Opinión Internacional

Allende, Lula y Chávez

Las causas de la caída de Allende son varias y complejas, sin embargo en estas breves líneas quisiera subrayar que, en los propios análisis de la izquierda mundial, como los del Partido Comunista italiano, el grupo marxista “Il Manifesto” de Rossana Rossanda y de nuestro Teodoro Petkoff, la conducta de la ultraizquierda fue determinante en la tragedia chilena. Recordemos que la coalición de izquierda que apoyó a Allende, en 1970, obtuvo sólo el 36% del voto frente al 34% de la derecha de Alessandri y el 27% de la Democracia Cristiana, el partido de mayoría relativa.

En efecto, los “termocéfalos” lograron que el gobierno de la Unidad Popular se embarcara en una estrategia maximalista irresponsable. Se iniciaron ocupaciones de tierras en contra de las disposiciones de la propia ley de reforma agraria, aprobada con los votos de la Unidad Popular y la Democracia Cristiana, se ocuparon fábricas y viviendas ilegalmente y las sentencias del Poder Judicial no se acataban.

En síntesis, se quería hacer la revolución. El objetivo era modificar total y rápidamente las relaciones de poder político, económico y social. El problema consiste en que la democracia sólo se adapta a la reforma gradual y rechaza el cambio total y violento. En democracia, no hay enemigos a vencer sino adversarios con intereses diferentes y legítimos, que no pueden ser excluidos totalmente del proceso de decisión política. Lula lo ha entendido y por eso sus palabras claves son reforma, consenso y diálogo. Chavez, en cambio, afirma que quiere hacer una “revolución pacífica”, pero fomentó, desde el inicio, la confrontación entre los sectores sociopolíticos y amenaza a la oposición con la violencia, supuesta “partera de la historia”, si no acepta voluntariamente su exclusión permanente del poder.

Sin estabilidad política, no hay confianza, sin confianza, no hay inversiones y sin inversiones no hay desarrollo. Las autocracias pueden ser estables si son eficientes, pero a costa de la libertad. En democracia en cambio, la estabilidad sólo se logra a través de un consenso mínimo sobre las reglas fundamentales del juego político, que a su vez se basa en la negociación entendida como proceso de decisión interdependiente.

En democracia nadie gana todo, ni pierde en todo. La vertiente democrática del chavismo debería entender que, sin un acuerdo mínimo de gobernabilidad, vamos hacia algún tipo de guerra civil. Revolución y democracia son incompatibles. Hay que escoger …como Lula.

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