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Obama; Dos veces con Pánfilo, ninguna con Fidel

Barack Hussein Obama Dunham, de 54 años y 7 meses de edad, Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, la primera potencia mundial en términos económicos, políticos y militares. Pese a que eso le duela a los viudos de la guerra fría y otras fritangas actuales, que insisten en resucitar aquella era de permanentes tensiones, con la esperanza de que renazcan sus otras fantasías, nuevos imperios que asuman el antiguo y fracasado liderazgo que añora la ultra izquierda, huérfana de las mecas y las pandillas que respaldaban sus aventuras guerrilleras del siglo 20, las catedrales soviética y maoísta a las que rendían sumisión y pleitesía los ñángaras del planeta. Difuminado el maoísmo por el giro pragmático que impuso en China Deng Siao Ping, colapsada la URSS por el sobrepeso de sus propias contradicciones e ineptitud, (con otra maniobra pragmática, la de Gorvachov), el ñangarato tuvo que aferrarse a la parodia de la revolución cubana, parásito crónico que bautizó como “período especial” ese bochornoso lapso desde el 91 sin mecenas, durante el cual inició la sanguijuela castrista su lento deambular (paliado del 2003 al 2014 por el oasis chavista, insuficiente para impedir el derrumbe), hacia las negociaciones para reanudar relaciones con la Nación a 90 millas de distancia, que les sirvió de pera de boxeo ideológico, como el malo de la película, el culpable conveniente para cargar con las consecuencias de las pésimas y arbitrarias decisiones que iba tomando la Nomenklatura fidelista, que no daba pie con bola y logró aislar a la isla, sumergirla en una vorágine de miseria y represión, apenas reducida por la generosidad de Moscú, que pagó demasiado para tener una sucursal al sur de su enemigo primordial, los EEUU. Inversión que se devaluó totalmente con la crisis de los misiles en octubre de 1962, cuyo desenlace -luego de poner al mundo al borde de una guerra nuclear- le costó a la URSS tener que desensamblar su base misilística en Cuba, y seguir manteniendo a ese mastodonte inútil, un territorio con su economía desvalijada por el anacronismo de la igualdad forzada, esa que obliga a considerar con similares derechos a quienes se preparan y  producen, y a quienes abandonan la escuela en los primeros grados, descendientes del “Negrito del Batey” ese personaje que a ritmo de merengue reconocía orgulloso que “el trabajo para mí es un enemigo, el trabajar yo se lo dejo todo al buey, porque el trabajo lo hizo dios como castigo”.

Obama fue electo presidente de EEUU en noviembre del 2008, inició su primera gestión el 20 de enero del 2009, fue reelecto en noviembre del 2012. Su sucesor será elegido en noviembre de este año 2016 (todo indica que entre Hillary Clinton por el Partido Demócrata, y el payaso retrógrado con dinero Donald Trump, por el Partido Republicano). Obama entregará la presidencia y la residencia presidencial, la Casa Blanca (allá no podrían quedarse a vivir Sasha y Malia, por muy infantas de Obama que sean, y por mucho que las respaldasen los amigos de las arbitrariedades, los caprichos y los abusos, a costa de que son hijas de su papi). Luego de la transmisión de mando, el 20 de enero del 2017, Barack, Michelle, Sasha y Malia, no pueden permanecer ni un día más en el equivalente de La Casona caraqueña, esa es una de las grandes diferencias entre la Democracia estadounidense, y este circo de jefes militares y peones civiles, incapaces y corruptos, con una carga de cinismo y descaro casi infinita.

La noticia de las negociaciones -de las cuales deriva esta visita- explotó en diciembre del 2014, pero llevaban años realizándose en diplomático secreto, y sospecho que hubo más iniciativa cubana que estadounidense, pues de fracasar, más perdería Cuba (su supervivencia) que EEUU (el prestigio de Obama). Barack no ha tenido éxito en ninguno de sus proyectos más importantes, van 7 años de una rutina sosa que no ha producido nada extraordinario que lo inserte en los textos de Historia, más allá de ser el primer mulato al frente de la gran potencia, y su estilo elegante, bonachón, tranquilo, sin los escándalos de faldas de Clinton ni los terribles atentados del 11S01 y las inapropiadas reacciones militares de Bush junior. Ya en sus últimos meses en la presidencia, persigue dejar como legado trascendente, por el cual quiere ser recordado positivamente, esa reanudación de relaciones con Cuba (trata de emular la maniobra geopolítica de Nixon respecto de la China de Mao, pero segundas partes nunca han sido buenas, ni son equiparables la insignificante Cuba con la gigantesca China, en población, fortaleza militar y capacidad económica, además de que una reanudación de relaciones a menor escala, no puede tener el mismo efecto ni similar importancia 44 años después de la acción sorpresiva y original. La China de Mao en 1972 era una potencia amenazante, con mil millones de habitantes y cierta influencia en regímenes extremistas. La Cuba de Raúl Castro es una dictadura sin respaldo popular (un pueblo sometido a base de represión y hambre), con una economía indigente, y una dirigencia desesperada por implementar cambios similares a los que propuso exitosamente Deng Siao Ping tras la muerte de Mao (acá lo intentan tras la inhabilitación de Fidel, casi una muerte en vida, por la demencia senil que no le permite pronunciar diez palabras seguidas con coherencia). Pero aparte del potencial turístico que Cuba ofrece, clima, playas, ubicación geográfica, y una red hotelera mal gerenciada (que por eso atrae a las empresas con experticia en el ramo), muy poco tiene para ofrecer al resto de las actividades económicas, que atraigan capitales de inversión, el salvavidas que busca el castrismo, para superar el estancamiento y disminuir el descontento de la población bajo la ineficaz bota militar que todo lo controla.

La sorpresiva información sobre las negociaciones entre Cuba y EEUU, la apertura de la embajada en La Habana, la reciente visita de Obama y su séquito de 800 personas, y el cálido y entusiasmado recibimiento que le prodigaron los cubanos comunes y corrientes a esa invasión de centenares de gringos, los hombres nuevos -de un régimen comunista que lleva 57 años imponiendo el pensamiento único desde el partido único-, “vitoreando al imperialista mayor», todo eso tiene absolutamente desorientados a los ultra izquierdistas (como el agente Maduro) que llevan toda una vida denostando contra el imperialismo y el capitalismo, los dos invitados especiales que fueron a Cuba el domingo 20 y el lunes 21 de marzo, en las antípodas de Playa Girón y toda la parafernalia discursiva que ha sostenido esa dictadura por décadas.

Pero pongamos la lupa en un episodio menor, breve, con aparente propósito de entretener, que sin embargo y sin proponérselo, hace resaltar algo que no ocurrió, un elemento de la liturgia revolucionaria que es esencial a su modus operandi: El culto a Fidel. El Stalin de la URSS -22.4 Mkm2- y sus alrededores, a la escala minúscula de los 111.000 km2 de la Antilla mayor. Obama participó en dos entregas de un popular programa humorístico de la televisión cubana, congelada en los años 60 como todo en esa dimensión dictatorial, anacrónica e inepta. Pánfilo se llama el personaje que protagoniza sketchs de anticuada comicidad con inclusión de tímidas denuncias (al nivel de lo autorizado por el régimen, cuyo objetivo medular es poder mantener el control de la sociedad cubana, bajando el creciente descontento con las mejoras que esperan implementar a partir de la reanudación de relaciones con EEUU, y el flujo de capitales de inversión y turistas -que también aportan a las finanzas del país anfitrión-). El primer Cameo de Obama se realizó con grabaciones coordinadas en Washington y La Habana, sobre un simple libreto que mostraba al presidente en su oficina hablando por teléfono con Pánfilo, que está en el set que representa a su casa. Un diálogo con frases breves, donde lo destacado es que el presidente de la primera potencia mundial, el primordial enemigo de Cuba, aparezca con toda sencillez en un anodino programa de la muy controlada TV castrista, manteniendo una conversación superficial con un personaje cómico, a través del cual los cubanos drenan parte de sus insatisfacciones y frustraciones (antes tuvieron a Carlos Otero, mucho más famoso y popular que Pánfilo, quien se ganó la confianza del régimen castrista y logró que le autorizaran un viaje de turismo corto a Canadá, con su esposa y sus dos hijos, y estando allá cruzó la frontera y solicitó asilo político para los cuatro, en el 2007. No en vano se dice que un Trío cubano es lo que queda de una Orquesta que logró salir al exterior a dar un concierto).

El segundo programa fue más impactante aún, porque Obama se presentó -en vivo y directo- en el Estudio donde realizan el programa de Pánfilo, y conversó por algunos minutos con éste y dos amigos -otros personajes del show- a ratos en inglés, a ratos en español, y a veces en el inevitable spanglish, llegando Obama a magnificar la sencillez que quería proyectar, al quitarse la chaqueta del traje que vestía, colocándola en el espaldar de la silla en que se sentó por unos momentos, al cabo de lo cual se despidió amablemente, para proseguir las actividades en la agenda pautada para esos dos días de su visita al enclave revolucionario, donde prometieron por casi seis décadas, destruir a los Estados Unidos y al capitalismo.

Esas dos breves apariciones del mulato de Chicago en el programa cómico de Pánfilo, apenas duraron minutos cada una, pero deben haber invertido muchas horas y el trabajo de muchos funcionarios de ambos países, para esa inusitada producción televisiva. Sin embargo, a Obama no lo pusieron a tomar parte de la farsa habitual con Fidel, a quien visten deportivamente y lo sientan en una poltrona a tomarse las fotos de rigor con los visitantes que se prestan para convalidar la mentira de que el mito “conversó, con plena lucidez, y aportó algunos puntos de vista interesantes sobre temas de actualidad”. Desde el 2007 esa ha sido la mecánica de los encuentros con Fidel, de uno a cuatro visitantes máximo por tanda, imprescindible que sean “patria o muerte” y se comprometan a actuar de acuerdo al mismo guión, posar para las cámaras, y declarar luego reiterando lo de su buena salud y lucidez. Pepe Mujica quiso batir récord de adulancia y declaró que lo encontró “centelleante”, al uruguayo no se le agua el ojo para fingir cualquier cosa, lleva años sobreactuando el rol de viejito bondadoso, frugal y sabio.

Los primeros teléfonos celulares eran muy parecidos a los radios militares que veíamos en las películas de guerra, unos armatostes de 40 x 10 x 10 cmts, con una gruesa antena y pesados. Al avanzar la tecnología fueron reduciendo el tamaño, la segunda generación ya parecían zapatos talla 38, pero eran definitivamente más delgados y menos pesados. Las dos últimas décadas se han venido reduciendo los tamaños en la misma proporción en que han aumentado las funciones y capacidades de esos equipos, hasta alcanzar hoy grosores inferiores al centímetro, resolución de miles de pixeles que produce imágenes de alta calidad, y la mayoría incorporan la filmación desde ese liviano y estilizado aparato en la palma de la mano, con más capacidad de almacenamiento y procesamiento de datos que las computadoras que iban en las naves de los proyectos Mercury, Gemini y Apolo de la NASA. Es casi imposible que en donde estén dos o más personas no haya siquiera un equipo celular moderno, y sería inconcebible que ocurra un evento importante, económico, político, científico, cultural, al que no asistan profesionales de la Fotografía y el Video encargados de registrar para los medios y la posteridad los pormenores de los temas tratados y los rostros y declaraciones de los principales responsables por cada actividad, aparte de las fotos y videos que realizan los que asisten como espectadores. No hay celebración hogareña que no tenga testimonios gráficos obtenidos con celulares personales y en casi cualquier suceso -organizado o espontáneo- hay cámaras y celulares con capacidad para hacer fotos y videos- algunas manejadas por profesionales. Han sido captados fenómenos naturales que sorprenden a los testigos, y sin embargo registran con sus teléfonos un meteorito atravesando la atmósfera, la violenta inundación de un Tsunami, el inicio de un incendio no provocado, un alud, accidentes terribles en calles, carreteras y autopistas, aparatosas e hilarantes caídas de personas en diversos ambientes. Hemos sabido de indiscreciones que pudieron causar asperezas internacionales (Pepito Mujica frente a un micrófono que suponía apagado, diciendo “Esta vieja es peor que el tuerto”) o nacionales (cualquier perorata del muy exquisito y refinado Chávez, “administren bien su victoria de mierda”). Pero en más de nueve años sólo nos han mostrado fotos de Fidel, y artículos que publican en su nombre (escritos por otros, autorizados y supervisados por la alta jerarquía del Raulismo cubano).

No existe ni un video corto en el que veamos y oigamos a Fidel decir algo a su interlocutor. Ni siquiera con el Papa populista, que al llegar a Cuba el 21 de septiembre del 2015 le dijo a Raúl Castro “Quisiera pedirle a usted, señor presidente, que transmita mis sentimientos de especial consideración y respeto a su hermano Fidel“, y luego el Ché Pancho le dispensó una visita y estuvo un buen rato frente a aquel por quien siente especial consideración y respeto, no tuvo tiempo para las Damas de Blanco. Pero ni siquiera alrededor de esos dos famosos y mediáticos personajes, hubo un celular que registrara para la Historia lo que intercambiaron verbalmente. Jorge Bergoglio se rebajó al nivel de adulancia y complicidad de Bachelet, Lula, Evo, la cretina Kirchner, Maduro, y todos los politiqueros de poca moral que han participado del sainete con un demente senil, cuyo mito refuerzan con esas conductas engañosas y ruines. Al mulato Obama lo pusieron a hacer de Gene Kelly, a caminar bajo la lluvia en el centro histórico de La Habana (la parte preparada para los turistas, el resto está en desastroso estado, hace juego con la totalidad del país), tomó parte de dos programas de televisión de baja estofa, estuvo en una rueda de prensa al lado del anciano siniestro que no pudo disimular su molestia ante ese incómodo e inconveniente grupo de periodistas con preguntas no filtradas previamente, y mostró su real calaña, fue a un juego de béisbol, pero no lo llevaron a cumplir el ritual de posar con la momia antillana, exclusivamente para fotos -cero videos- y además comprometiéndose a no divulgar nada sobre las lastimosas condiciones del líder que todos los vinculados al Foro de Sao Paulo han encontrado “sano, lúcido y centelleante”. Casualmente parecido a como describían a Chávez, entre el 9 de diciembre del 2012 y el 5 de marzo del 2013, enérgico, lúcido, firmando órdenes y nombramientos, y saludando con fuertes apretones de mano. Fuera de los usuales coberos del oficialismo, no lo pudo ver en ese “período especial” nadie con credibilidad. El misterio se ha prolongado por más de tres años, todavía no han redactado la Partida de Defunción. A lo mejor esa tarea se la encomendaron al que debe elaborar la Partida de Nacimiento de Maduro, y esos dos papagayos se les enredaron. Quizás aparezcan cuando los 14 motores hayan por fin dado indicios de que algún día van a funcionar. Alabado sea Fidel.

https://www.youtube.com/watch?v=Umnk8GNwv1s

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