Opinión Internacional

Bajo nivel

Para quienes aun conservamos la memoria, la política argentina nos coloca ante debates memorables.

No me refiero a épocas pretéritas, con personajes que figuran en los libros de texto. Simplemente, un pasado cercano, con protagonistas que uno podrá o no compartir, pero poseedores de un nivel envidiable que jamás podrían haber inspirado un «que se vayan todos» como rememora en una nota reciente mi amigo Avogadro.

Veamos. Algunas décadas atrás. De un lado, Juan Perón y legisladores de la talla de John Willam Cooke, Arturo Sampay, Díaz de Vivar, Ernesto Palacio, Eduardo Benítez, entre otros. Del otro lado, hombres de la envergadura de Alfredo Palacios, Arturo Frondizi, Ricardo Balbín, Moises Lebhenson, Ricardo Rojas.

Hoy estamos caídos de pintura. Pero la decadencia se refleja no sólo en la entidad de los actores, sino, fundamentalmente, en el tratamiento de los temas.

Porque no falta materia gris para el análisis. Excelentes cuadros políticos, con sólida formación y respuestas acertadas, hacen catarsis en almuerzos periódicos que no trascienden el comentario de los comensales.

Pero los dirigentes (les cabe la denominación?) están ocupados en el día a día, en la cosa mezquina, cotidiana, en una lucha sorda entre los que sirven y no quieren y los que quieren y no sirven.

Tomemos como ejemplo un hecho actual, que nos ha tenido ocupados los últimos treinta días. Los dos DNU por los que se crea el Fondo del Bicentenario y se dispone el desplazamiento de Martín Redrado de la presidencia del Banco Central.

Los tres poderes del Estado y la oposición en su totalidad, con matices, han estado inmersos en una disputa respecto de si Redrado podía ser desplazado sin intervención del Congreso, como establece la Carta Orgánica del Banco, en un caso, o si el Fondo, por tratarse de reservas y del pago de la deuda, podía ser establecido sin intervención del Congreso.

No hablemos del nivel de la polémica, que incluyó denuncias de conspiraciones, sospechas de complicidades, amenazas de «botoneo», impugnaciones por portación de apellido y hasta una inconcebible boutade sobre las propiedades sexuales de la carne de cerdo.

Pero del fondo del problema real nada.

La Comisión Bicameral jibarizada está empeñada en resolver si, formalmente, Redrado debe o no ser desplazado. Un primer problema formal ha sido obviado. Se pidió la opinión «no vinculante» del Congreso. El segundo problema formal es si Redrado cumplió o no su deber como funcionario, al no acatar el DNU de creación del Fondo.

Es tan ridícula la situación que, al ser la opinión «no vinculante», estamos ante la antología de lo formal. Porque sea cual fuere la opinión, Redrado está desplazado.

Alguien de la oposición ha insinuado una opinión acerca del mérito, oportunidad o conveniencia del Fondo? Alguien ha emitido una idea acerca del pago con reservas? Tenemos algún análisis planteado respecto de quienes alegan la ilegalidad de la deuda a pagar, y sobre la posible temporalidad de dicho planteo? Alguien ha aclarado acerca de la existencia o no de reservas de libre disponibilidad? Alguien ha emitido opinión respecto de la política monetaria manejada por Redrado desde el Banco Central y por Kirchner desde Olivos?
Porque ese es el fondo del problema. Pero de eso no se habla.

Porque para hablar de eso hay que tener proyecto. Para hablar de eso hay que comprometerse, y los compromisos con el país a veces entorpecen los acuerdos con los sectores. Y hay dirigentes, nacionales e importados, más empeñados en armar su propio rompecabezas que en consolidar el mecano del país.

No llaman la atención algunas actitudes. No nos sorprende nuestra vieja conocida Patricia Bullrich, dirigente de la «tendencia» en épocas de Carlos Grosso, ahora devenida en módica liberal. No nos sorprende la sonrisa estreñida de Margarita Stolbizer. No nos sorprende los arrestos del «liberprogre» Federico Pinedo que intenta teñir de humanidad la frigidez del empresario Macri. No nos sorprende la UCR inmersa en una lucha entre un mendocino oportunista y un jujeño con más historia, con la tercería de Baglini, Noziglia y sus amigos de la ex «coordinadora». No nos sorprende una Lilita Carrió, repentinamente cauta. No nos sorprende un Pino Solanas, convencido que los votos son de él, sin reparar que es sólo el desvaído intérprete de un progresismo porteño que suele saltar de Erman González a Ibarra, de De La Rua a Macri, de Suarez Lastra a Domínguez, con la misma liviandad e inconsistencia.

Nos sorprende sí, el silencio del peronismo, entendiendo por tal, todo el que no tiene compromiso con el gobierno.

Será por un problema de pertenencia o será, primordialmente, porque el peronismo siempre tuvo respuesta para todo. A veces cambiante, pero también tenía respuesta para el cambio.

Ninguno de los postulantes, de los probables, de los proclamados, de los posibles, ninguno de los sectores, ha fijado posición o ha hecho referencia al fondo del problema
Lo grave es que el país observa. El país espera. Quiere protagonistas, no arreadores de votos. Y los protagonistas parecieran no tener libreto. Raro, porque libretistas hay y buenos.

Nos queda un consuelo, el mundo no está mucho mejor.

En otras épocas eran Roosevelt, Stalin, De Gaulle, Franco, Mussolini, Mitterrand, Kennedy.

Hoy son Berlusconi, Brown, Zapatero, Sarcozy, Obama, Putin.

La diferencia está en que estos, sin el nivel de los anteriores, saben bien que quieren y que intereses representan.

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