Opinión Internacional

De galas, de galos y de Sarkosy

Culminan 17 años de hegemonía de la derecha francesa tras 12 años de Chirac y 5 del saliente presidente Sarkozy, luego de 14 años de que la izquierda, con Mitterrand, estuviera en el poder cuando la constitución francesa permitía la reelección indefinida. Se despide monsieur Nicolás de la jefatura de gobierno, al menos, con un logro personal que sin ser uno de los hombres más poderoso de Europa quizá no hubiese obtenido: seducir y casarse con la modelo italiana Carla Bruni, con quien ya tiene descendencia para exhibirse los convites a los que frecuentemente asiste con amigos millonarios y del jet set internacional. Sin dudas, un ingrediente de frivolidad, que luego de la crisis financiera de 2008 le costó muchos votos.

Sarkozy intentó cambiar radicalmente al estado de bienestar de Francia, que al igual que Europa, ya no puede sostener a sociedades con mucha población jubilada y de inmigrantes ilegales, y si bien tuvo un importante apoyo para su reforma de seguridad social aumentando las horas de trabajo a la semana y la reducción del sector público – en lo que él llamó un “nuevo contrato social” basado en el trabajo duro e igual oportunidades para todos – cinco años después, la mayoría de los franceses no goza de un mejor poder adquisitivo. Es así, como el ex presidente, que salió triunfante en sus “batallas” contra los sindicatos y trabajadores estatales, no pudo cumplir con los objetivos prometidos a la clase media y su popularidad mermó gradualmente.

Sarkozy puso a Francia en el mapa como una potencia a tomar en cuenta en asuntos mundiales, pero no necesariamente como le gusta a la mayoría de los galos quienes históricamente, sienten que merecen ser reconocidos como tal, sin mancharse en el lodo de los conflictos mundiales. Su excesivo protagonismo en el liderazgo de la OTAN en Libia; en convertirse en el vocero de occidente contra el proyecto nuclear iraní y su alianza con Angela Merkel de Alemania, para imponer a gobiernos de la Comunicad Europea, paquetes de rescate a sus economías – en lo que se bautizó como la “coalición Merkozy” – no parecen haber sido del agrado de muchos que no vieron la casa en buen estado antes de inmiscuirse en los asuntos de otros países. Sin embargo, alianzas trasatlánticas como las que estableció con Brasil en 2009, cuando firmó varios convenios con Lula, incluyendo el de ventas militares de gran envergadura, fueron bienvenidas, y sobre todo la agenda de ambos países para enfrentar el cambio climático en la Cumbre de Copenhague de ese año, que fracasó al ser confrontada con las agendas de Rusia, China y Estados Unidos en un urgente consenso que hasta hoy, no se consigue en el desafío más trascendental para la humanidad.

Sarkozy fue un “hiperpresidente” que abarcó mucho y apretó poco, y ahora, sin asuntos de estado, podrá, junto a su esposa, seguir exhibiéndose en sus mejores galas en la vida social de la aristocracia europea, mientras los galos esperan con su nuevo gobierno ser la potencia silenciosa y poco comprometida con el mundo, que les gusta ser.

 

 

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