Opinión Internacional

El anunciado golpe de estado

Si bien erré fiero cuando predije que don Néstor impediría, con sangre en las calles, que el Congreso se reuniera en sesiones ordinarias, la desmesura sideral del kirchnerismo está demostrando que el objetivo sigue siendo el mismo, y que se recurrirá a cualquier método para impedir que los otros dos poderes del Estado cumplan con sus obligaciones y utilicen sus atribuciones constitucionales.

Los opositores, unidos por primera vez en muchos años -¡por favor, que dure!- le arrebataron al oficialismo el control de la Cámara de Senadores –como ya lo había hecho en Diputados- y de todas las comisiones, aún las “de gobierno”, especialmente al sumar a Carlos Menem a muchas de ellas y la Comisión de Acuerdos acaba de rechazar el pliego que, para la designación de Mercedes Marcó del Pont como Presidente efectiva del Banco Central, había pretendido el Poder Ejecutivo que se aprobara.

Pero un patético Pichetto (un personaje honesto si los hay, pues no sólo es un canalla sino que lo parece) dijo, hace unos minutos, que la funcionaria permanecerá en su cargo tanto tiempo como lo disponga la Presidente de la Nación, con total prescindencia e ignorancia de lo que resuelva la Comisión referida. Hoy, este Senador debe estar acordándose de aquel lamento anónimo español: “Vinieron los sarracenos / y nos molieron “a palos / que Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos”.

Este ninguneo al Poder Legislativo se suma a la indignante y sediciosa acción del lunes pasado cuando, mientras una excesivamente maquillada (¿se deberá al stress o a los golpes?) doña Cristina trataba de confundir al Parlamento, por atrás y entre gallos y medianoche se llevaron las reservas para constituir el rebautizado Fondo de Desendeudamiento.

Los argentinos estamos presenciando un atropello a las instituciones como nunca se había visto durante los períodos democráticos, con agravios infundados e injustificados a los jueces -¡qué lamentable que los doctores Lorenzetti y Maqueda no se hayan levantado, con escándalo, en la Asamblea Legislativa para abandonarla, defendiendo a sus pares!-, a los medios y a los legisladores, haciendo caso omiso del hecho de que éstos se encontraban en la sala por decisión de la ciudadanía, expresada en las urnas.

Como hago habitualmente, dejo dos preguntas cuyas respuestas no estoy en condiciones de ofrecer, sea por falta de medios, sea por falta de adecuadas fuentes de información:

a)    Si los reglamentos de la unidad de investigaciones acerca de la lavado de dinero obliga a los bancos que actúan con personas políticamente expuestas (PEP’s, por su sigla en inglés) a informar las operaciones que realizan para éstas, ¿qué banco informó haber comprado para don Néstor los dos millones de dólares que éste adquirió en 2008?, y

b)   La fuerte compra de bonos argentinos realizada el viernes pasado, que carece de lógica dado el marco de confusión en el que se mueve la conducción oficial de la economía, ¿fue hecha por alguien que sabía que el lunes se llevarían las reservas para pagar esos bonos?; y, en tal caso, ¿por quién?

Hago, y me hago, estas preguntas porque, en ambos casos, estaríamos ante la utilización de información privilegiada (la famosa inside information) para beneficio personal; en Estados Unidos, como todos sabemos, ello constituye un delito reprimido con cárcel efectiva pero, si hubiera sido el propio don Néstor el beneficiario de esa información, aquí deberíamos tratarlo con una rudeza mayor.

Y digo esto no solamente porque la familia imperial hubiera cometido una grave defraudación, sino porque, para consumarla, no habrían dudado en generar el peor conflicto institucional de la Argentina en democracia. ¿O no han hecho cualquier zafarrancho para pagar esos bonos?

Lo que el Gobierno está haciendo por estas horas, con sus ataques contra el Poder Judicial (la persecución policial a una juez, el ataque verbal reiterado a los jueces independientes, el agravio gratuito a todos los magistrados sin denunciar hecho concreto alguno, la publicidad de nombres de camaristas en la publicidad oficial de las canchas de fútbol, y el permanente ninguneo a los fallos de la Corte) y el manifiesto desprecio al Poder Legislativo, dictando un maquillado DNU cuando el Congreso está reunido y hurtando las reservas en el ínterin, es –sin eufemismos de ningún tipo- un verdadero golpe de estado.

Las próximas horas, y los días y semanas que seguirán serán, sin lugar a dudas, muy agitados, y la situación tiene un final totalmente abierto. En las condiciones que don Néstor y su banda han puesto al país y a sus instituciones, cualquier cosa puede pasar.

Puede suceder, aunque lo dudo, que la Corte Suprema decida ponerse los pantalones y comenzar a dar órdenes a los funcionarios del Ejecutivo bajo apercibimiento de prisión; puede pasar, aunque también lo dudo, que el Congreso imponga a esos mismos funcionarios la obligación de comparecer, bajo igual apercibimiento; puede ocurrir que la Policía desconozca las órdenes que no provengan del Jefe de Gabinete; puede suceder, inclusive, que se genere un conflicto en la calle, ante la presión de los piqueteros anti-K para obtener los planes sociales que les son negados; puede pasar que comiencen a llover sobre nuestro autóctono Alí Babá y sus 40 ladrones pedidos de indagatorias; puede suceder que algunos de ellos sean condenados a prisión; y pueden producirse innumerables cosas que no cualquiera pueda imaginar.

Sin embargo, debemos todos saber que, como dijo José Benegas en su programa “Esta lengua es mía”, en las mañanas de FM Identidad, “cada “salvajada de don Néstor es sólo el piso para la siguiente, nunca el techo”.

El nuevo Diputado es un hombre imaginativo, sobre todo cuando se trata de defender su imperio económico, ya que el político se le ha ido desgranando entre los dedos. Y, antes que nada, carece de principios y de límites morales de ningún tipo, y está dispuesto hasta a incendiar el país para conseguir sus fines.

El martes, en un almuerzo, discutí con el disertante porque éste comparó a la Argentina como un barco al garete, sin timón, en medio de la tormenta. Dije entonces, y lo sostengo ahora, que sucede todo lo contrario: don Néstor tiene firmemente aferrado el timón, y sabe a dónde debe llevar la nave, aún cuando ésta deba chocar contra un iceberg y hundirse en la travesía.

Entonces, compatriotas, preparémonos para lo peor, porque Kirchner lo hará. No hablo de tener miedo, sino de mantenernos unidos para evitar el desastre final y, usando la misma metáfora del párrafo anterior, organizar con firmeza el salvataje, mientras mandamos a la cárcel a estos delincuentes que han tomado por asalto a la República, a sus testaferros y sus cómplices.

De nosotros –especialmente, de nuestras autoridades de los otros dos poderes del Estado- depende evitar la catástrofe final al que este demente nos está conduciendo para salvarse. Ya vimos el insoportable daño que ha inferido al país y a su población, y sabemos que está dispuesto a llegar hasta el final.

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