Opinión Internacional

Birmania y la solidaridad cómplice de régimen

La junta militar de Birmania (Myanmar) una vez más ha reprimido sangrientamente las protestas pacíficas llevadas a cabo por monjes, campesinos, estudiantes y trabajadores por mayores libertades y contra las políticas neoliberales impuestas por el régimen. Recordemos, que Birmania está gobernada desde hace 45 años por una dictadura militar, que tras asaltar el poder aprobó una nueva Constitución, disolvió el parlamento, asumió todos los poderes del Estado, definió a la nación como una «república socialista» (1974), le cambió el nombre del país por el de «Unión de Myanmar» (1989) y decidió desplazar la capital del país de Yangón (también conocida como Rangún) a Pyinmana (2005). Al margen de su retórica “socialista”, la junta militar ha impuesto a sangre y fuego políticas neoliberales que han despojado a los trabajadores de sus conquistas laborales y han favorecido a las transnacionales petroleras. Entre muchas otras operan en el país: Chevron-Texaco, PTTEP, Petronas, Nippon Oil, Petro-China, Total, etc, quienes explotan en condiciones privilegiadas las extensas reservas energéticas de la nación (3 billones de metros cúbicos de gas natural y 3 mil millones barriles de petróleo). Sin embargo, el 90% de la población de Birmania vive por debajo del umbral de la pobreza en un país donde el 40% del presupuesto nacional esta destinado para gastos militares. Han convertido a uno de los países más ricos y prósperos de Asia en uno de los más pobres del mundo.

El descontento y la explosión popular contra el régimen de Myanmar comenzó el pasado 15 de Agosto en respuesta a la decisión de la junta militar de aplicar nuevas medidas económicas neoliberales: incrementos en los precios de los combustibles, del transporte y de muchos alimentos. Estas justas y pacíficas protestas han sido reprimidas brutalmente por la dictadura militar bajo la peregrina y falaz excusa de contrarrestar la “intromisión de potencias extranjeras en los asuntos internos de esa nación”. Se estima que más de 40 personas han sido asesinadas a manos del ejército y un número cercano a las 2.000 han sido detenidas en las mazmorras del régimen sin acusación concreta.

Sin embargo, el inquilino del palacio de Misia Jacinta ha sido incapaz de condenar a la junta militar Birmana por los desmanes y crímenes cometidos. Pero lo peor del caso, ha sido la infausta declaración del vicecanciller para Asia, Vladimir Villegas, quien manipulando grotescamente los hechos, transformó al victimario, entiéndase la dictadura militar, en víctima de un plan desestabilizador orquestado desde el exterior. Repitiendo textualmente los clichés gobbelianos impuestos por su comandante ha solicitado enfáticamente el “cese de la intromisión de potencias extrajeras en los asuntos internos de esa nación asiática” (Telesur/6/10/07). Que pobre ha sido el papel que le ha tocado jugar a este sigüi de la cancillería: defender lo indefendible y justificar lo injustificable. Es lamentable ver al otrora defensor de los derechos ciudadanos -al igual que muchos otros del oficialismo- convertidos en integrantes del coro de fariseos que avalan las políticas criminales de estos gobiernos corruptos y depravados. Hasta donde puede llegar la conducta genuflexa de estos mercaderes de mentiras a fin de ganar indulgencias ante el monarca tropical del siglo XXI.

Pero ¿Por qué Chávez, no ha condenado la represión militar en Birmania? La respuesta es muy simple, ambos gobiernos representan proyectos Bonapartistas, es decir dictaduras militares o sistemas políticos antidemocráticos basados en alianzas cívico-militares, encabezados por caudillos carismáticos y autoritarios. Como tal, ambos regimenes recurren a la sistemática utilización del terrorismo de Estado a fin de disciplinar, domesticar y criminalizar a la disidencia política y así imponer el «orden necesario» en sus “espacios vitales” para perpetuarse en el poder. Estos proyectos políticos tienen una congénita incapacidad para defender los valores que demagógicamente dice defender. Son regimenes que en nombre de un supuesto socialismo persiguen conculcar el derecho sagrado de los pueblos a luchar por mayores espacios de libertad y justas conquistas sociales. El libreto se repite: “Socialismo y democracia como recursos retóricos pero capitalismo explotador y militarismo como praxis”.!!!!!!!

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