Opinión Internacional

Bicentenario sin retro

En la perspectiva del tiempo histórico son apenas dos velitas las que apaga Santa Cruz, conmemorando su nacimiento a la vida libre. Sin duda somos jóvenes y mucho nos falta aún por caminar en estos parajes de la eternidad, sin que esto signifique exculparnos de la responsabilidad que tenemos para labrarnos un futuro próspero, para despejar el camino que nuestro pueblo se ha trazado o que tenemos la responsabilidad de trazar en beneficio de nuestro pueblo. Es innegable que la fecha nos exige una reflexión, Paula Peña, entre otros, hizo una excelente reseña de nuestra historia que nos permite visualizarnos en proyección, pero también vernos en la coyuntura en la que nos encuentra esta conmemoración.

Sin duda estamos frente a un momento que nos exige sacar al sol todas nuestras cualidades y también nuestros defectos, nuestras reservas históricas, identitarias y morales, y porqué no nuestras falencias dentro de las mismas categorías. Podemos coincidir algunos en que el gobierno actual no entiende precisamente la diversidad que plantea el oriente boliviano y Santa Cruz de cara a los pueblos andinos y los valles que configuran las tres corrientes identitarias del estado boliviano. 

Podemos coincidir también que la coyuntura actual es difícil por no decir otra cosa, porque el gobierno central no comprende estructuralmente o de fondo el respeto a las identidades y las visiones de país que configuran estas identidades, sólo ha utilizado el tema de las 36 naciones como una bandera política y ha roto las grandes corrientes identitarias para fraccionarlas o atomizarlas en aras de generar con estas diferenciaciones un polémico proceso político defraccionamiento y rompimiento de lo adquirido hasta el momento en torno a la confluencia de estas en la formación de la identidad boliviana. Esto es en cierta forma impulsado por el hecho de que todo régimen que aspira a totalizar el universo y a regirlo como si con el comenzara la creación del mundo necesita innovar, romper lo alcanzado, desestructurar y emerger como creador y dios absoluto.

En esta coyuntura Santa Cruz cumple doscientos años de grito libertario, doscientos años de haber roto las cadenas con la colonia, pero la libertad no nos enfrenta sin duda a la tarea de romper con una sola cadena, sino con una escalada progresiva de cadenas que nos encontrarán en la sucesión histórica de circunstancias y situaciones a las que se enfrentan en sus procesos libertarios los pueblos y las personas. Demás está decir que los pueblos vigorosos son los que van rompiendo una y otra vez esas cadenas, y por ende la fortaleza de estos se mide no en el hecho de que no hayan cadenas, sino en las acciones que se toman para lograr destruirlas, romperlas una y otra vez y además en el hecho de que cada vez que aparecen se las debe desenmascarar y vencer.

Pero pese a estar en situación y en un momento crítico, Santa Cruz no está en peligro, no dejará de ser sí misma, pasará un momento de dificultades, puede que en el límite hasta adopte poses y actitudes propias del síndrome de Estocolmo, pero finalmente, después de romper con su condición de rehén volverá a mostrar su sello identitario, con mayor fortaleza y con mayor definición. No en vano somos lo que somos sin ser ni dejar de ser lo que fuimos los cambas caminantes y constructores de esta condición identitaria llamada cruceña.

La celebración apareció aparentemente empañada con las contradicciones propias del conflicto actual en el que vivimos. Rencillas entre el gobierno central y el local, diversos momentos de real o aparente confrontación, se dice que el alcalde fue perturbado e importunado por la seguridad del vicepresidente, al punto que el alcalde tuvo que decirle “este es mi buri”, para que guarden el respeto debido a un acto protocolar y formal. Es que hay mucho de show adolescente en eso de tener guardaespaldas, de tener el poder para exteriorizarlo en motos con sirenas, etc, etc, en fin si eso provoca disfrute y sensación de poderío y omnipotencia es asunto de cada quien, pero Santa Cruz y su proceso no se verán perturbados por estas veleidades, que hasta cierto punto resultan banales y sin mayores repercusiones en lo que hace a nuestro proceso histórico, social e identitario.

El gobernador Rubén Costas, tan perseguido como otros gobernadores opositores, está hoy por hoy entrampado en la situación de mostrarse como enemigo acérrimo o como un opositor razonable, que no se deja encaminar a la polarización de la que el gobierno, sin gestión, hoy por hoy, pretende seguir sacando rédito político. En la coyuntura considero que el gobernador debería trazar su propia hoja de ruta, y explicar a los cruceños el porqué esta bitácora sin aparecer reaccionando a las críticas que con razón o sin razón plantean quienes ven la realidad desde la perspectiva que pueden verla, porque no olvidemos que todo depende del cristal con que se miren las cosas, razón por la que nadie es dueño de la verdad y todo enfoque es relativo y en buena dosis subjetivo. El bicentenario nos encontró con un , el primero, enjuiciado y cuestionado, enredado, cercado por propios y extraños, ¿acaso es nueva esta situación? Ha ocurrido una y otra vez a lo largo de nuestra historia.

En este contexto, en mi opinión debemos mirar la coyuntura actual, pero esta no debe enceguecernos al punto de dedicarle todos nuestros discursos, todos nuestros esfuerzos, todos nuestros planteamientos y energías, esto resultaría en una  pérdida de tiempo, definitivamente irreparable, porque no podemos seguir siendo reactivos a las políticas del gobierno central, no podemos seguir llevando el punteo en materia de confrontación verbal, la verdadera confrontación se debe librar en el ámbito de políticas diagramadas para enfrentar la situación actual con el mínimo de desgaste y con el máximo de visión hacia el futuro.

Nuestra región y su dirigencia deben marcar una vez más la diferencia porque la verba encendida no planteará la diferencia por sí misma, pero si la plantearán las medidas que tomemos, las acciones que tomemos, las decisiones importantes que definamos tomar, las políticas que diagramemos sopesando la coyuntura y la proyección de futuro que logremos visualizar y redefinir a cada paso que damos.

Santa Cruz siempre será un emblema de la libertad, de la democracia, de la espontaneidad, de la apuesta hacia el futuro, una sociedad de fronteras abiertas, un “Si puedo” y no la cambiará para nada la coyuntura, ni las trampas, ni las celadas, Santa Cruz es y debe seguir siendo una sociedad de emprendedores y debe apostar a seguir construyéndose en la idea de la participación democrática y de libertades que es ahora su emblema y su sello cultural.  

Senadora por Santa Cruz- Bolivia.

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