Opinión Internacional

Alfonsín: con las exequias y el mito, renace el bipartidismo argentino

Con el entierro de Raúl Alfonsín, puede renacer el bipartidismo en la Argentina. La desaparición física del viejo legionario de la democracia puso fin a su propio mito viviente y dejó, además de la leyenda, el espacio y oportunidad para la reconstitución del desdibujado radicalismo (Unión Cívica Radical o UCR), el partido que, por tradición, está en la vereda de enfrente del peronismo.

Curioso: fue a partir de un accidente automovilístico en la Patagonia, en donde casi pierde la vida, que Raúl Alfonsín pasó a ser apreciado como el padre de la democracia. Un mito viviente, que encarnaba el sueño de las libertades republicanas y democráticas de los 80, a pesar de los fracasos gubernamentales de su partido. También lo dejaba instalado como el caudillo cuasi-inmortal de una vieja política, digna y con códigos, a la que ni la nostalgia podía hacer volver. Eso fue lo que Alfonsín pasó a representar: lo que ya no había. Pero, al mismo tiempo, el genio y figura de don Raúl –y también, hay que decirlo, su empecinamiento en no abrirle el juego a nuevos actores en la UCR- pasó a representar lo que ya parecía no tener más cabida: un pasado con bipartidismo o la posibilidad de alternancia entre las dos fuerzas políticas mayoritarias, el peronismo y el radicalismo.

Muchos le achacan a Raúl Alfonsín el haber concretado su momento de debilidad y egoísmo político más sublime en 1993, con la firma del ‘Pacto de Olivos’ (con el entonces presidente Carlos Menem, cuando sellaron la reforma de la Constitución de 1994, que fue el aval para la reelección presidencial en 1995 y la supresión del Colegio Electoral, además de la ampliación de 5 a 9 miembros para la Corte Suprema). Otros no olvidan que fue el alfonsinismo de la provincia de Buenos Aires, aliado con algunas facciones del peronismo encabezado por Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf, los que coadyuvaron para la caída del gobierno de Fernando de la Rua en 2001, un presidente radical que, lo mismo que Alfonsín en 1989, entregó anticipadamente, y en medio de un caos económico y social, su mandato constitucional.

Eso sí, ni correligionarios ni adversarios, ninguno olvida que fue Raúl Alfonsín quien en 1983 quebró el síndrome de la época, por el que los gobiernos militares sólo podían ser sucedidos por alternativas peronistas. Alfonsín rompió con la pesadilla e instaló el sueño democrático del “nunca más’ para los gobiernos de facto. Ese sueño todavía subsiste. Subsiste, a pesar de que aquel electorado de clase media y urbana, que en octubre de 1983 optó por él y la mesura frente a la ‘hybris” del peronismo-sindicalista ya no es la misma. La crisis económico financiera de 2001-2002 arrasó con esa clase media urbana. Y en el tsumani, también se llevó al Partido Radical, el que mejor la representaba.

• A medida

El repliegue de la UCR permitió una oposición ‘a medida’ para lo que quedaba de la clase media, que suplantó, desde un cuasi-peronismo, el terreno político que la UCR abandonaba. Candidatos mediáticos y “tailor-made”, como Mauricio Macri, o Francisco de Narváez, o Daniel Scioli, surgieron desde el llano. Y se acomodaron, con un ‘desdoblamiento fraudulento’, como dice el analista político Carlos Pagni, a ser la oposición dentro del espectro peronista. Un peronismo con traje de oposición, cosido a mano. Como venían siendo, hasta la muerte de Raul Alfonsín el 31 de marzo, los dos frentes opositores constituidos para las elecciones parlamentarias de fines de junio. Ambos, tanto el de centro-derecha encabezado por Narváez y Felipe Solá, como el de centro-izquierda, liderado por la Coalición Cívica de Elisa Carrió, nutridos de componentes filo-peronistas.

“La muerte de Alfonsín pulverizó el mapa electoral para las elecciones de junio”: es la sentencia de Santiago Cuneo, político peronista de la provincia de Buenos Aires. “Su fallecimiento constituye el acto de campaña más grande que pudiera haber imaginado un estratega o ideólogo político, porque no se puede competir con la mística de un muerto”, explica este dirigente, que pasa a explicar, luego, el nuevo y cambiante contexto pre-electoral.

Ya se ven algunos de esos cambios. Acelerados. No habían transcurrido 48 horas del deceso del líder radical, cuando Julio Cobos, vicepresidente de la Nación, anunció su deseo de regresar a la UCR, un pedido hecho por Raúl Alfonsín, que Cobos cumpliría póstumamente. Y oportunamente (Cobos fue expulsado de la UCR luego de integrar la formula presidencial con Cristina Kirchner para las elecciones de 2007). Con esta vuelta a casa del hijo pródigo, el radicalismo se aseguraría que el político con mejor imagen de la Argentina, Cobos, sea ahora el presidenciable con más chances para las elecciones de 2011. Asimismo, que la clase media urbana pueda ser otra vez representada: este segmento social fue el que desfiló a lo largo de dos días frente al féretro del líder radical.

Pero además, este ‘pase’ lograría cohesionar, otra vez, a la UCR como partido de oposición. Y como alternativa desde el centro-izquierda, una corona que Néstor Kirchner había conseguido birlarle a los radicales a partir de su llegada al centro político del país en 2003. Por eso es que muy probablemente, el frente electoral constituido por la Coalición Cívica de Elisa Carrió y Margarita Stolbitzer (ambas provienen del radicalismo) sea el próximo bloque que regrese hacia el espacio de la UCR.

Si esto sucediera, el frente ‘opositor’ de centro-derecha, encabezado por Francisco de Narváez y Felipe Solá (ambos anti-K), quedaría pedaleando en el aire. Con un adversario radical más puro ahora en las antípodas, y enfrente, con un oficialismo kirchnerista pero tan peronista como ellos, un bloque ‘opositor” integrado por el peronista ex kirchnerista Solá y el filo peronista Narváez.

En otras palabras, como consecuencia de la muerte de Alfonsín, si el peronismo opositor a los K, o ‘disidente’, no reacciona rápido y encuentra alguna alternativa que lo diferencie, quedará mimetizado en la camaleónica piel del kirchnerismo. Que no es otra cosa que peronismo (y Néstor Kirchner el presidente de ese partido).

El tiempo apremia: el próximo paso de Cobos será renunciar a la vicepresidencia de la Nación. ¿Cómo puede seguir siendo gobierno ahora si ya se reinsertó en la oposición? ¿Cómo puede el radicalismo ser una alternativa en 2011, si su líder máximo sigue siendo parte del ‘oficialismo’? ¿Cómo puede Cobos, el mejor exponente de la UCR -el partido que desde la muerte de Alfonsín pasó a representar la alternativa ética y mística en democracia- seguir en un poder ejecutivo bajo la batuta de Néstor Kirchner, esposo presidencial, pero sin legitimidad para gobernar? La probable renuncia de Cobos ahondará la brecha entre el radicalismo como oposición y el peronismo en el gobierno. Es el regreso del bipartidismo en Argentina. O el legado de Raúl Alfonsín.

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