la experiencia política que hemos vivido en los últimos 32 años (1983-2015) no volvamos a cometer los mismos errores.

Miguel Molero

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