Opinión Internacional

Al Embajador de Cuba: ¿qué hay de Anabel?

Excelentísimo Sr. Embajador de Cuba, visto que a usted le fascina meter sus
narices en los asuntos de mi país, me tomo yo la libertad ahora de meterme
en los del suyo. Se que usted probablemente callará sobre el asunto que
trataré en esta misiva pública; sin embargo, el mismo es tan grave que creo
justo que la opinión pública venezolana lo conozca, al menos lo poco de ella
a mi alcance, a ver si sucede el milagro de que así como las gestiones
hechas por aca desde su isla son muy efectivas, puedan las que se hagan por
allá desde acá hacer lo suyo en beneficio de una sufrida familia que quiere
rencontrarse.

Sepa usted, aunque sé que lo sabe, que desde hace ya tres años, una pareja
de exilados de su país ha intentado por todos los medios a su alcance de
traer a su hija de catorce años a Brazil, desde Cuba. Me refiero al Dr.

Miguel Soneira y a su sufrida esposa Leticia, quienes junto a su pequeña
hija Nicole, nacida en Brasil, intentan desesperados reunir a su familia en
libertad, la cual por supuesto, y a pesar de la terquedad y ceguera de su
gobierno, incluye a su hija mayor aún en Cuba, Anabel.

Aún en el momento que le escribo estas palabras, no puedo evadir la pregunta
de por qué su gobernante insiste en retener a esta joven en contra de la
voluntad de sus padres. Con catorce años, difícilmente puede acusárse a esta
pequeña de ser enemiga de su revolución, a no ser que la suya haya llegado
ya al extremo de considerar que los supuestos pecados de los padres son
heredables o, peor aún, punibles en los hijos. ¿Será quizas que su gobierno
quiere castigar a estos padres «traidores» por el pecado de sobrevivir su
dictadura, a través de su hija? (Lo cual me consta han hecho en el pasado, y
es aún peor.) Tambien puede que su gobierno haya olvidado el bochornoso
«asunto» de Elián, cuando la democracia gringa, esa que tanta indigestión y
beneficios les producen, les sirvió en bandeja de plata el futuro de este
joven semi huérfano. Si a ver vamos, tuvo suerte usted y su gobierno, pero
sobre todo su Comandante, de que Elián arribará a un país donde funciona la
ley y rige el estado de derecho, de manera que al final se le reconciera al
padre del niño su potestad sobre éste aún por encima de la heroica voluntad
de su madre muerta en alta mar, tratando de escapar de la miseria a la que
hoy está el niño, sin remedio aparente, condenado.

Aquí, en cambio, fíjese usted, padre y madre están vivos. A ellos se une una
hermanita que desea crecer con el calor y la protección de su hermana mayor.

También lo hacen la opinión pública de Brasil, de Perú, donde recientemente
se denunciara el caso ante III Conferencia Iberoamericana de Ministros y
Altos Responsables de la Infancia y la Juventud, de España y, estoy seguro,
la de Venezuela junto a la de toda la América pensante.

Entonces, ¿qué responde usted Sr. Embajador? ¿Va su gobierno acaso a
demostrar un mínimo de decencia y permitir que esta joven inocente se reuna
con los suyos? Supongo que siendo tan parlanchín y respondón, tendrá tambien
un minimo de valor para responderle al pueblo venezolano qué es lo que
piensa hacer su Comandante con esta niña inocente en ese «mar de felicidad»
que dicen que es su tierra bajo su revolución. Hable, pues…

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