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Nueva York y Moscú: Dos fotografías

Mientras los enviados del presidente encargado Juan Guaidó se reunían con la gran mayoría de las democracias occidentales en paralelo al septuagésimo cuarto período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, coordinando estrategias, presionando por sanciones y buscando mayores recursos, Nicolás Maduro movió también sus fichas como pudo, lo cual, afortunadamente, parece no significar mucho estos días.

Diosdado cabello aterrizaba en la República Popular y Democrática de Corea, una de las dictaduras más longevas y destructivas de mundo, y Nicolás Maduro hacía lo propio en Rusia, siendo recibido en Moscú de forma bastante discreta. Con el primero el chavismo no puede firmar más que acuerdos simbólicos, es un Estado pobre y de casi nula proyección externa, el segundo, considerado uno de los aliados claves del gobierno usurpador, otorgó apoyo tibio, promesas de vacunas, y nada de ayudas o acuerdos económicos relevantes.

La economía rusa tiene años golpeada por sanciones, corrupción y su poco nivel de complejidad, por eso Moscú no tiene recursos para mantener a flote regímenes moribundos. Otros aliados como Cuba, Bolivia y Nicaragua tienen economías mucho más pequeñas que la de Venezuela y no pueden aportar tampoco mucho peso diplomático, aunque Cuba logre apoyar al chavismo con agentes de seguridad, inteligencia y otras ayudas logísticos ¿Quién más le queda a Maduro?

Los otros Estados que se pueden mencionar son socios menores, lejanos, o incluso más neutrales que aliados. Muchos al analizar la situación en que se encuentra Venezuela, parecen subestimar este cuadro de apoyos internacionales tan favorable. Lo que se ha visto esta semana en Nueva York, docenas de Estados claves para la situación de Venezuela reunidos con Julio Borges, Carlos Vecchio, Miguel Pizarro y el resto de representantes, para alinearse y buscar soluciones, y respaldando al presidente encargado Juan Guaidó, no tiene precedentes.

En la historia de los Estados modernos nunca el gobierno (legítimo o no) que tenía las armas, que controlaba el territorio y las dependencias ministeriales, había estado tan hambriento de proyección externa, mientras que otro gobierno, sin controlar kilómetros o armas, tuviese tanto respaldo ¿qué la dimensión internacional es solo una de las cara de la crisis? Por supuesto. Pero en un mundo donde all politics is global es imposible de ignorar, al menos sin mezquindad, que la sociedad venezolana está apoyada desde afuera, al menos tanto como la política doméstica de cada uno de esos Estados lo permite.

Entonces, la misión a Nueva York, más allá de las promesas de ayuda humanitaria, las nuevas sanciones o los acuerdos que se hayan apalabrado, tiene también un claro fin simbólico: Mostrar a una oposición y una gestión del presidente encargado, trabajando, montados encima de los temas clave, logrando objetivos y apuntalando alianzas. Las críticas pueden hacerse sobre los detalles, las formas o los individuos, y muchas de esas críticas pueden ser válidas, pero a menos que alguien quiera pecar de cinismo, la fotografía es clara: la oposición estaba nítida y en el centro, y el chavismo estaba disminuido y borroso en una esquina.

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