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No más alcabalas

Si hay algo que puede caracterizar al pueblo venezolano es su solidaridad, una virtud que va más allá de las buenas palabras y los mejores deseos, un modo de ser que se manifiesta con hechos concretos. El venezolano, en medio de la dramática situación económica y social que vive, es capaz de organizarse y trabajar para la solución de problemas concretos en sus comunidades, tiene una disposición para ayudar al que menos tiene y responde cada vez que se le convoca, para apoyar a quienes viven situaciones trágicas.

Somos un pueblo solidario con un temple forjado en medio de las dificultades. Esta certeza quedó confirmada con las recientes inundaciones en el estado Mérida cuando la organización popular, la sociedad civil, la iglesia, las Organizaciones No Gubernamentales y la ciudadanía, se movilizaron para apoyar a una población que fue sometida a un arrebato de la naturaleza, de dolorosas consecuencias.

Sin embargo, esta disposición y capacidad de ejercer la solidaridad se enfrenta a obstáculos muy difíciles de superar si el régimen, a través de sus organismos de seguridad, se empeñan en sabotear el esfuerzo de la sociedad civil. El reciente escándalo suscitado por el video donde se observa a funcionarios de los cuerpos de seguridad entorpeciendo el trabajo de quienes movilizan la ayuda humanitaria hacia la población de Tovar, es una clara advertencia de una realidad que existe en el país y que vienen denunciando los activistas de los Derechos Humanos desde hace mucho tiempo y todo el país, a saber, la vocación del régimen de controlar y a veces malversar la ayuda humanitaria.

Aunque el episodio pudo resolverse por la presión mediática, el aplomo de la Conferencia Episcopal, la firmeza de los profesionales de Cáritas y el apoyo de la sociedad civil, estos hechos nos recuerdan los obstáculos que día a día viven los activistas de Derechos Humanos, miembros de ONG, periodistas y las comunidades organizadas que trabajan para servir al otro.

La Ayuda Humanitaria debe poder llegar a su destino, se debe permitir a las ONG trabajar en el terreno con plenas libertades y garantías, debe permitírsele a los medios informar sobre lo que está pasando. El desastre natural, agravado por la destrucción previa de los más elementales servicios públicos, nos convoca a todos y el esfuerzo debe ser respetado.

Poner alcabalas políticas y logísticas a este esfuerzo, es un crimen con las víctimas de las inundaciones.

La precariedad de la situación económica y social en Venezuela nos hace especialmente vulnerables en situaciones de tragedias naturales, lo que ocurrió en Mérida es una advertencia que nos debe mantener en alerta en todo el país, debemos estar atentos a los riesgos que hay en las comunidades y seguir apuntalando las formas de organización de base, uno de los mejores recursos que tenemos para hacer frente ante estas amenazas.

¡No más alcabalas!


Fundador de Alimenta La Solidaridad y Caracas Mi Convive
www.robertopatino.com

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