Opinión Internacional

Cayó el mono. Gorila de duelo

Le llueve sobre mojado. Su aliado fundamental, aquel que podía alimentarle alguna esperanza respecto del debilitamiento de la política de seguridad democrática en Colombia y acorralar al presidente Juan Manuel Santos, ha caído abatido por un brutal bombardeo de varias decenas de aviones de combate y por lo menos diecinueve helicópteros. No se conoce aún la envergadura de la operación militar ni el número de víctimas, pero ya está identificado lo que quedó del cadáver del tristemente célebre Mono Jojoy y están a resguardo las computadoras del comandante en jefe, que revelarán nuevos entretelones del contubernio internacional que aún respalda a las FARC.

Chávez no puede esta vez guardar un minuto de silencio, como lo hiciera con la muerte de Raúl Reyes y Manuel Marulanda Vélez. Tendrá que calársela en silencio, pues se encuentra en medio de su peor batalla. Ya se humilló en Santa Marta y más deberá hacerlo ahora, cuando se ve de pronto enfrentado al verdadero Juan Manuel Santos: no el debilucho que creyó engatusar entonces, sino el halcón que obtiene la segunda gran proeza de su vida. Bajo su mando directo haber descabezado de un par de tajos a la cabeza de la culebra. Lo que queda, bajo la dirección de Alfonso Cano, tendrá que cuidar cada milímetro del paso que adelante. Pende sobre su cabeza el poderío inmenso de las fuerzas armadas colombianas, el liderazgo de un demócrata con mano de hierro y la decisión inquebrantable del pueblo colombiano por respaldar la continuidad inalterada de la política de seguridad ciudadana creada, implementada y adelantada por el ex presidente Álvaro Uribe.

Quien haya leído EL PALESTINO, de Antonio Salas, sabe hasta qué nivel de profundidad está involucrado el gobierno de Hugo Chávez con el terrorismo internacional, la Yihad islámica, Al Qaeda y las narcoguerrillas colombianas. Y puede, en consecuencia, medir la profundidad del golpe y cuán hondamente le afectará el desbande de las FARC. La muerte del Mono Jojoy y el descabezamiento de la cúpula militar de las guerrillas de las FARC cierra la última esperanza de la mal llamada revolución bolivariana. Chávez está muerto en Colombia. Y con ello, en Ecuador y Bolivia.

Se avanza así otro paso más en el cerco internacional al socialismo del siglo XXI. Sin que un solo marine haya pisado las costas venezolanas ni la oposición se haya apartado un milímetro de su política de seguridad ciudadana – mantenerse estrictamente apegada a la Constitución y apostar todas sus cartas a una salida pacífica, constitucional y electoral a la grave crisis que vivimos – el intento por implantar en Venezuela el castro comunismo cubano se hunde más y más y se ve enfrentado a un inevitable naufragio.

Si a la cabeza de este régimen que comienza su hundimiento hubiera una mínima lucidez, Chávez estaría adelantando conversaciones con la oposición y facilitando la transición a la democracia. Cualquier intento en contrario, como pretender a través de un fraude torcerle la mano al destino, se saldará con su inevitable naufragio. Que escoja a su aire: engrosar la lista de los forajidos que pasaron a la otra vida o mejorar su imagen internacional favoreciendo el entendimiento para una salida honorable.

La opción es suya.

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